La Isla del viento

La representación de Fuerteventura en La Isla del Viento

La Isla del Viento de Manuel Menchón es una película estrenada en 2015 que, al igual que hiciera Amenábar posteriormente en Mientras dure la guerra (2019), recoge biográficamente un episodio de la vida de Miguel de Unamuno. Aunque, en el caso del filme de Manuel Menchón, el relato biográfico se concentra en las vivencias del escritor bilbaíno en la isla de Fuerteventura, donde fue desterrado.

De igual forma, nosotros no nos centraremos en relatar lo que acontece a Unamuno, sino que inspeccionaremos la visión de Manuel Menchón sobre la isla a principios de siglo XX. Esto nos servirá para desmitificar el tópico de las Islas Afortunadas y analizar la representación de Fuerteventura en la La Isla del Viento.

La complacencia de las películas ambientadas en Canarias

Fuerteventura Unamuno
Fotograma de La Isla del Viento

Generalmente, a lo largo de nuestra historia cinematográfica, las películas ambientadas en Canarias proponían una visión complaciente de la realidad, siendo muy pocos los filmes que fueron a contracorriente. Por suerte, en las últimas décadas se ha producido un cine –hecho en las Islas– mucho más combatiente y reivindicativo, con propuestas muy excitantes con respecto a la representación de la subalternidad.

Natacha Mora, coordinadora de Canary Islands Film, ha resaltado en una entrevista a Televisión Canaria que lo que más buscan las productoras en el archipiélago son entornos pobres: “todos pensamos en algo bonito. Todos pensamos en las playas, en nuestros bosques, en nuestros acantilados… Y una localización que nos piden mucho es una cárcel o una favela, o algo feo. Algo que te choca”. El tema de los beneficios fiscales –clara explicación para venir a rodar en estos lugares– es una cuestión para otro artículo; sin embargo, no deja de resultar paradigmático que las productoras extranjeras busquen estás condiciones en el Archipiélago y, al mismo tiempo, las imágenes más repetidas sean aquellas que muestran su exuberante belleza.

Si hacemos un recorrido por aquellas películas enmarcadas en las Islas -tal y como se desprende del reportaje realizado sobre esta cuestión en octubre de 2020 por TV Canaria en su programa Canarias es Cultura- el panorama es un tanto desolador. Si cercamos los filmes estrictamente a aquellos que la muestran de una forma más realista y dura, nos quedaremos con una cantidad minoritaria (en proporción a todas las películas ambientadas en las Islas), por lo que podemos hablar, todavía a día de hoy, de cierta pervivencia de Canarias correspondida al tópico o mito de las Afortunadas.

Si hacemos un recorrido por aquellas películas enmarcadas en las Islas, el panorama es un tanto desolador […] Si cercamos los filmes estrictamente a aquellos que la muestran de una forma más realista y dura, nos quedaremos con una cantidad minoritaria.

La Isla del Viento no deja de ser una de las mejores representaciones críticas de la desdicha de nuestro pueblo. Lejos de presentar una tierra de ensueño –esto obedece a una clara lógica por representar el sufrimiento del destierro de Unamuno– nos adentra en una isla que, hasta hace bien poco, era una de las zonas más miserables del país. Y sí, hay belleza en su fotografía, en su lírica y en el propio relato, pero no deja de ser uno de los mejores ejemplos de Canarias en su estado más desfavorecido.

Las imposibilidades de hacer un cine comprometido

No es un secreto que, desde esferas más altas, se evitan todas las películas que den una visión negativa. La censura no solo ha sido un elemento diferenciador del franquismo y otras tantas dictaduras que usaron la propaganda adoctrinadora. No hablamos en este caso de ideologías y pensamientos (o tal vez sí); la censura en este caso viene dada por el factor económico. Eso explica el desabastecimiento de más filmes comprometidos: la economía, sustentada por el turismo, no permite que se invierta dinero público en dar una mala imagen del archipiélago; a lo que se le añade la inversión privada, que es escasa. Esta idea la refleja perfectamente el doctor en Historia del Arte, Gonzalo Pavés Borges (2004, p. 127), al afirmar que “la industria cinematográfica en Canarias siempre ha sido una especie de panacea para los profesionales canarios”, debido a que los proyectos apoyados eran los que “incluían imágenes bonitas de sus paisajes” y en los que “se despreciaba todo aquello que implicase un mayor compromiso con la verdad”.

La economía, sustentada por el turismo, no permite que se invierta dinero público en dar una mala imagen del archipiélago.

La “democratización del cine”, producida en Canarias desde finales de los 60 gracias al auge de los formatos domésticos –hecho que permitió la aparición de los colectivos amateur–, ha proporcionado a los cineastas una herramienta esencial para expresar la otra cara de Canarias. Y, aunque hoy en día encontramos muchos más ejemplos de este cine disidente o comprometido, es cierto que hay todavía un largo camino que construir en torno a nuestra representación. Una tarea que se le sigue dificultando al cineasta.

La representación de Fuerteventura en La Isla del Viento

Es un buen momento para recalcar que la visión de La Isla del Viento se corresponde a una mirada que proviene desde el pasado siglo, donde el tópico de las Afortunadas solo incidía en las islas de mayor verdor; una idea que despreciaba la belleza de las dos islas más orientales. El valor que estas adquirieron –como paisaje bello– se produjo a posteriori; por consiguiente, la visión de Manuel Menchón se asocia a una representación histórica de la Fuerteventura de 1924. No obstante, nos ha parecido igual de válida su representación acorde a nuestra realidad cinematográfica. Así que podemos decir que, lo que nos ofrece el relato, es una Fuerteventura yerma, pobre, analfabeta, caciquil, temerosa y, en definitiva, colonial. Una isla de miseria.

Si bien es cierto que Unamuno pudo manifestar cierta admiración –muy romantizada– por la isla, hecho que se manifiesta en De Fuerteventura a París, son perfectamente entendibles los quebraderos de cabeza que le provocó las propias condiciones de ésta. Unas condiciones a las que no estaba acostumbrado y que vienen a conformar un enfrentamiento entre una sociedad más modernizada (a la que pertenecía el escritor) y una escasez de oferta de bienes y servicios que existía en la isla. Un hecho que en términos binarios se expresaría con la oposición sociedad avanzada vs. sociedad atrasada.

Lo que nos ofrece el relato, es una Fuerteventura yerma, pobre, analfabeta, caciquil, temerosa y, en definitiva, colonial.

El argumento del filme nos hace trascender por la cotidianidad de las calles sin empedrar, donde Menchón desarrolla el relato con un binomio Unamuno-Fuerteventura, que explica la actitud que adquiere en su famoso discurso en la Universidad de Salamanca (venceréis, pero no convenceréis). Esto provoca que los primeros compases se nos presenten al estilo de una road movie, con encuentros continuos que ponen de manifiesto las circunstancias en las que se encuentran los habitantes de la ínsula.

Dichos encuentros son los que nos permiten construir una idea de Fuerteventura que, como ya hemos dicho, va a estar muy alejada de los más acérrimos tópicos. Gracias a esto podemos extraer varias ideas del filme, de las que destacamos: el analfabetismo del pueblo canario durante la mayor parte del siglo XX; la privatización del agua; la colonialidad del poder; los problemas educativos y la influencia de la Iglesia..

La escasez de agua en La Isla del Viento

La llegada forzada de Unamuno viene acompañada por varios elementos que se presentan agolpados y que serán el epicentro de gran parte del argumento: en Puerto Cabras es recibido por varios niños que piden limosna a cambio de llevarle la maleta; aparece un rebaño de cabras, símbolo de la economía de subsistencia de la isla; y también se ve un letrero de “Agua Castañeyra”. Una secuencia que nos muestra directamente la pobreza, el descuido de los niños y los problemas derivados de la escasez y comercialización del agua.

En el caso de Fuerteventura, la solución para la escasez de agua derivó en la construcción de molinos que pudieran extraerla desde el subsuelo. Aunque, tiempo después y debido a su explotación, se tenía que traer desde Gran Canaria a bordo de los llamados “correillos”.

Estamos hablando de un elemento con el que se desarrollará gran parte de la trama. Los recursos para acceder al agua son escasos y las propias condiciones meteorológicas determinan su cuantía. El protagonista, que ha visto en el puerto el mismo letrero que nosotros, pregunta a Ramón Castañeyra si su apellido tiene algo que ver con las cisternas, a lo que este responde: “¿Las del agua? Sí, los Castañeyra poseemos su distribución”. Hecho mismo que no deja de sorprender al político Rodrigo Soriano, quien acompañó a Unamuno en el exilio: “¿Del agua? ¡Menudo negocio!”. Este breve, pero eficaz diálogo, refleja a la perfección los derroteros por los que va a ir el guión.

El agua se convierte en un privilegio, por lo que los personajes que aparezcan bebiéndola nos indican que poseen un estatus superior al resto.

Poco a poco la trama va entrando en la propia comercialización de este bien tan preciado, en un acto que Unamuno define como “deshonroso” al valorar la incapacidad de la población para poder pagarla. Esto se ejemplifica perfectamente con la visita a la casa de María y Cala, que son la representación más clara de la pobreza de la isla. En la casa poseen un pozo del que extraen agua acanelada que, después de hervida, se beben. Eso ha provocado que el menor de la familia se enferme, obligando a María a comprar el agua que comercializan los Castañeyra a la que, debido a su situación económica, no pueden acceder: “no le digo de no pagarle, pero sí de retrasarlo un tiempo, no mucho”. Es una concepción en la que el agua se convierte en un privilegio, por lo que los personajes que aparezcan bebiéndola nos indican que poseen un estatus superior al resto.

La miseria provocada por la escasez hace aflorar fugazmente otro tema recurrente: “esta sequía nos está matando a todos. Malvenden las cosas que tienen para poder marcharse de la isla… Y esos nunca volverán a pisar su tierra”. Hablamos de una característica que conforma nuestra identidad como pueblo, aquella que nos ha obligado durante varias generaciones a buscar soluciones en otro lugar, a la par que nos ha hecho recibir personas de diferentes culturas. La migración cómo solución a las dificultades que ha podido presentar nuestra tierra.

La esperanza para las familias de la isla aparece con un viejo proyecto de molino del que deben exportarse las piezas. Sin embargo, a José Castañeyra –siempre representado en una clara posición de superioridad– no le interesa que pueda haber un pozo que dé agua al pueblo. Su figura de cacique, tan imponente en las zonas rurales de la época, impide que la población sea libre de tomar sus propias decisiones, pues tiene la capacidad para poder manipular a todo el pueblo. Además, se produce un paralelismo entre su figura y la dictadura franquista, asociadas ambas por la facilidad de convencer a través de un discurso irracional que tiene por nexo el control sobre un pueblo que ha sido despojado de sus capacidades.

La educación y la manipulación en La Isla del Viento

El miedo a las represalias y el desconocimiento provocan que los isleños rechacen el proyecto del molino. En ese sentido, lo que transmite el filme es que los acontecimientos están controlados desde el poder, hecho que evita que tengan los recursos necesarios para mejorar su situación. Hay un diálogo que nos sirve para ejemplificar este problema: un campesino pregunta qué pasaría si les subieran el precio del agua, a lo que María le responde “¿Pero de qué agua están hablando? Si esa ya la daría el molino. No sé por qué tienen tanto miedo”.

Habría que valorar también la no-obligatoriedad de la enseñanza, así como el control de la Iglesia por parte de esta. Dos hechos que se reflejan perfectamente durante toda la trama, principalmente a través del párroco, Don Víctor, el encargado de educar a los niños que, tarde o temprano, dejan de mostrar interés y abandonan los estudios.

A la arcaica educación controlada por la religión, se le suma el analfabetismo de sus mayores que, en definitiva, conforma una sociedad que está desposeída de resistencia y que es incapaz de impugnar su realidad.

Don Miguel, cuando se entera de que Cala nunca ha ido a clase –ejemplo perfecto de lo que vivieron algunos niños durante varias décadas–, decide visitar el colegio. Es un momento que se configura como clave para la caracterización de los habitantes de Fuerteventura, sobre todo porque refleja los escasos medios que tenían para salir del analfabetismo. En la escuela vemos que solo hay cinco alumnos, quienes están aprendiendo el dogma católico: “ya podría enseñarles cosas más útiles, como que aprendan a pensar por sí solos” le dice el escritor. La escena no solo expresa el bajo nivel educativo, señalando a un problema pedagógico, sino que rechaza por completo los valores que quiere imponer la Iglesia desde la infancia.

A la arcaica educación controlada por la religión, se le suma el analfabetismo de sus mayores que, en definitiva, conforma una sociedad que está desposeída de resistencia y que es incapaz de impugnar su realidad. Hecho indiscutible por el cual los residentes de la isla abandonan la idea de tener un pozo que les permita tener agua de forma gratuita. Aunque no sólo se trata de un hecho educativo, el claro valor caciquil que tenía la sociedad canaria marcaba un camino que era perpetúo: nadie podía negarle nada al terrateniente porque las consecuencias podían ser peores, como es el caso del propio Don Víctor, que al apoyar al pueblo es tachado de rebelde.

Además, el escritor bilbaíno articula una frase clave para comprender la incidencia de la enseñanza durante todo el metraje: “la educación, es el único arma que tienen de escapar de esa pobreza”. Una frase que es pronunciada tras el cierre de la escuela por parte del párroco Don Víctor, quien afirma que los niños no tienen ganas de aprender. Esas palabras sirven para emparentar los problemas educativos con los del agua, ya que el filme nos conduce a una fórmula en la que el librepensamiento conlleva una mejora en nuestra forma de vida.

Esta sugerencia que hace La Isla del Viento nos hace pensar que el pueblo majorero es un pueblo encadenado. Esto se debe a un cúmulo de circunstancias que ha hecho que sus habitantes no sean libres más allá de la propia circunstancia que acarreaba la Dictadura de Primo de Rivera. Hablando de datos reales, según Teresa González Pérez (1996), en la década de 1930 Canarias tenía un índice de analfabetismo que superaba el 50%; porcentaje que es engañoso, pues en zonas rurales el índice era mucho mayor. El planteamiento que se hace desde el filme, con la disyuntiva que provoca la figura de un intelectual en una tierra de estas características, nos lleva a una pregunta cuya respuesta, según la tesis del filme, es afirmativa: ¿hubieran tenido más probabilidades de evitar la hambruna con una mejor educación?

La pobreza en La Isla del Viento

Entonces, ¿cuál es el relato que nos ofrece esta visión de Fuerteventura? Aunque la finalidad del filme es representar lo que supuso el destierro de Unamuno a una tierra donde la vida era dura, la configuración que podemos hacer de Fuerteventura a través de La Isla del Viento es la de una isla que, como el propio literato definió, era una “tierra desnuda, esquelética” (Hernández Pérez, n.d.), una isla pobre.

El filme no esconde la humildad de las familias majoreras, la subsistencia de una economía que es amparada por la cabra y el gofio.

La escasez de recursos de la isla, principalmente debido a una economía centralizada en el terrateniente, hace que los niños sean también una figura familiar importante dentro del hogar. La pobreza en este caso radica en que la mayoría tienen que dedicarse a los trabajos que requieren sus padres –como es el caso de Cala, que se dedica al pastoreo– para poder sacar a sus familias adelante, hecho que no les proporciona un desarrollo educativo fundamental.

En sí mismo, el filme no esconde la humildad de las familias majoreras, la subsistencia de una economía que es amparada por la cabra y el gofio, sin otro recurso que el de la espera, tanto de un tiempo cruel como de un gobierno con unas ideas que pasaban por usar la isla como purgatorio. Así pues, la representación más radical de esta pobreza viene dada por la muerte de Juan, un niño al que los problemas de esta sociedad lo han condenado a una mejor vida.

En general, tanto el tema del agua como el de la educación conforman una idea que nos traslada a una grave penuria. El hecho de no poseer un bien tan vital define perfectamente la situación en la que se encuentran, al mismo tiempo que configura un modo de vida que no va más allá de la supervivencia. Esto era algo que sabían los dos personajes exiliados antes de llegar a la isla, cuyo reflejo más claro se produce cuando a Rodrigo Soriano se le abre su maleta, mostrando una gran cantidad de alimentos en conserva (¡cómo si en la isla no hubiera comida!). Por otro lado, la falta de educación acentúa mucho más el decadente porvenir que le esperaba a esta sociedad, donde sus principios condenan a los habitantes sin antes darle la esperanza de poder mejorar sus vidas (“¿cuántos de sus niños han salido de esta isla para otra cosa que no sea huir de la miseria?”).

Y, aunque la Fuerteventura de Unamuno quede ya bastante lejos, nos debemos preguntar hasta qué punto no es frágil esa mejora material a la que hemos llegado: ¿ha dejado de ser Fuerteventura una isla pobre o la “inmaterialidad” del turismo la ha hecho rica?

Conclusiones

En definitiva, hablamos de La Isla del Viento como un relato que puede servirle a Canarias como un espejo en el que mirarse, un espejo para que cada uno de nosotros empecemos a ser más autocríticos. Es, aunque sea por accidente, una desmitificación, una apuesta por representar más de cerca la realidad histórica que ha tenido que afrontar el pueblo canario, convirtiéndose así en una de las mejores representaciones críticas sobre nuestra tierra. Además, nos puede servir como un ejemplo para describir nuestra realidad más presente –aquella de la que más rehuimos–, como un elemento que nos permita construir un mejor futuro.

Recursos bibliográficos

  • González Pérez, T. (2004). Alfabetismo y escolarización en Canarias. Tebeto: Anuario del Archivo Insular de Fuerteventura, Nº9 (pp. 319-342).
  • Hernández Pérez, F. (n.d.). Miguel de Unamuno en Fuerteventura: El escritor y profesor de la Universidad de Salamanca Don Miguel de Unamuno Turismo y Cultura de Canarias
  • Menchón, M. (2015). La Isla del Viento. Película.
  • Pavés Borges, G. (2004). Una mirada tan lejana. En J. Vilageliu. En pos de la ballena blanca (pp.127-134). Madrid: T&B Editores
  • Objetivo Canarias. Televisión Canaria (2020, 20 de Octubre) Objetivo Canarias: episodio 02..
  • Canarias es Cultura. Televisión Canaria (2020, 07 de Octubre) Canarias es Cultura.

Fuente de las imágenes

  • Todas las imágenes contenidas en este artículo son fotogramas de la película La Isla del Viento

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