repensar canarias desde las teorías decoloniales

Repensar Canarias desde la decolonialidad

¿Qué significa ser canaria? ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestra historia? ¿Somos la imagen que se proyecta de nosotras o hay un trasfondo mucho más diverso y enredado? ¿Somos europeos, españoles, africanos, latinoamericanos? ¿Quiénes son esas islas perdidas en el Atlántico? ¿Cuál es nuestra identidad? ¿Acaso podemos enmarcarla en una definición inmóvil, científica y objetiva? ¿O Canarias lleva el prefijo “trans” inserto en su definición por defecto? En este artículo nos proponemos repensar Canarias desde las teorías decoloniales.

El replantearse la identidad de Canarias no resulta un trabajo de fácil abordaje. No obstante, analizar de manera crítica la proyección que se ha hecho de las islas desde la mirada continental, europea y patriarcal y plantear el Atlántico, el océano, sin obviar la perspectiva de género como un escenario interesante desde el que repensar nuestra historia, podría proporcionarnos elementos claves para arrojar luz sobre ciertas realidades, o al menos, debatir sobre estas cuestiones. Y es que, el hecho de ser canaria o canario no es sinónimo de tener conciencia y saber ver desde la posición en la que estamos insertas. De hecho, esa manera de ver no nos viene dada, la construimos, o más bien nos deconstruimos para poder vernos.

En el presente artículo se tendrá como objetivo hacer un breve análisis de por qué sería interesante leernos desde la decolonialidad, y cómo esa construcción mitológica y sesgada por una mira occidental europea y colonial se ha traducido en consecuencias encarnadas por los isleños.

Canarias como islas mitificadas: repensar Canarias desde la decolonialidad

descolonizar canarias
Ilustración antigua. Fuente:Teldeactualidad

La mitología, construida siempre desde el ojo continental, europeo y androcéntrico, atraviesa nuestra historia para suplantarla en cierta medida. Todo ello conlleva una serie de consecuencias, que ligadas a una historia marcada por la dominación y la explotación de los cuerpos y las islas, muestran la exotización como uno de los principales problemas que atraviesa al archipiélago, así como a las mujeres que lo habitan en particular. Así, según Larisa Pérez (2017, p. 20) “como tópico obsesivo del pensamiento occidental, la isla es despreciada y minimizada al mismo tiempo que exotizada y utopizada”.

Desde Homero, Hesíodo, Heródoto o Platón entre otros, y desde el Jardín de las Hespérides, Los Campos Elíseos, o la Atlántida, entre muchos otros mitos con los que se relaciona a las Islas Canarias, se envuelve el imaginario isleño en una mitología paradisiaca que ha marcado y sigue marcando la proyección que se tiene de las islas. Esta mitificación excesiva que permea en el imaginario colectivo, junto con el papel del propio turismo dentro de estas, han ido trasladando la visión de un archipiélago volcánico y africano a una idealización exotizante de sus paisajes y gentes. Colaborando así, a una idealización, exotización, sexualización y mitificación del canario o la canaria tras la que se esconde -según se desprende de la aplicación de una perspectiva decolonial- la historia de un pueblo explotado desde la conquista, así como silenciado.

Esta mitificación excesiva que permea en el imaginario colectivo, junto con el papel del propio turismo dentro de estas, han ido trasladando la visión de un archipiélago volcánico y africano a una idealización exotizante de sus paisajes y gentes.

Entender, por tanto, la relación entre la mitología y Canarias es clave para comprender cómo se ha proyectado nuestra historia. Así, entender el mito entorno al archipiélago canario nos hace comprender la invisibilización de su historia y querer abrir los telones que cubren las realidades que atraviesan a la cultura, a los factores sociales, económicos y políticos de los sujetos canarios. Ayuda a comprender el porqué de la necesidad de hablar de decolonialismo canario, pese a todas las trabas que puede suponer, y a todos los obstáculos a los que se enfrenta diariamente esa corriente dentro del archipiélago.

El océano como espacio comunicante

Los océanos hablan, no solo cuentan la historia y las vivencias, sino que las conectan con otras. Y es que, los archipiélagos comparten una organización, unos pasados en el que se observan repeticiones y semejanzas entre ellos. El océano aparece, por tanto, como espacio comunicante y no como medio que aísla.

Repensar canarias y el mar
Fotografía de Lilia Ana Ramos. Título: Lo que el mar me dio.
Proyectos fotográficos como Atlanticidad de la mano de Lilia Ana Ramos, cuyo término fue acuñado por el pensador canario Juan Manuel García Ramos y estudiado posteriormente por múltiples pensadoras y pensadores, ofrece una visión desde la que vernos como archipiélago de una manera diferente. Escapando de una visión superficial del porqué estamos ligados tan estrechamente con las realidades de las Antillas, ofrece un análisis que bebe de las entrañas de la colonización y la conquista, abarcando realidades como el mestizaje o los flujos migratorios entre otros conceptos.

Y es que, la diáspora canaria y los flujos migratorios, de manera forzosa o no, que son observables desde la conquista hasta períodos claves como lo fue la posguerra civil y la dictadura franquista conecta Canarias con el Caribe y América de manera estrecha.

Es un hecho que la conquista del archipiélago, que comprende desde el año 1402 al 1496, así como el proceso de colonización, fue diferente respecto a lo ocurrido en las Antillas, por ejemplo, en parte porque Canarias se prestó forzosamente como laboratorio colonial de lo que acontecería tiempo después a otras islas, países y continentes, así como por la especificidad de sus tierras, costumbres y raíces. No obstante, leer a Canarias en conexión con otras realidades insulares, archipelágicas y oceánicas nos permite analizar, repensar, e incluso redefinir conceptos como la criollización, el mestizaje, la exotización, etc., acercándolas a nuestras realidades, con el fin de comprender la huella colonial que ha marcado nuestra historia.

Discutir la historia desde una visión transoceánica despliega un espacio y a su vez un tiempo

Todo ello hace posible aproximarnos a las islas desde una mirada decolonial. Es decir, leernos desde nuestras raíces Imazighen precoloniales hasta nuestro vínculo con otros procesos coloniales como los vivenciados en el Caribe o en América, para así comprender tanto ‘nuestro adentro’ como ‘nuestro afuera’, como islas inmersas en el Atlántico que somos.

En suma, discutir la historia desde una visión transoceánica despliega un espacio y a su vez un tiempo, un tiempo que es histórico y no mítico. Por ende, hace posible el reconocimiento de unos hechos que se ocultan tras el unilateral discurso del mito, que se analiza críticamente en el apartado anterior, y que contribuye de manera directa a la exotización permanente de las islas y sus cuerpos (Pérez, 2017, p. 56).

La otredad exotizada: repensar Canarias desde la decolonialidad

Partiendo de los textos de María Lugones, debemos entender primeramente los rasgos históricamente específicos de la organización de género en el sistema moderno/colonial para poder alcanzar una comprensión de la organización diferencial del género en términos raciales. Estos términos raciales se presentan como productores de una severa exotización con la que suelen convivir los isleños e isleñas y todo aquello que se escape de la mira occidental, blanca y heteropatriarcal.

Y es que, tal y como explica Larisa Pérez “el acento, por ejemplo, que es algo muy sencillo, es un marcador que puede racializar, nos emparenta con las compañeras del Abya Yala. En este sentido, la mujer canaria es una mujer racializada que además es exotizada no sólo por esta cualidad criolla, sino por el territorio insular, porque eso incorpora un imaginario muy mistificador, muy fantasioso, acerca de las identidades”.

Esa hipersexualización y exotización bebe directamente de la herencia colonial. Es decir, en todo proceso colonial se establece la construcción del colonizado bajo la denominación del “otro”, una otredad que responde de manera general, y en el caso particular de las mujeres, a la lógica sexual y exótica, puesta ante los de afuera como cuerpos consumibles y explotables.

Tal y como expone Daniasa Curbelo en el seminario recogido en Feminismos en Canarias En Resistencia “muchas isleñas podemos confirmar con nuestras experiencias lo fácil que se nos define desde Europa como “calientes” y “fogosas” en la cama, tal y como les sucede a las mujeres racializadas”. No es una realidad que se antoje ajena a nuestros cuerpos ni tampoco ajena a la actualidad.

No obstante, estas cuestiones solemos verlas con mayor claridad y en primera instancia cuando pensamos en espacios colonizados como el Caribe, pero conlleva muchas veces un trabajo de deconstrucción verlo como propio. Sin embargo, cuando pensamos Canarias desde la conquista, apreciamos cómo nuestra “identidad” se ha construido también bajo la otredad. Una otredad, por lo general, difuminada por el imaginario mitificado y paradisiaco, que mientras, por un lado, nos parece empoderar, y dotarnos de orgullo, por otro, nos encadena al mismo tiempo.

Las gafas violetas y decoloniales como respuesta: repensar Canarias

¿Por qué es necesario ver a Canarias a través de los lentes del feminismo y de la decolonialidad? Por un lado, es un hecho, que como en cualquier contexto, existe un fuerte olvido histórico respecto a las mujeres, que no vacío. No podemos reflexionar Canarias sin comprender cómo los fenómenos históricos azotaron y atravesaron a las mujeres, desde las sociedades indígenas precoloniales y la conquista, pasando por momentos claves que redefinieron nuestra historia nuevamente como la posguerra, la dictadura o la transición hasta la actualidad. Comprender Canarias desde una visión decolonial lleva implícito el análisis de esa decolonialidad desde una perspectiva de género.

No podemos reflexionar Canarias sin comprender cómo los fenómenos históricos azotaron y atravesaron a las mujeres.

Cuando nos miramos a través de los ojos del otro, una mirada que se ha educado en el imaginario de la otredad exótica que marca a las islas y sus habitantes, resulta comprensible el peso de las palabras de Larisa Pérez: “soy canaria, y naturalmente no lo sé, puesto que lo soy”, reformulando la frase mítica de Frantz Fanon. Unas palabras que nos incitan a adentrarnos en resolver y someter a debate la realidad de qué significa ser canarias o canarios. Ahora bien, la colonialidad que nos atraviesa y que hunde sus raíces en la conquista de las islas conlleva a repensar el cómo es posible que, siendo víctimas de la colonialidad, ejercemos y reproducimos con continentes hermanos como lo son América Latina y África, esa mirada que exotiza, sexualiza y construye complejos de superioridad e inferioridad respecto a los otros.

Y es que, hay que entender la doble dimensión entre lo ajeno y lo propio, entre el afuera y lo adentro. La colonialidad no juega un papel unidireccional, sino que la propia colonialidad trasciende todas las relaciones convirtiendo al oprimido en opresor y viceversa. El caso de Canarias por eso supone un reto a la hora de analizarlo, pues como comunidad será (haciendo referencia a las palabras de Ochy Curiel recogidas en una entrevista en 2017) coexistente de una doble identidad dentro de la colonialidad reflejada en realidades. Una realidad marcada por ser el sur del norte, o, en otras palabras, de Europa y el norte del sur, o, en otras palabras, del Caribe, Latinoamérica o África. Tal es así que, mientras “tu acento te racializa, el pasaporte te lo blanquea” (Pérez, 2020).

Por consiguiente, es necesario reflexionar sobre las Islas Canarias desde la corriente decolonial, ya que, en el escenario de la atlanticidad, podemos ver diferencias y similitudes entre la experiencia del Caribe y Canarias que nos ayudarán a comprender las realidades de las islas y sus cuerpos.

Desde hace unos años, el feminismo decolonial canario surgió en las islas como resultado de una serie de cuestionamientos que terminaron llevando a poder habilitar un espacio para poder pensar tanto a Canarias, como pensarnos a nosotras mismas como mujeres de este archipiélago. Es decir, entender que en ese “otra” desde el que siempre se habla a través de una visión colonial, estábamos también inmersas, aunque con las diversas especificaciones y diferencias con otros feminismos decoloniales que requiere.

Es por ello que, el feminismo decolonial canario supone una herramienta clave para reflexionar sobre las islas con las gafas violetas y decoloniales puestas, así como para discutir el debate en torno a la identidad y la problemática de nuestra historia pasada y presente desde un discurso situado, empático, y actualmente, candente.

Conclusiones

Reconstruir la identidad de Canarias, como ya se ha recogido, no es un asunto de fácil abordaje, pero sí podemos romper con ciertas ideas inscritas en el imaginario colectivo que nos alejan de una realidad histórica, y nos sumen en un sueño mitificado de lo que somos. Contribuyendo así, nosotras y nosotros mismos, a un concepto no necesariamente equívoco pero que sí oculta realidades que se traducen en ciertas violencias hacia nuestros cuerpos y tierras, y que resultan imprescindibles para comprender, o al menos plantearnos, de manera más profunda e intensa todas esas cuestiones.

En suma, para poder dar respuesta o al menos arrojar luz sobre cuestiones candentes aún en la sombra, pero cada vez con más presencia en la esfera pública, resulta interesante comprender las islas entre la mitología que las envuelve y su historia, aún mucha por desempolvar. Estudiando, o al menos planteando, la construcción de la identidad desde un discurso atlántico y no continental, entendiendo el peso de la colonialidad y focalizando el discurso en la parte más invisible de las Islas Canarias, las mujeres, que son y han sido, en su mayoría, los cuerpos más explotados y exotizados dentro de nuestra propia historia.

Referencias bibliográficas

Graduada en Filosofía por la Universidad de La Laguna. Realizando Máster en Género y Políticas de Igualdad en la Universidad de Valencia.

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