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Entrevista | Alegando con Luisa Machado

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Luisa Machado es una figura clave para entender la historia reciente de la música canaria. Fue parte de aquella revolución musical que se fraguó en los años 70 en la Universidad de La Laguna, la llamada Nueva Canción Canaria. La búsqueda de esa nueva sonoridad llevó a muchos músicos y cantantes, entre los que se encontraba Luisa, a actualizar el folclore canario mediante la experimentación con músicas contemporáneas. La búsqueda de un sonido que fuese nuevo y a la vez inequívocamente canario.

Cuando cité a Luisa Machado en el Casino de La Laguna ignoraba por completo que acabaríamos conversando en una sala dedicada a la memoria de su abuela Luisa Machado, la cual nos observaba desde un retrato colgado en la pared. En aquel lugar tan inesperadamente propicio, hicimos un viaje por su trayectoria musical, un viaje plagado de anécdotas, simbolismos y confesiones biográficas. La imagen que me llevé de Luisa es la de una mujer cercana y transparente, la de una artista capaz de transmitir emociones y sentimientos, no sólo con su voz, sino también con su palabra.

Quería preguntarte en este sitio tan apropiado, ¿qué ha significado para ti nacer en una familia repleta de artistas, periodistas, escritores, profesores…?

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Haber nacido en el seno de una familia con un bagaje cultural tan interesante ha sido de una importancia vital. Desde mi bisabuelo Leocadio Machado, que fue abogado, daba clases en la escuela náutica, era masón y viajaba continuamente a París donde intercambió charlas con Charles Chaplin, por ejemplo.

Él fue padre de seis mujeres. La mayor de todas mi abuela Luisa, de la cual tuve la suerte de sacar la estatura, los ojos, la afición por la música… Aunque todas tocaban el piano, todas tenían una alegría innata… A pesar de lo extraño que resultaba para aquella época, él siempre abogó porque no dependieran de ningún hombre y a ellas les vino de maravilla, porque luego vino la Guerra Civil española, tuvieron que sacar adelante muchas familias, muchas historias, y ellas se sostuvieron con sus trabajos.

Mi abuela Luisa estuvo cuarenta años trabajando como maestra en la escuela en Valle Tabares, tocaba el piano en una orquesta, hacía obras de teatro y plasmó la sabiduría del campesinado en tono de humor en unos programas de radio que fueron de un éxito absoluto, Las voladas de seña María. Estuvo muchos años en la radio.

Siendo yo tan chica y viendo esos procesos, las reuniones que se formaban en casa de mi abuela, conversaciones de mujeres, incluso una de ellas, una prima hermana, proabortista, cosas que no eran lógicas en aquella época… Algo que con el tiempo he ido constatando cuando hablo de mi infancia y pienso: “Dios mío, a mí me dejaron una libertad…”

Cuando yo empecé en la música en los años 70, que combinaba con mis estudios en la Universidad, era una época de agitación absoluta en La Laguna…

Háblanos de aquellos días en los que se fraguó esa revolución musical que fue la Nueva Canción Canaria, en la que tú participaste…

Tengo unos recuerdos maravillosos. No creo recordar momentos de sentimientos tan profundos, marcados desde los movimientos estudiantiles, de la Universidad e incluso del instituto Cabrera Pinto donde yo estudié. Había un sentimiento de innovación, de que cambiaran cosas, y se plasmaba, de hecho. Yo me acuerdo de vivir guerrillas en la Avenida Trinidad, era la época en la que mataron a Javier Fernández Quesada el 12 de diciembre de 1977… Bueno, ¡justo hoy!

Sí, justo hoy es el aniversario de su asesinato

“Aquel día coincidió con el aniversario del asesinato de Javier Fernández Quesada”

Sí, su asesinato… Y nunca hay que olvidarlo. A mí me impactó muchísimo… Yo estaba en la ventana con mi madre… gases lacrimógenos, balas de goma… Una de ellas entró en mi casa y no le dio a mi madre de milagro, rebotó hacia afuera… porque la gente subía a los portones para ver si le daban un poco de cobijo. Era una época… y la gente no tenía miedo… Se hacían manifestaciones por Salvador Allende… fue una época muy intensa, muy digna…

En medio de todo esto, yo era una chica que siempre había tenido inquietudes. Me gustaba cantar, la música estaba ahí con mi abuela en el piano, siempre que nos venía a ver nos tocaba, mi padre también, y de repente empezaron a decir, “ay, qué voz tan bonita”, y bueno, seguí cantando en el coro con Pilar Castro

Hasta que un día coincidimos en un acto con Juvenal García Molina, el cantautor que hace un año falleció, muy pronto para mí…. Un personaje que ha dejando una huella muy bonita en mí… Él estaba en el partido comunista, yo no estaba en ningún partido, y de repente ahí empecé… Fue la época en la que se legalizó el partido comunista, y un día me dijo, “Oye, ven aquí pollito”- como decía él. “Vamos a cantar”. Y de repente aparecieron dos compañeros, Gregorio y Alfredo, y de esa reunión salió el grupo Chácara. Gregorio y yo éramos dos pipiolos de 15 y 16 años. Eran letras con contenido social, de mucha rebeldía… “En un lecho de palmas, duerme mi niño, sin más techo y cobijo que su cariño”. Era casi una protesta. El movimiento era muy fuerte en la Universidad. Estaba el grupo Palo, Canto 7, Pueblo Tanco, Suso Junco, Pepe Paco, Ángel Cuenca… Y todo eso combinado con la poesía, con encuentros con Félix Casanova de Ayala, Fernando Garcíarramos, Delfín Yeste…

Y dos años después, en el 78, después de lanzarte con el grupo Chácara, te vas a Cuba…

Justo fue por mis dos compañeros, uno militaba en las Juventudes Comunistas y el otro era del Partido, y a través de ellos se tuvo la conexión necesaria para poder participar en el XI Festival Mundial de la Juventud y Los Estudiantes. Se celebra cada cuatro años en algún lugar del mundo y en aquel entonces estaba la Unión Soviética, que prestaba mucho soporte económico y cultural a Cuba… Entonces, fuimos hasta Barcelona y ahí nos unimos a un transatlántico soviético donde nos recibió una embajada que venía de Odesa. En Barcelona recogía a la delegación española, pasaba por Lisboa y recogía a la portuguesa y seguíamos rumbo a La Habana. Todo el tiempo con actividades culturales en el barco, teatro, música…

En esos círculos musicales es donde conocí a Eduardo Aute, que fue con Luis Mendo, y agarró a gente de la Nueva Trova Cubana directamente… Para mí fue impactante porque yo salí con 17 años… que mi padre me diera permiso entonces era un follón. Tenías que pedir el certificado de penales para que te dieran el pasaporte y eso tardaba un mes… y fue gracias a Juvenal, que también fue a este viaje. Hubo una anécdota muy simpática…

Para mí el viaje a Cuba fue impactante porque yo salí con 17 años… que mi padre me diera permiso entonces era un follón

¿Cuál?

No había tiempo material de conseguir el pasaporte en un mes, y éramos menores de edad. Nos íbamos a quedar colgados. Entonces Juvenal dice: “ah, pues yo voy a ir de todas maneras”. Entonces Gregorio se plantó, tenía 16 años, y dijo: “si Luisa y yo no vamos, no va ninguno. ¡Cómo va a hacer esto! Yo conseguí esta actuación”. Y entonces Juvenal consiguió arreglar las cosas a través de un contacto mediante una pequeña trampilla y pude estar un mes fuera, entre el barco, diez días de actividades en La Habana, más la vuelta… Fue maravilloso compartir el escenario con gente de todo el mundo, con Stevie Wonder, que por aquel entonces no sabía quién era… Habían 20.000 jóvenes de todo el mundo.

Y luego cuando regresas entras a formar parte de Taburiente, ¿no?

Sí, pero eso fue posterior… Cuando llegué el grupo Chácara empezó ya a diluirse por circunstancias de la vida. Al año siguiente yo fui a Madrid en verano, tengo familia allí, y en eso que me llamó Alberto Méndez “el Naranjita” para decirme que estaba en un grupo que se llamaba Pluma y Voz y que si me gustaría sustituir a Juvenal, que por aquel entonces le había dado una parálisis reversible. Y así fue cómo conocí a mi marido Alberto.

Después de eso salió el grupo Juvenal y La Movida y Luisa y La Movida. La movida era por la movida madrileña… Y en medio de estos circuitos y actuaciones, un día tocamos en un barrio en el Sobradillo. Y estaban los de Taburiente, habían vuelto de la Península, se habían instalado aquí, en una época digamos así de bajón del grupo, y Manolo Pérez se iba a ir. Ahí de repente se fijaron en cómo tocaba la guitarra Alberto. Y entonces pues quedamos después, y se interesaron por él, no por mí, y en aquel momento teníamos la oportunidad de ensayar en un local que estaba en lo que hoy es el Parque Bulevar en Santa Cruz. Y así de esa forma fortuita, de encuentros casuales, surgió el comienzo de la relación. Se fueron creando temas, en principio no estaba yo incluida y de repente, de una forma natural, ya estaba dentro.

Algunos dicen que el álbum A Tara supuso una ruptura con los anteriores trabajos de Taburiente, ¿por qué?

Taburiente siempre será Taburiente. Hay discos que ya tenían una fuerza tremenda. Era una sonoridad que impactó en el pueblo canario y en un sector más amplio, incluso de los independentistas con las siete estrellas verdes… Recuerdo que yo los conocí en la Plaza de Toros con el “Ach Guañac” mucho antes de esto…

En A Tara la creatividad de Luis y sus letras es indudable, pero influyó en el cambio los arreglos musicales de Alberto y de Enrique Guimerá, que tampoco podemos contar con él, ya no vive hace unos años, alguien a quien quise y quiero muchísimo porque aunque no está, le recuerdo en mi corazón. Y sí, es verdad, fue una nueva etapa donde además hay una voz femenina. Que yo recuerdo conversaciones al principio, no veían lo de cantar en un grupo con voces de chicas…

¿Estaban un poco reticentes a incluir a una mujer?

Sí, y luego cuando nosotros nos fuimos fue porque ellos querían volver, ser solo ellos.

De los álbumes con Taburiente en los que participaste, ¿a cuál le guardas mayor cariño?

Al primero, A Tara, y al segundo, A La Quinta Verde. El primero fue un boom. Para mí, el primer disco en el que participé. También fue el año en el que nació mi hijo. Recuerdo que él nació en agosto y en octubre estábamos grabando este disco. Luego llegó la Navidad y la venta del disco caló muchísimo en Canarias. Fue como un regalo sorprendente. Y también pasó con A La Quinta Verde. Por ejemplo, cuando yo estrené la canción de “A la Quinta Verde”, éramos los teloneros de Serrat, fue en octubre del 87, también con los arreglos de Enrique Guimerá, un maestro. Ese coro realmente lo hice yo, él estaba haciendo los arreglos y de repente se me vino a la cabeza esa melodía… Cuando llegamos al directo con esa canción, e hice el coro, se vino el escenario arriba de aplausos y pensé : “Dios, qué pasó aquí”. Asustada, porque no me lo creía. A partir de ahí en los conciertos la gente esperaba esa canción… bueno, todo el repertorio.

¿Qué significó para ti a nivel personal y profesional firmar tu primer disco en solitario Lágrimas de Elvira en 1996?

“El amor que hay detrás de Lágrimas de Elvira

Fue un reto del que estoy tan agradecida… porque ahí se involucraron tantos amigos… y lo mejor, sin pedir nada a cambio. Con un amor tremendo hacia Alberto y hacia mí. Entendiendo que arrancar en solitario es difícil, porque a veces se establecen las comparativas y… hacer algo que esté en tu línea de creatividad, con el tipo de música que tú quieres hacer, no hacer un disco para vender, sino acorde con el nivel que buscas… y siempre voy hacia a Alberto, el cual es el director, es el alma, es el técnico, es el músico primero, es la persona, es todo, y él tiene una musicalidad pero bárbara. Fue un reto muy bonito. Pienso que es un disco que con el tiempo se le dará el valor que tiene.

Pienso que Lágrimas de Elvira es un disco que con el tiempo se le dará el valor que tiene

Y luego vino Una hora menos (1999)

¡Ay! Con Lito, Lito es un cantautor al que adoro, creo que está muy escondido, no sale, él ya se ha retirado y yo a veces le recrimino: “¡pero Lito! Porque él tenía unas letras… Lito compuso una letra suya “Bárbara” que tiene que ver con el mundo de las mujeres, muy racial, de barrio, de las luchas, de las diferencias sociales, que habla mucho de la realidad. Y con Lito pues hicimos este disco a dúo, temas míos, temas de él… Fue plasmar una época.

Después vino En brazos de blancas ideas (2002)

Ahí intentamos continuar en la línea… Creo recordar que estaba también El Morocho. Cantó una canción que yo incluí y que luego incluyó en su disco… Hay una arrorró muy bonito con unos arreglos especiales y una letra mía. Hay muchas letras mías y los arreglos de Alberto. Pero no tiene para mí la fuerza que tiene Lágrimas de Elvira.

Las letras de tus canciones siempre tienen mucha carga social ¿crees que los artistas tienen la obligación de comprometerse con la realidad en la que viven?

Eso depende de cada uno. Primero tienes que definir qué es ser artista. Para mí el arte no es lo mismo que decir: “qué bien cantas”. No está reñido, pero no es solo eso. ¿Qué transmites con tu música, con tus letras? El compromiso es con uno mismo, eso parte de una forma de ser, de una forma de vida. Yo lo entiendo así, pero no se lo puedo pedir a nadie, ¿no? Yo entiendo que cada vez que canto intento que lo que digo llegue a la gente. Entonces, claro que hay un compromiso. Para mí debiera ser no una obligación, pero sí una necesidad. Por ejemplo, cuando escuchas a Serrat o lees un poema de Machado o de Miguel Hernández, y te traslada a sentimientos y emociones… Eso es una forma de captar la cultura, es una forma de vivir. Es bueno que haya un compromiso de transmisión de legados. Yo espero que esto que Alberto y yo hemos estado haciendo a lo largo del tiempo sea un legado, una aportación para algo…

Para mí el compromiso con la realidad debiera ser no una obligación, pero sí una necesidad para el artista

Háblanos de Más por menos (2009)

El título del disco es porque había más música con menos elementos. Éramos cuatro. Julito González a la percusión, Ernesto Hernández en la guitarra, Alberto y yo. Hay una conexión más canaria, está la Isa de Luisa, mi abuela, y de mi otra abuela Tomasa. Ella venía de Cuba y nos transmitía muchas cosas… Es un disco muy sonoro y muy auténtico. Totalmente Elvira.

Ahora que nombraste ese pasado en Cuba, háblanos del documental La tierra de mis abuelos (2005), en el que entrevistas a diversos intelectuales relacionados con las islas y el fenómeno migratorio a Cuba.

Cuando trabajaba en Radio Aguere conocí a Carlos Abel, que es miembro de la Fábrica de Imagen junto con Teddy Murphy y otros compañeros como Florencio Rodríguez. Ellos tenían la ilusión de rodar el documental, ¿quién no ha tenido familiares en Cuba y luego en Venezuela? Y aprovechando las circunstancias del viaje a Cuba con motivo de los premios de la música del 2005 fuimos todos juntos e íbamos grabando. Llegué a la vuelta con unas agujetas de tanto pateo… Yo me quedé una semana más y estuvimos entrevistando a personas, ya muy mayores, que hoy en día ya no viven, como María Esther Borja, Teresa Linares, estuvimos en la casa donde nació Lecuona, incluso tocando temas de la santería, que hay mucha vinculación… Y me llevé una sorpresa…

¿Se puede contar?

A mí me hizo llorar, porque tengo mucho respeto por todas estas cosas. Soy también de máxima sensibilidad. Cuando las personas me dicen ten cuidado con… Yo tengo mucho respeto con eso. También fui con una periodista que trabajaba para un revista de Madrid que trataba sobre temas esotéricos y del más allá… Entrevistamos a una mujer negra y enjuta en una cabaña que te transportaba a África. La primera mujer que tuvo permiso para degollar gallinas en los rituales que ellos hacen… ¡Ese día cayó un palo de agua! Y cuando terminó la entrevista, fuimos a una paladar que son sitios caseros donde hacen comida… Y de repente esa mujer se me sienta al lado y empieza a decirme una cantidad de cosas, y una de ellas es sobre mi abuela, la que estaba en Cuba, pero con pelos y señales… Yo todavía… me quedo un poco así al recordarlo… te lo estoy contado tal cual lo viví… Salí para afuera y me hinché a llorar… No puede ser que esa mujer me diga esto con esta descripción que nadie podía saber…

Siempre has denunciado el machismo, también en la cultura ¿Podrías ponernos algunos ejemplos de grandes creadoras o artistas canarias, del pasado o del presente, cuya obra haya sido invisibilizada o infravalorada?

Uf, sabes lo que pasa, es que podría arrancar desde mi propia familia, por la época que les tocó vivir. Te pongo el caso de Mercedes Machado, que fue la primera abogada de Canarias. Mi bisabuelo las obligó a estudiar a todas la única carrera que había entonces para no verlas depender de ningún hombre… Todas las mujeres de mi familia llevaron la cultura a los sitios. Otro ejemplo es Ángeles Machado, que murió muy joven. En La Guancha hay un monumento en su honor, un busto al lado del casino, donde se puede leer: “su mejor escuela fue el pueblo”. A ella la tacharon de republicana. Igual pasó con Elvira, mi tía abuela, compositora de unas coplas fantásticas que han sido galardonadas y que las han cantado María Mérida, Olga Ramos y otras grandes del folclore de nuestra tierra.

Todas ellas sufrieron el acoso y tuvieron que ser socorridas por agentes amigos de la familia porque las tacharon de republicanas y tenían serios problemas, casi con un pie en la cárcel. Mujeres independientes. Y como ellas hay muchas de esa época, de esa generación. Fueron valientes, pero también porque contaron con un padre y una madre que les sirvieron de soporte y las apoyaron. Salir a la calle y buscarse los garbanzos por sí mismas no era fácil.

Salir a la calle y buscarse los garbanzos por sí mismas no era fácil en aquella época

Ahora estás metida con el grupo canario-amazigh Ait Nahaya, del que Fabiola Socas ya nos habló cuando la entrevistamos. Cuéntanos un poco tu versión de cómo surgió.

A Fabiola Socas la conocí haciendo una entrevista al grupo Agarfa. Ahí fue el primer contacto. También coincidimos en la gira de mujeres con Olga Cerpa de Mestisay. Ella tiene una receptividad tremenda, le encanta escuchar, compartir. Es muy bella por dentro y por fuera. Tiene un alto grado de conexión, hay un intercambio de sensibilidades, que se llama empatía, y con ella se produjo.

Carmen Pérez y ella nos hicieron un concierto homenaje a Alberto y a mí, del que estamos muy agradecidos. Ahí se produjo un antes y un después. Dijimos: “aquí hay que aportar y hacer cosas nuevas”. Y empezamos a rescatar a Sergio, a Julito, bueno Julito estaba ya con nosotros, Quino, que nos había llevado con el disco Más por Menos a Marruecos a actuar a un festival en Alhucema y ya se quedó. Y ya luego llamamos a Fabiola, y ella entusiasmada porque tiene adoración por Alberto. Entre ella y yo nos compaginamos muy bien a la hora de cantar y nos entendemos. Parece mentira pero yo hago cualquier gesto y ella me cala así al vuelo. Hay una complicidad enorme y somos bastante pillas. Si este grupo de amigos que tenemos no fuera de esa forma y no nos tuviésemos ese respeto, en lo musical y en lo material, entonces apaga y vámonos. Entonces bueno, así empezamos poco a poco y ya llevamos más de tres años, cuatro yo creo. Poquito a poco. Y estamos con el primer disco, a ver si lo terminamos.

¿Si fueses responsable del área de cultura del Cabildo o del Gobierno de Canarias, ponte en el supuesto, qué medidas tomarías para mejorar en el ámbito musical en concreto y cultural a nivel general en Canarias?

Yo estaría más pendiente de estar al día de todo lo que se hace en Canarias. Decir: “a ver, ¿qué está pasando en La Laguna?, ¿qué es lo que está pasando en Tegueste?, ¿qué está pasando…?”. Tener a algún comisionado, a alguna avispilla que te apunte qué es lo que está pasando, que se preocupe por incentivar. Porque hay tantos trabajos tan interesantes…

Nosotros el año pasado fuimos a Granada, a la Rioja, y el público decía: “bueno, ¿y de dónde salen ustedes?”. Yo veo que a veces se reincide en los mismos, en algunas cosas. Y si alguien me tira de la oreja, que me tire, ya yo no tengo nada que perder, sólo ganar. Hay mucha gente que me quiere y que me aprecia, pero creo que es bueno decir las cosas también con tranquilidad y normalidad. Ojalá en Canarias, todo el potencial que tenemos se exponga en un escaparate maravilloso y tengamos éxito.

Ojalá en Canarias todo el potencial que tenemos se exponga en un escaparate maravilloso y tengamos éxito

Y para terminar, ¿qué significa para ti Canarias?

Un remanso de paz, una maravilla. Viajar y salir fuera es algo necesario para los canarios, oxigenarnos y vivir la cultura de otros países, pero luego volver. A mí me ha pasado y también a mi hijo. Él estudió en Barcelona, estuvo diez años fuera y ahora, porque su empresa se lo permite, quiso regresar a vivir a Tenerife. Nuestra forma de ser, nuestro paisaje… parece utópico pero es verdad. Aquí se vive con mucha tranquilidad. Tenemos un clima agradecido, pero en el mundo de la cultura nos faltan los resortes necesarios para interconectar mejor hacia fuera. Por eso digo que hace falta que hayan más ojitos, más ojitos mirando dentro también.

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