Cine nazi en Canarias

El cine nazi en Canarias: Douglas Sirk y La habanera

Canarias ha servido para infinidad de rodajes por sus condiciones climáticas y paisajistas, auspiciadas por su condición de región ultraperiférica de la Unión Europea y sus condiciones fiscales. Asimismo, antes de que los propios beneficios fiscales colmaran nuestro territorio de rodajes temáticamente intrascendentes para nuestro archipiélago, la UFA (Universum Film Aktien Gesellschaft) entendió que la mejor forma de rodar en América era hacerlo en una zona más próxima al continente europeo y sin cruzar todo el Atlántico. Las Islas eran el lugar ideal para que los nazis pusieran en marcha esa maquinaria de melodramas con grandes ínfulas de superioridad racial aria, algo que siguió extendiéndose incluso cuando Joseph Goebbels fue nombrado ministro de propaganda. En este artículo, proponemos por tanto atender al desarrollo de el cine nazi en Canarias y detenernos en la película La habanera, de Douglas Sirk.

Atraídos por esa idea del lejano exotismo que interpretaban en Canarias –que al mismo tiempo les resultaba muy cercano en distancia– trajeron unos cuantos largometrajes de ficción: Si algún día das tu corazón (1930), La llamada de la patria (Paul Wagener, 1934), Los cuatro últimos de Santa Cruz (Karl Ritter, 1935) y La habanera (Douglas Sirk, 1937). Todas ellas son películas rodadas en Tenerife, con la excepción de Si algún día das tu corazón, que tuvo también su paso por Gran Canaria. De todas ellas, la más destacada es La habanera, no solo por su calidad cinematográfica, sino también por su conservación y, sobre todo, por la firma del director Douglas Sirk y la historia que lo acompaña.

La UFA y el cine nazi

Habría que recordar que, en sus orígenes (1917), la UFA fue creada como una productora estatal con el objetivo de contrarrestar la imagen negativa que daba el cine estadounidense sobre los alemanes, por lo que desde el inicio el objetivo de la misma fue el de resaltar unos valores nacionales muy claros, así como ofrecer servicios informativos y propagandísticos que sirvieran para exaltar los ideales del nazismo.

cine nazi en las islas canarias
Fotograma.

Tras su privatización en 1921, la productora se apoderó del mercado europeo, siendo el principal competidor de Hollywood y llegando a producir hasta 600 películas al año. A partir de entonces y gracias a su política empresarial (que permitía en cierta manera el desarrollo del talento), nacen grandes figuras en diferentes departamentos de la industria cinematográfica, destacando sobre todo sus directores y actrices como son los casos de Fritz Lang, F.W. Murnau, Marlene Dietrich, Max Ophüls o Hans Detlef Sierck.

Poco a poco y de manera encubierta el gobierno alemán fue nacionalizando el cine hasta convertirlo en un instrumento de poder más, siendo un elemento vertebrador en la representación del totalitarismo nazi. Con el nombramiento de Goebbels en 1933 la nacionalización avanzaría rápidamente y la política cinematográfica se endurecería mucho más siguiendo una línea muy marcada que consistía en una férrea censura (todas las películas tenían que pasar por su aprobación); en una clara exclusión de todos los judíos que estaban dentro de la industria, obligando a muchos cineastas a emigrar; y, por último, se realizó la nacionalización encubierta que comentamos anteriormente y que dio como resultado la UFA que albergó a 187 empresas (aunque siguió preservando su carácter de productora privada y dependía realmente de esta fuente económica y no del Estado).

Cine nazi en Canarias

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Fotograma. Extras canarios

A la UFA y a los nazis no solo les interesó Canarias como un magnífico plató donde desarrollar su propaganda camuflada de historias ficticias y melodramáticas. Rememorando los inicios de la productora, en nuestra tierra también rodaron documentales que luego proyectarían en Alemania con carácter informativo y cierto sesgo que le daba un pequeño sentido manipulador a la información. No obstante, no es de extrañar que Canarias no solo fuera un lugar para recrear otros lugares –básicamente como sigue haciendo la industria actualmente– sino que vieron esa posibilidad de relacionarlo con ese cosmos ario que ellos se habían inventado con la transformación de la historia a su antojo.

Y esto nos vale para recordar la mítica búsqueda de los orígenes de la raza aria en los pueblos indígenas de Canarias que, por el relato exageradamente mitificado que se tenía de ellos, llegó a manos nazis con ínfulas de superioridad moral. A priori, según su versión, los guanches eran descendientes de la raza aria pura, hecho que justificaban por una descripción en las crónicas donde se decían que eran altos, rubios y con ojos azules, siendo este un hecho que ha estudiado ampliamente el historiador José Farrujia, que recalca que son estereotipos manipulados y que, obviamente, la visión nazi estaba muy lejos de la realidad y que el gobierno era consciente de eso. De igual forma, la anécdota forma parte del imaginario colectivo canario.

A priori, según su versión, los guanches eran descendientes de la raza aria pura, hecho que justificaban por una descripción en las crónicas donde se decían que eran altos, rubios y con ojos azules.

Volviendo al terreno del documental que venían con el sello de Kulturfilm –una marca que se asoció a este tipo de producciones–, los alemanes rodaron Viaje a Iguazú (1933) y F.P.1 se hace realidad (1934), donde se reconocen los puertos canarios como escala entre Europa y América, filmando también algunos poblados llamativos como La Atalaya o algunas zonas naturales de interés como El Teide. La finalidad no era otra que enseñar al mundo desde una perspectiva alemana, que tuviera al mismo tiempo una finalidad educativa y científica para la población, pero no para recalcar la importancia de otras culturas, de otros países y de otras formas de vivir, sino para subrayar la supremacía de la raza sobre estos pueblos que a menudo se representaban como atrasados. No es menos curioso que filmen a los niños de la colonia alemana de Las Palmas, jugando y entreteniéndose y que se contrastan con las imágenes exotizadas y laborales que se ven de los isleños.

En cuanto a la ficción, encontramos varios “géneros” que suelen darse en países autoritarios: glorificación, repudio a los enemigos, filmes militaristas y películas de entretenimiento (al que pertenecen los filmes comentados en la introducción). En realidad, a pesar de lo que se pueda llegar a pensar, según un estudio realizado por los Estados Unidos tras la finalización de la II Guerra Mundial, solo una sexta parte de las películas tenían contenido propiamente nazi, aunque una relectura actual podría hacer aumentar el número (lastima o fortuna de que la mayoría de las producciones se hayan perdido con el tiempo).

La habanera, de Douglas Sirk

La habanera Douglas Sirk
Portada extraída de Cinemap

Entre esas películas que Estados Unidos consideró nazi estaba La habanera. La película transcurre en Puerto Rico, lugar al que se traslada una chica de rasgos escandinavos llamada Astrée, interpretada por una de las grandes estrellas del momento, Zarah Leander. El último día de su viaje conoce a Don Pedro de Ávila (Ferdinand Marian) un poderoso latifundista con el que se acabará casando tras asistir a la celebración de una corrida de toros.

Astrée se enamora del clima, del paisaje, de la música y de los puertorriqueños, se enamora también de la riqueza de Don Pedro y decide quedarse para descubrir más tarde que no es oro todo lo que reluce y que como su querida Europa no hay nada. Resulta que el maniqueísmo de la película nos acaba por desvelar a un marido controlador y celoso, totalmente diferente a la manera heroica en la que se había presentado el personaje cuando salva a un torero de morir a manos de un toro. Por lo que podemos anticipar que el personaje representa –personifica– bien esa fachada ilusoria que es Puerto Rico para el trasfondo de la película.

El paraíso que ella creía haber encontrado en Puerto Rico se convierte en un infierno y la única razón que le retiene en el país es su hijo Juan. Mientras tanto, su tía Ana que ha vuelto a Suecia, les pide a sus amigos médicos, el doctor Sven y el doctor Gómez (este último de origen puertorriqueño), que han ido a investigar una misteriosa fiebre que ha surgido en el país, que traigan de vuelta a Astrée.

En casi toda película que carga una poderosa ideología a sus espaldas es fácil encontrar unas costuras que se presentan demasiado visibles ante los ojos del espectador. Un dualismo muy maniqueista que se representa en diferentes formas y con diferentes personajes y que evoluciona en su protagonista con una escala que va desde el amor por Puerto Rico hasta su odio total. El ejemplo de todo esto lo tenemos desde la propia introducción: Ana odia Puerto Rico porque lo considera atrasado y Astrée lo adora por su romantizada idealización exótica (a todas estas no sabemos qué es peor).

Todos los pueblerinos que aparecen en La habanera son poco menos que personajillos sin importancia que son disfrazados con diferentes atuendos de un poderoso eclecticismo visual e irracional, que viven en un lugar atrasado y que emplean su tiempo de manera inútil en resolver tareas con medios que a las suecas les parecen anacrónicos.

Para colmo, por si la clara preponderancia del pensamiento de las europeas no ha quedado bastante clara, la trama subraya más esta cualidad con la llegada de los dos médicos que se erigen como salvadores de una civilización a la que consideran incapaz de salvarse por sí misma. Logran inventar una cura para la fiebre, pero el poderoso latifundista la destruye (síntoma y crítica del capitalismo más voraz), matándose él mismo en un final melodramático que encajaba perfectamente en los estándares universales de la época y que marcaban los inicios de la línea de trabajo de Hans Detlef Sierck.

El rodaje en las Islas

Detlef Sierck que con La habanera rodaría su última película alemana, se exiliaría en un tormentoso viaje a Estados Unidos, donde tuvo que pasar por varios países de Europa –primero por Suiza, al que fue con la excusa de buscar localizaciones, luego por Italia y Francia y luego por Holanda– antes de aterrizar en América. El motivo principal de su huida es que su mujer había sido acusada como judía, por lo que, si quería salvar la vida, debía huir rápidamente de Alemania. Casualmente había encontrado en Tenerife su última aventura cinematográfica europea (quien sabe si incluso se intentó fugar desde las Islas, como si fuese una de esas escalas entre los dos continentes que señalan los documentales alemanes).

A su llegada a Estados Unidos, Detlef Sierck pasa a ser Douglas Sirk y tras la finalización de la II Guerra Mundial vuelve a dirigir películas, convirtiéndose en unos de los grandes directores de la historia de Hollywood y sumándose al largo abanico de directores europeos que llegaron a América para asentar y hacer grande a una industria que con ellos ya había ganado la lucha por ser la más fuerte.

archipiélago escenario cine nazi
Fotograma.

En cuanto al rodaje de La habanera en Canarias, nos deja un par de anécdotas. Su rodaje en La Orotava, el Puerto de la Cruz e Icod de los Vinos congregó a muchísima gente atraída por la fama de Zarah Leander y por el rodaje en sí mismo, al que no estaban acostumbrados. El Puerto de la Cruz fue la principal localización, que ya era conocido por los alemanes debido a que desde principios de siglo era lugar de escape para un pequeño sector turístico que tendría su culmen en la década de los 60.

Para el filme contaron con gran cantidad de extras de la Isla, muchos de ellos eran jóvenes falangistas que se sumaban al entusiasmo de ver a los aliados nazis filmando en Canarias. Sin embargo, el hecho más relevante de todo esto es que había una gran parte de la población que había sido enviada al frente de guerra, ya que en el momento en el que se rodó el filme –año 1937– estaba aconteciendo la Guerra Civil española.

Además, durante esta época las instituciones colaboraron con la productora para ofrecerle comodidades, asimismo las familias adineradas e influyentes de la zona también aportaron su granito de arena, como es el caso de la familia Cólogan que prestó la Casa de La Paz para hacer la función de exterior de hospital.

Conclusiones

En Canarias hemos tenido la suerte de contar con numerosos rodajes que han propiciado que algunas grandes estrellas hayan pasado por nuestro Archipiélago. Con los nazis ocurrió exactamente lo mismo, nuestro paisaje y cercanía con Europa decantó que se decidieran a filmar en nuestra tierra en lugar de cruzar el Atlántico en busca de aquellas localizaciones que necesitaban. Y, aunque sus mensajes dejan mucho que desear, fue el comienzo de la industria en las Islas, algo que se ha ido asentando cada vez más gracias a la presencia de services y productoras locales que, junto a los beneficios fiscales, han convertido a Canarias en un reclamo para el séptimo arte.

Por otro lado, la trama y lo que esta esconde nos da que pensar sobre nuestras posibilidades como territorio. Tenemos una política que ha ofertado una gran cantidad de ventajas que permiten a la industria acercarse a filmar a Canarias, pero el argumento de filmes como La habanera además de promover unos ideales socialmente poco aceptados está completamente desvinculado de nuestro Archipiélago, lo que abre el debate de si realmente nuestra relación con el cine debe quedarse ahí.

Bibliografía

Cinemap. La UFA y la Fox aterrizan en Canarias.

Douglas Sirk (1937) La habanera. Ver película.

La Provincia. La aventura nazi de Douglas Sirk en Canarias.

Morote Medina, Cira. Los arqueólogos nazis buscaron en Canarias raíces históricas de la raza aria.

Yconden Daute. Icod proyecta 82 años después la película “La Habanera” en el mismo lugar donde se rodó.

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