Lectura feminista de Guarapo

Una lectura feminista de Guarapo

Guarapo es una película estrenada en 1989, dirigida por los Hermanos Ríos (Santiago y Teodoro Ríos) y ambientada en La Gomera en 1947, en la época de la posguerra civil. Narra la necesidad del campesino canario de emigrar, clandestinamente, a América, así como todas las dificultades que se le suman con la figura del terrateniente, representante del caciquismo.

Muchos han sido los textos y análisis dedicados a Guarapo, pero lo que comúnmente se ha pasado por alto en éstos es la imagen de la mujer castrada, un recurrente constante en toda la trama. Sin la presencia de las mujeres que aparecen en la película las historias de los hombres que se narran no tendrían sentido pero, sin embargo, ellas no son las protagonistas. En este artículo, por tanto, lo que se pretende es hacer visible lo secundario, lo marginal, a la mujer castrada. Y para ello nos centraremos en la figura de Amparo, hija, trabajadora y futura esposa.

La mujer castrada en Guarapo

Tal y como expone Mulvey (1988, p.3) “La paradoja del falocentrismo en todas sus manifestaciones consiste en su dependencia de la imagen de la mujer castrada para dar orden y sentido a su mundo”. La mujer es representada aquí como portadora de sentido, pero no como constructora de dicho sentido debido a que las historias de éstas nunca son mostradas desde el punto de vista personal -como sujetos activos y productores de las acciones vitales que atraviesa la trama- sino como sujetos que están presentes a lo largo del tejido argumental pero que en realidad son encarnadas por los hombres que aparecen.

Es por ello, que, en lugar de centrar el análisis en el personaje masculino y protagonista, es decir, en Benito, un campesino sin tierra cuyo mayor sueño es emigrar a América, la figura central de este será Amparo, coprotagonista femenina de la película, conocida como la amante y mujer de Benito.

Como veremos a continuación, analizar Guarapo desde la mirada de Amparo no sólo nos abre una ventana hacia unas realidades siempre relegadas a un segundo plano, como son las que encarnan la mayoría de las mujeres, sino que a través de ésta podemos observar cómo se reproduce toda una cadena de violencias y opresiones capturada en Guarapo, necesaria de repensar como posible medio para entender la realidad de las mujeres canarias reales de la época. Para ello es vital tener en cuenta la interseccionalidad que atraviesa a Amparo, como mujer, canaria, campesina, trabajadora, amante, esposa, y futura madre.

Amparo como sujeto tutelado

En concreto, la situación de Amparo, resulta extremadamente interesante para analizar este rol de mujer como sujeto dependiente del otro. Los personajes de la trama apelan, directa o indirectamente, pero de manera constante, a la belleza y juventud de Amparo, tendiendo a infantilizarla, lo cual se hace evidente también cuando suele ser nombrada en diminutivo por los demás personajes, bajo el nombre de “Amparito”. Su persona es objetualizada, puesta ante la mirada del espectador y del otro como un paisaje atractivo que ver. Su belleza también se plantea como reclamo sexual ante la mirada de otros.

benito pide la mano de amparo guarapo

Amparo a lo largo del film se muestra bajo la tutela de diversos personajes, entre ellos, su madre Doña Elvira, Benito o el cacique de la isla Don Luis Ventura. Esto es un claro ejemplo de que la mujer no es considerada, en períodos históricos como estos, como una persona mayor de edad, haciendo referencia a la definición kantiana del término, sino, por ende, es más bien concebida como un ser pasivo, objeto y sucumbido a la tutela y dominio del otro.

Al partir su padre a Caracas cuando ella era niña, Amparo queda bajo la tutela de su madre, la cual ocupa la figura de la matriarca y se hace cargo del peso central del núcleo familiar. Doña Elvira como persona mayor o anciana, se presenta, como al igual que el resto de mujeres de su misma quinta, como guardiana de la moralidad cristiana ante los ojos de la juventud. Estas mujeres han asumido como propia la moralidad impuesta por la Iglesia y por el estado franquista, por lo que su misión es mantener ese status quo de la época, transfiriéndoselo a sus descendientes. Esto se hace evidente en diferentes escenas como cuando la madre la reclama en la plaza, o cuando Benito se presenta en su casa para pedir el consentimiento de Doña Elvira para poder casarse con Amparo.

Ahora bien, donde podemos ver a Amparo como figura sometida con una mayor claridad es en las escenas donde aparece con Don Luis Ventura, cacique y terrateniente, dueño de las tierras y de los cuerpos de la isla, y con Benito, con el cual encarna un papel de mujer enamorada y sumisa a los dictámenes románticos clásicos de la época, donde su lugar siempre se encontrará bajo la figura del hombre. Todo ello lo veremos con mayor profundidad en los siguientes apartados.

Amparo como propiedad del cacique

cacique abusa de amparo guarapo

El rol de cacique y terrateniente de Don Luis Ventura lo legitima como dueño y señor no sólo de las tierras de la isla, sino también de los cuerpos. Las relaciones de Ventura con el pueblo, con la Guardia Civil, con los campesinos y trabajadores, o con las mujeres son un claro ejemplo de ello. A través del trabajo somete a la mayoría de la población, no obstante, la sexualidad también se hace eco como mecanismo de dominio. Y es que, “en las relaciones de poder la sexualidad no es el elemento más sordo, sino, más bien, uno de los que están dotados de la mayor instrumentalidad: utilizable para el mayor número de maniobras y capaz de servir de apoyo, de bisagra, a las más variadas estrategias” (Foucault, 1977, p. 126).

De hecho, la relación de poder y dominio que tiene con Amparo, no solo se hace latente mediante el rol cacique-campesina, sino también con el acoso y el abuso sexual como una herramienta más recurrente para conseguir poseerla y doblegarla. Con lo que no solo consigue dominarla a ella, sino que también sirve como medio para someter a Benito.

ventura en la boda de amparo guarapo

Y es que, dando por hecho que el derecho de pernada estaba a la orden del día, se hacía latente con las intenciones del terrateniente con Amparo. No solo durante el abuso sexual que sufre por parte de este personaje, sino también apreciable de manera clara en la escena de la boda de Benito y ella.

La relación de poder que tiene Ventura respecto a la protagonista femenina se materializa en esta escena del abuso sexual. Escena, la cual, no está rodada desde el punto de vista de la víctima de este caso de violencia, sino más bien del deseo que tiene Ventura sobre el cuerpo de Amparo. No resulta realista en tanto a lo que podría ser un abuso sexual real, no por el hecho de que no se niegue u oponga de una manera más imperativa, sino porque más que provocar una violentación en el espectador, emana más una idea erótica alejada del realismo.

Ahora bien, otra escena clave es la de la boda en la que Don Luis Ventura, tomándola en el primer baile de la celebración, le realiza toda una infinidad de tocamientos, ante la mirada de su recién marido, y de toda la gente del pueblo que estaba presente en la boda. Amparo para este personaje, se presenta como objeto sumiso deseable en el que poder desplegar todo un repertorio de abusos y de demostración de poder.

Amparo como propiedad del cacique, supone una herramienta clave para subordinar otras figuras como la de Benito. Al tomar no solo su fuerza de trabajo, sino su cuerpo, Amparo se muestra como objeto pasivo de voz sumisa ante un personaje que encarna el peso del franquismo, del caciquismo, del colonialismo y del patriarcado.

Amparo como amante, prometida y esposa en Guarapo

relacion prematrimonial guarapo

Hablar sobre el proceso que sufre el personaje de Amparo como amante, prometida y esposa de Benito, es una buena herramienta para entender la metamorfosis que sufre una mujer según su estado civil. Y es que se ve un cambio progresivo en el trato que le dan los demás personajes de la trama.

Podemos apreciar el sistema de opresión del cual es víctima Amparo durante el filme, a través de la relación sentimental con Benito. Las relaciones sentimentales románticas son un claro ejemplo de la emulación de la moralidad impuesta en el momento. En las relaciones se reproduce un sinfín de roles basados en la subordinación y la dicotomía de los géneros. Posicionando siempre al hombre como el dueño y señor del cuerpo de la mujer, y como personaje activo, y a la mujer, como el cuerpo dominado por el hombre y como objeto pasivo de dominio.

relacion posmatrimonial guarapo

Ahora bien, obviando la parte romántica, que podemos denominar como tierna y emocionante, de la relación entre Benito y Amparo, es necesario recalcar un análisis desde una mirada que atienda más allá de la imagen edulcorada del amor, para retratar cómo el sistema de opresión se hace latente en esta relación también.
Mismamente, en las escenas ligadas a las relaciones sexuales mantenidas entre ambos, se materializa lo anterior. Sin embargo, existe una clara diferencia entre la primera escena, la cual corresponde a una relación prematrimonial, y la segunda, que ya ocurre justo después del casamiento.

Mientras que la primera vez que Amparo y Benito consuman su amor acostándose está impregnada de un romanticismo más idealista e intenso, la escena rodada después del casamiento, ya muestra la encarnación de Amparo como objeto de deseo.

Amparo sentada en la cama, tapada estratégicamente con sus enaguas, y con su pelo cuidadosamente desordenado, choca con la imagen de Benito, que se sitúa de pie, expectante ante la imagen de su amada, dispuesta a someterse a su cuerpo. Desde fuera se escucha cómo los vecinos le gritan: “¡que te aproveche, Guarapo!”. Benito, por el contrario, se muestra receloso por la actitud previa de Don Luis Ventura con Amparo, lo cual confirma que evidentemente abusar de Amparo le sirve como medio al cacique para someterlo.

En parte el acto sexual ya no se consuma desde un sentimiento puro, sino también, en parte, como una demostración de poder de Benito sobre Amparo, para demostrarse a sí mismo, al pueblo y a ella, que Amparo es suya, que ya le pertenece y que no puede ser de Ventura. Sirviéndole su mujer como medio para empoderarse esta vez.

Amparo como viuda blanca en Guarapo

amparo se queda en canarias guarapo

Amparo ya no es ni será tratada como la mujer joven y bella de la que deleitarse, el personaje de “Amparito” es sustituido por el de una mujer casada cuyo marido está a punto de emigrar, y cuando esté lo haga se convertirá, si no la reclama, en una viuda blanca.

Ejemplo de ello, y con esto, podemos finalizar en análisis de Amparo en unos términos bastante generalizados, es el momento en el que Amparo quiere emigrar junto con Benito y llegar hasta el barco que lo va a llevar hasta Venezuela de manera ilegal, para buscar un futuro mejor. Benito le insiste en que se quede en la isla, y Amparo sin dudarlo, cede, culminando la escena con las siguientes palabras: “Quédate, yo te reclamo”.

Esto ejemplifica de una manera bastante nítida el papel de las mujeres de hombres migrantes, o también denominadas como viudas blancas, durante la época franquista en las Islas Canarias, donde era, en la mayoría de los casos, los hombres los que conseguían salir de las islas en busca de una vida mejor para ellos y su familia, y eran las mujeres las que permanecían en el territorio insular canario a cargo de la casa, la familia y el trabajo, siendo para ellas, estas islas, el verdadero laberinto sin salida.

El sueño frustrado de emigrar, su venidero bebé, su papel de mujer casada de hombre migrante, y su rol durante el trabajo en el campo, muestran como Amparo, lejos de obtener la libertad al casarse con Benito, permanece atrapada ante un sinfín de represiones y violencias a las que ya estaba sometida, como con el propio Don Luis Ventura, sumándole las nuevas condiciones que le esperan como futura madre y esposa.

Continuando la misma historia, al igual que su madre, Amparo se queda en la isla como viuda blanca, con la siempre incertidumbre de si las últimas palabras de su amado serán ciertas o no. Desprotegida ante toda la cadena de violencias, queda a la deriva en la isla con la responsabilidad de sacar adelante a un nuevo ser, y bajo la imposibilidad de rehacer su vida sexual y sentimental si Benito decide no volver. El peso del patriarcado, de la moral cristiana y del caciquismo recae una vez más sobre sus hombros.

Guarapo como reflejo de las realidades olvidadas.

En definitiva, es un hecho que el largometraje dirigido por los Hermanos Ríos no solo es un antes y un después en la historia de cine canario, por su capacidad de retratar la vida de los isleños y las isleñas en un momento histórico tan turbio, siendo fiel en todo momento a la realidad de los hechos y de la cultura, sino que también se puede presentar como una ventana hacia las realidades específicas de las mujeres isleñas, a la que merece la pena asomarse con mayor detenimiento e interés.

Esta ventana nos permitiría ver desde una posición empática y despierta cómo fueron las vidas de esas mujeres, utilizando a Amparo como figura central y vital del análisis, que lejos de ser distante, son las vidas que vivieron nuestras bisabuelas, abuelas y madres.

Poner el foco en la trama de Amparo narrada en la película quizás nos permitiría salvar personajes femeninos como lo es ella, que fueron narradas en segundo plano y que esconden las realidades más olvidadas de nuestras islas, y que son, a fin de cuentas, el sostén de nuestra historia.

Bibliografía empleada

  • Foucault, M. (1977) Historia de la sexualidad I: La voluntad del saber. Madrid. Ed. Siglo. XXI.
  • Mulvey, L. (1988) Placer visual y cine narrativo. Valencia. Ed. Episteme, S.L.
  • Campoy, E., Ríos, T. (productores) y Ríos, S., Ríos, T. (directores). Guarapo. [Cinta cinematográfica]. España: Ríos Producciones.
  • Monterrey, E. (productora) y Pérez, A., Barco, D. y Monterrey, E. (directores) (1988) Viudas blancas. [Documental] España. 2012.

Graduada en Filosofía por la Universidad de La Laguna. Realizando Máster en Género y Políticas de Igualdad en la Universidad de Valencia.

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