la colonialidad en la novela canaria faycan

Una lectura decolonial de la novela canaria Faycán

Faycán es una novela del escritor grancanario Víctor Doreste, que todavía se puede conseguir en alguna librería con un envoltorio editorial naíf e infantil. Pero no hay que dejarse engañar por las apariencias, ya que este texto -publicado por primera vez en 1945 en el ocaso de la II Guerra Mundial- tuvo la valentía de tratar una serie de temas profundos y controvertidos en un contexto histórico marcado por la censura franquista, a la que pudo sortear gracias al disfraz de la fábula de animales.

Pero, ¿qué hace que Faycán sea tan especial? Entre otras cosas, su capacidad de transmitir cómo operan los sistemas de opresión, tanto coloniales como de género. La novela tiene múltiples lecturas, y es imposible abordarlas todas ellas en un solo artículo. Por ello, en esta ocasión nos limitaremos a llevar a cabo una lectura decolonial a partir de dos manifestaciones de la «colonialidad» identificadas en Faycán: la ambivalencia presente en la relación colonial establecida entre los hombres y los perros y las implicaciones vinculadas al empleo de la categoría «raza canaria» en el texto. No obstante, antes de comenzar con tal análisis, podemos acercarnos un poco más a la obra literaria de Faycán a partir de las siguientes líneas.

¿Qué nos cuenta Faycán?

Faycán es una fábula de animales que lleva el nombre de su protagonista, un perro que desde la vejez relata sus memorias en la isla de Canaria con el objeto de transmitir la Historia de la Caninidad, además de otras valiosas enseñanzas que en su juventud recibió de Cicerón. Faycán lleva una vida compartida con su manada en las cuevas y en los barrancos, siendo especialmente importante el barranco del Guiniguada por ser éste el lugar por excelencia donde estos perros callejeros disfrutan de su libertad. La pandilla vive de alguna u otra manera una existencia marcada por la dominación de los hombres que un día arribaron a la isla para colonizar una tierra donde anteriormente los canes vivían sin amos ni correas.

Faycán de Victor Doreste
Faycán de Victor Doreste

El punto decisivo en la vida de Faycán, aquel que activa su necesidad dramática, es su primer encuentro con Cicerón, un viejo y sabio perro que le revela la existencia de sus antepasados y le hace tomar conciencia histórica del hostigamiento sistemático de los hombres a los canes, a los que exterminaron y sometieron en su mayoría. Tras este encuentro con Cicerón, Faycán se cuestiona por su identidad y va a ver con un colega de su pandilla las ocho estatuas de bronce de sus antepasados en la Plaza de Santana, las cuales representan la resistencia a la dominación de los humanos. A partir de esta sucesión de momentos y emociones, surge la necesidad del protagonista Faycán de narrar su biografía como una forma de hacer efectiva la transmisión de la conciencia histórica de un pasado común a todos los canes y rescatar lo últimos ecos de la transmisión oral de la Historia, antes de que quede silenciada y caiga en el olvido. Así, la fábula de animales de Víctor Doreste que aquí analizaremos es -dentro de la ficción- ni más ni menos que la autobiografía de su protagonista, Faycán.

Faycán lleva una vida compartida con su manada en las cuevas y en los barrancos, marcada por la dominación de los hombres que un día arribaron a la isla para colonizar una tierra donde los canes vivían libres de correas y amos

Víctor Doreste
Víctor Doreste

La obra Faycán se inscribe generalmente bajo el género literario de la fábula de animales, pues responde a las características de los relatos con moraleja protagonizados por estos seres a los que se dota de comportamientos humanos. No obstante, y a pesar de las apariencias, Faycán no es una simple fábula de animales, pues esta obra alimenta y complejiza su estructura valiéndose de rasgos propios de otros géneros literarios. En este sentido, la descripción del interior psíquico de Faycán y el cuestionamiento existencial detonado por el encuentro con Cicerón nos remiten a la novela psicológica, así como la presentación de la biografía de Faycán en tres partes -que corresponden a sus tres grandes etapas vitales- guiadas por una actitud de formación y aprendizaje nos remiten al Bildungsroman o novela de formación. Por otro lado, la transmisión de la historia de la comunidad y de conocimientos tradicionales de manera oral así como la representación de unos marcos comunicativos que reproducen la figura de la asamblea nos remiten a diversas formas de la cultura oral. Finalmente, la narración de la autobiografía de un perro vagabundo nos llevan a pensar en las memorias apócrifas y en la picaresca, que también posee una estructura de falsa biografía y un cierto carácter ejemplarizante del texto.

En resumen, circunscribir el texto Faycán a la mera fábula de animales supone no sacarle todo el jugo que a esta obra se le puede exprimir. Y es que el sentido del texto se desplaza de la mera moraleja pedagógica hacia el ámbito ideológico. Una lectura atenta de esta obra nos permite darnos cuenta de esto y entender que Faycán no pretende transmitir una lección o una enseñanza moral al lector, sino invitarlo a reflexionar sobre su historia como comunidad y sobre su identidad como pueblo. ¿Por qué entonces esconder dicha intencionalidad bajo un fábula de animalitos? Pues muy sencillo, la selección del género marco de la fábula de animales permitió al autor insertar un mensaje ideológicamente construido en el contexto político de la posguerra franquista, como ya señalara en su día el hispanista senegalés El Hadji Amadou Ndoye.

Una lectura decolonial de Faycán

A grandes rasgos podemos decir que el pensamiento decolonial defiende que la colonialidad no concluye con el fin de la dominación política de un territorio y de unos sujetos sobre otros (colonización), sino que continúa en la intersubjetividad de los sujetos dominados. Y ello porque dichos sujetos han naturalizado e interiorizado las bases ideológicas que han sustentado las relaciones desiguales y han permitido la dominación de unos sobre otros y otras. Realizar una lectura decolonial de un texto supone desvelar estas bases o estas premisas aprehendidas para, con ello, cuestionarlas.

En el caso concreto de la obra que nos ocupa es posible aventurarnos a emprender una lectura decolonial de Faycán en tanto en cuanto en el texto existen diversos guiños a la Historia de Canarias y su pasado colonial, y por la centralidad que ocupa en el texto la relación colonial entre los personajes de la obra. En Faycán se sitúa el origen histórico de la estructura de dominación hombres-perros, a través del personaje de Cicerón, en unas coordenadas espacio-temporales concretas: «Un día, nefasto para nuestra raza, el hombre holló nuestro canino suelo. La piedra, antes inerte, volaba certera. Silbaba la honda y se astillaba el palo contra nuestros huesos. Cundía el hambre y se adiestraba el lazo […] En poco tiempo, las inmensas jaurías quedaron reducidas a unos cuantos perros que vagaban hambrientos por los secos barrancos». De esta manera, Victor Dorestes equipara a los hombres de su obra con los colonizadores europeos y a los perros con los indígenas que habitaban las Islas.

Una lectura decolonial de un texto supone desvelar los discursos que sustentan la inferiorización y dominación de los sujetos colonizados para, con ello, cuestionarlos

Así, la clasificación social de los sujetos presente en Faycán responde a la política expansionista europea fundada en el etnocidio que consiguió suplantar al sujeto-comunidad histórico que ejercía previamente el control de los diferentes ámbitos del poder en la Isla Canaria: los canes canarios. Pues, como afirma Cicerón, «hace mucho tiempo, tanto que en él han nacido y muerto cien generaciones, esta isla en que ahora vivimos era el paraíso nuestro. Se llamaba Canaria, porque, en aquella remotísima época, nos llamaban canes, que no perros. Aquel nombre, como habrás observado, sonaba mucho mejor. Antes de que el hombre hollara con su inmunda bota esta isla afortunada». Y precisamente la asociación entre «Canaria» y «canes» adquiere una referencialidad histórica que remite al primer dato firme y seguro sobre la existencia de las Islas Canarias, que llega con la expedición enviada por Juba, rey de Mauritania bajo el Imperio de César. Dice Juba por boca de Plinio en su Historia Natural, que «se llama Canaria, por el gran número de canes de enorme tamaño que allí se crían -dos de los cuales se los ofrecieron a Juba». Por tanto, el origen etimológico de Gran Canaria, lugar donde transcurre de manera transpuesta la acción en Faycán, se encuentra en los perros de grandes dimensiones que poblaban la isla. Todo ello nos indica que la Isla Canaria es, en realidad, la actual Gran Canaria.

En el presente artículo las manifestaciones concretas de la colonialidad que analizaremos de Faycán son dos, como ya adelantábamos al principio. En primer lugar, las causas de la ambivalencia de la relación colonial entre los hombres y los perros, vinculados simbólicamente con las figuras del colonizador europeo y del canario colonizado; una relación contradictoria en el que los papeles de buenos y malos no quedan totalmente prefijadas y estables. En segundo lugar, el empleo de la categoría «raza canaria» en la obra, concepto controvertido y cuanto menos cuestionable, que bebe del discurso eurocéntrico de la raciología, vigente en el momento histórico en que nace esta obra.

La ambivalencia de la relación colonial

La ambivalencia de la relación colonial viene a querer decir que en Faycán los colonizadores (hombres) no son siempre los malos malísimos, ni que los colonizados (perros) son siempre los buenos buenísimos. Generalmente se estereotipan los diferentes sujetos con identidades fijas que naturalizan ciertos valores y actitudes que le son inherentes a una u otra categoría de sujetos. Lo interesante del texto es que Víctor Doreste introduce elementos que permiten cuestionar esto en Faycán, pues algunas veces los amos aparecen como seres crueles y otras como amigos, compañeros o cuidadores cariñosos de los canes. Igualmente los perros no se comportan en todo momento y en cualquier situación como seres que ansían la libertad y se solidarizan con los otros miembros de su especie. Así la dicotomía jerarquizada hombres-perros, lejos de estabilizarse, se comporta de manera contradictoria a lo largo de la trama.

En este sentido, aunque el hombre sea “naturalizado” como esencialmente malo desde la perspectiva de los canes, en ocasiones funge como ayudante. Asimismo, los canes de la pandilla, incluido Faycán, llevan dentro de sí a un oponente. Tal como confiesa Faycán al final de la segunda parte, «veo delante de mis ojos, aunque los cierre, las grasientas manos del amo de Rebenque y aquella otra, peluda, que un día me salvara de la muerte: la del amo de Caifás». Faycán establece una distinción entre la figura del amo de Rebenque, representado en el texto como un borracho maltratador, y la figura del amo de Caifás, que lo salvó de la muerte. Por su parte, la frase «los perros hemos nacido para lamer la mano del amo» representa la interiorización del discurso colonial de los hombres por parte de los perros, interiorización que tiene como objetivo principal la construcción de la población colonizada [los perros] como racial y/o culturalmente inferior al colonizador [los hombres] para así poder justificar su sometimiento y establecer sistemas de administración e instrucción que los sujeten al control imperial.

La razón de esta interferencia que desestabiliza la articulación entre oponente-hombres-colonizador y ayudante-perro-colonizado, al conllevar una relación colonial, parece dilucidarse en la afirmación de Memmi: «el lazo entre el colonizador y el colonizado es así destructor y creador. Destruye y recrea a las dos partes de la colonización como colonizador y colonizado: el primero queda desfigurado como opresor, ser parcial, asocial, únicamente preocupado por sus privilegios y su defensa a cualquier precio; el otro lo es como oprimido, coartado en su desarrollo, pactando con aquello que le aplasta». Así y de esta manera, aunque la violencia colonial de los hombres sobre los canes canarios es vivenciada cotidianamente por Faycán y su pandilla, la realidad es que la relación colonial transforma tanto al ser que es colonizado como el ser que coloniza. Ello significa que ni el colonizador permanece indemne frente a la acción colonial, ni el colonizado puede ser reducido a mera opresión o resistencia.

Ni el colonizador permanece indemne frente a la acción colonial, ni el colonizado puede ser reducido a mera opresión o resistencia

Además, la relación entre los hombres y los perros dentro del texto encaja de manera sorprendente dentro de la teoría de la ambivalencia del discurso colonial propuesta por Homi Bhabha. Para él, el discurso colonial funciona de manera ambivalente donde el “Otro” es a la vez objeto de desprecio y de deseo en un movimiento simultáneo de negación y de identificación con ese “Otro”. Tal planteamiento se va a apoyar en una concepción del proceso de identificación individual como un fenómeno según el cual los sujetos se reconocen a sí mismos a través de la mirada del “Otro”.

En Faycán, la ambivalencia presente en el binomio hombres/perros se manifiesta claramente y de manera explícita a través del sueño que Faycán tiene al final del segundo capítulo de la tercera parte. En él, los perros dan órdenes y los amos obedecen. «Una hermosa y bien repleta canana adorna mi cintura; y una escopeta descansa sobre mi hombro. Los pocos hombres que se van por el barranco caminan a cuatro patas; en cambio, nosotros, los perros, vamos erguidos y altaneros. Cuando disparamos, los chicos nos traen en la boca las piezas cobradas. ¡«Échate»! -le ordeno a un hombre de manos velludas-. Y al punto, me obedece. Existe una gran plaza donde reposan su sueño ocho hombres de bronce».

El colonizado [el perro] se construye a sí mismo asumiendo la imagen de sí que procura la adopción del punto de vista del colonizado

La descripción de este sueño representa el deseo de Faycán de ocupar el lugar del hombre, ya que, tal como afirma Bhabha, el intercambio de miradas entre el colonizado y el colonizador que estructura su relación psíquica se sustenta «en la fantasía paranoide de la posesión sin límites y su conocido lenguaje de inversión [donde] el deseo colonial siempre se articula en relación con el lugar del Otro». Así, el colonizado [el perro] se construye a través de las representaciones del colonizador [el hombre], al tiempo que éste se construye a sí mismo asumiendo la imagen de sí que procura la adopción del punto de vista del colonizado.

En este sentido, al subvertir los códigos comportamentales de las categorías perros-hombres el conquistador es despojado de su condición humana para entregársela a los perros, que la practican con la misma violencia y degradación que los hombres. La “humanidad” asumida por Faycán es así representada por la posesión de un arma, el caminar erguido con actitud altanera y el dar órdenes, mientras que la “caninidad” es representada por el caminar a cuatro patas, el trabajar para el hombre cazando y el obedecer las órdenes del amo. Este proceso de identificación produce un fenómeno simultáneo de escisión y duplicación. De escisión en tanto deseo de seguir siendo uno mismo y de ser como otro, ya que la fantasía del colonizado es ocupar el lugar del colonizador y hacerlo, precisamente, de modo vengativo. Y de duplicación en tanto deseo de ocupar dos lugares a la vez, pues a pesar de ansiar tener los privilegios y ejercer el poder de la misma manera que lo hace el colonizador, el colonizado quiere mantener la identidad que lo caracteriza como ser oprimido y en resistencia.

Resulta acertado finalizar este análisis con las palabras de Paulo Freire cuando asevera que «la superación auténtica de la contradicción opresores-oprimidos no está en el mero cambio de lugares, ni en el paso de un polo a otro. Más aún: no radica en el hecho de que los oprimidos de hoy, en nombre de la liberación, pasen a ser los nuevos opresores».

La superación auténtica de la contradicción opresores-oprimidos no está en el mero cambio de lugares

La idea de raza

Las ideas de «raza canaria», mestizaje y pureza racial en Faycán están muy presentes y determinan la identidad de los personajes, sus acciones y la relación desigual que establecen entre ellos. La manera en la que es tratada esta idea de raza naturaliza ciertos comportamientos, valores morales y actitudes en función de si los personajes de la novela son percibidos como de “pura raza canaria” o “mestizos”, estableciéndose una jerarquía entre buenos y malos. Así es como funciona, ni más ni menos, el racismo. Pero, ¿de dónde saca Víctor Doreste estas ideas que plasma en Faycán? Como veremos más adelante, estas ideas tienen su origen en la raciología, que impulsó el estudio físico de los canarios durante el siglo XIX, y en la psicología de los pueblos, ideas que seguían vigentes durante la época en la que Víctor Doreste se formó y escribió la novela. Pero, ¿Víctor Doreste introduce estas ideas para reproducirlas o para que el lector las cuestione? La respuesta a esta pregunta es difícil. Pero lo que sí es cierto es que la novela representa de manera muy acertada cómo estos discursos afectan a Faycán en el proceso de construcción de su identidad al ser mestizo (madre canaria y padre inglés) e idealizar la “pureza racial” de “sus antepasados”. Y es esto precisamente, a mi entender, lo que permite al lector construir una mirada crítica sobre dichas ideas.

El tema de la raza en Faycán cobra una especial importancia a partir del discurso étnico-identitario que Cicerón da de la Historia de la Caninidad donde la idea de raza canaria es vinculada al parecido físico. En este discurso Cicerón inocula en Faycán la idea de que es descendiente del Gran Faycán, uno de los ocho antepasados que descansan en la Plaza de Santana en forma de estatua de bronce. “No te llenes de orgullo; y oye su nombre: Faycán. El Gran Faycán. […] Yo me enorgullezco de conocerte, descendiente bizniestísimo del gran paladín». Aquí, Faycán halla un punto de referencia paternofilial alternativo a su padre biológico inglés, lo cual opera como una “suspensión” momentánea de su condición mestiza. La idea de descender del Gran Faycán y de una madre de “pura raza canaria” le obnubilan.

Las ideas de «raza canaria», mestizaje y pureza racial en Faycán están muy presentes y determinan la identidad de los personajes y la relación desigual que establecen entre ellos

A continuación, Cicerón añade que la resistencia se dividió en dos bandos: los que decidieron seguir luchando por su libertad, capitaneados por el Gran Faycán, y los que se entregaron al amo, encabezados por un perro mestizo llamado Caifás. La homología histórica vendría dada por los llamados canarios “alzados” y los que ofrecieron vasallaje a los castellanos y se integraron en la nueva sociedad colonial. El primer grupo es calificado por Cicerón como heroico y de pura raza, y el segundo grupo es calificado como despreciable y mestizo. En este sentido, Cicerón esencializa la sumisión, la traición y la cobardía en la idea de mestizaje racial simbolizado en el antepasado Caifás, lo cual resulta bastante problemático para Faycán. Su condición mestiza y la idealización de una herencia y de un pasado, le remite tanto al Gran Faycán como a Caifás. Por ello, Faycán afirmará tras el encuentro con las estatuas de bronce de la Plaza de Santana que su vida había quedado dividida en dos mitades debido a dos hechos: la revelación de sus antepasados y su origen familiar.

Esta ambivalencia que sufre Faycán en el proceso de construir su identidad es el resultado de la interiorización de una serie de discursos atravesados por la colonialidad, ya que se percibe la influencia de la psicología de los pueblos y del paradigma raciológico. Pero, ¿en qué consisten estos discursos y qué influencia tuvieron en el contexto canario? A partir de las investigaciones del antropólogo Fernando Estévez González, se puede afirmar que en el siglo XIX la influencia del concepto de «raza guanche» se debe en gran medida a la introducción del paradigma raciológico por parte del cónsul francés Sabino Berthelot en el estudio de la antropología física del canario. Si anteriormente, el mito ilustrado del «buen salvaje», del «buen guanche» de Viera y Clavijo, sólo fue posible en la presunción de que ya habían dejado de existir, Berthelot va a refutar la tesis de Viera al afirmar que «el guanche no ha muerto, es más, ha pervivido constituyendo la mayoría de la población de las Islas».

Esta hipótesis de partida, a la luz del paradigma raciológico, se tradujo en afirmar que la fisonomía y carácter del guanche se había reproducido generación tras generación en la población canaria después de la conquista. De esta manera, Estévez González señala que «bastaba con realizar el retrato físico y psicológico de los canarios actuales para obtener, por extrapolación, el de los guanches. En esto consistió, sencillamente, el descubrimiento de Berthelot y no deja de ser fascinante que haya sido el retrato del guanche más sólidamente implantado hasta la actualidad»

Así, igual que para Sabino Berthelot «la hospitalidad más franca, la veneración por la ancianidad, el respeto filial, el amor al país y a sus parientes, […] son las virtudes hereditarias que legaron los guanches a sus nietos», en Faycán cada uno de los ocho antepasados de bronce de la plaza de Santana va a ser portador de un eslabón caracteriológico distintivo del can de “pura raza canaria”. En este sentido, Aterura responde a la humildad, Mogano a la bondad y la reflexión, Doramas a la longevidad, Tindaya a la fidelidad, Bentayga a la fortaleza, Tenoyo a la nobleza y la prudencia, Tirajano a la justicia y el Gran Faycán, al esfuerzo y al arrojo.

La novela representa de manera muy acertada cómo los discursos de la raciología y la psicología de los pueblos afectan al proceso de construcción de la identidad de Faycán y las consecuencias que esto tiene

Plaza de Santa Ana, Gran Canaria
Plaza de Santa Ana, Gran Canaria

En este planteamiento se perciben las huellas que conducen a las ideaciones de las estructuras básicas de la psicología de los pueblos, que se inventa a partir del planteamiento de la identidad racial en el último tercio del siglo XIX, pues como afirma Estévez González si la biología aplicó las taxonomías raciales para clasificar las poblaciones agrupados por sus características físicas hereditarias, la psicología intentó por su parte establecer tipologías caracteriológicas que han dado lugar a un sinfín de estereotipos étnicos y nacionales.

Todas estas ideas y discursos estaban vigentes en el contexto en el que Víctor Doreste se forma y escribe Faycán. De hecho, el entorno cultural de Víctor Doreste va a estar marcado en parte por la Escuela de Artes Decorativas Luján Pérez, fundada y dirigida por Domingo Doreste, su padre. Entre los temas favoritos de los alumnos de la Escuela se encontraba el paisaje y el tipo humano del sur de Gran Canaria y las referencias culturales del mundo indígena que conocían en el Museo Canario, con el que la Escuela colaboró estrechamente. Este contacto de Víctor Doreste con el Museo Canario no es baladí, ya que Sabino Berthelot fue uno de sus primeros donantes, y Chil y Naranjo uno de los fundadores y primer director del Museo Canario, dos exponentes del desarrollo del paradigma raciológico en Canarias. Por todo ello, cabe pensar que estos discursos estaban vigentes en la formación socio-cultural desde la que Víctor Doreste lleva a cabo el proceso de creación de Faycán.

Conclusión

Pese a la calidad literaria de Faycán, la crítica y el sector editorial no le han prestado la atención que merece, salvo por el excepcional e indispensable análisis llevado a cabo por el hispanista senegalés El Hadji Amadou Ndoye en su tesis doctoral Le roman canarien des années 70 (1970-1985), presentada en la Universalidad de Toulouse en 1998. El texto Faycán se inscribe a su vez en la narrativa de Víctor Doreste, autor marginado dentro de las letras canarias debido, posiblemente, a su limitada producción, a la heterogeneidad expresiva de su obra, a su rechazo a adherirse a grandes movimientos literarios y políticos, y a la tradicional infravaloración que han sufrido los géneros en los que se inscribe su narrativa editada, la fábula de animales Faycán (1945) y las memorias autobiográficas Recuerdos de niñez y juventud (1965).

En este sentido, las razones que avalan la necesidad de atender la narrativa de Víctor Doreste desde la crítica literaria las encontramos en su originalidad, su actualidad, su vocación popular y su amplitud de sentido. Por todo ello, se ha considerado relevante no sólo llevar a cabo una lectura decolonial de este texto, sino también de acrecentar el interés que merece la narrativa de Víctor Doreste dentro de la literatura canaria y con la esperanza de que en un futuro próximo se publiquen sus dos novelas inéditas: Calibán y Silencio en Hoya Capa.

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