Entrevista | Alegando con Sara Socas: «El free me gusta mucho más que las batallas»

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Fuimos a ver a Sara Socas durante la prueba de sonido de su concierto en Tenerife, a finales de septiembre. En junio, Socas compitió en la Batalla de Gallos de Red Bull 2019, la más importante a nivel nacional, y tras su paso por ella, no sólo se convirtió en uno de los mayores referentes del Freestyle (el estilo de rap en el que todo es improvisado) en Canarias, sino en una de las representantes más destacadas de España y Latinoamérica.

Mientras esperamos a que acabe la prueba de sonido para entrevistarla, un técnico le pregunta algo por el pinganillo y ella le responde riendo: “no sé lo que quiero, es mi primer bolo”. En el concierto de esa noche se estrenará como cantautora. Sin embargo, en cada frase y en cada gesto, Sara se mueve por el escenario como pez en el agua.

¿Cómo llegaste al mundo de la música y al de las batallas de gallos?

Desde pequeña comencé en la escuela de música del pueblo, en clases de guitarra clásica, y cantando un poco. Me di cuenta de que cantar era algo que me gustaba, pero el coro me daba mucha vergüenza. Después, desgraciadamente, cerraron la escuela de música cuando llegó la crisis. Entonces seguí por mi cuenta: aprendiendo con Youtube a tocar las canciones que me gustaban, cantando con mis colegas… y ya cuando llegué a la universidad cambió todo. En Madrid me atreví, por primera vez, gracias a toda la gente que me rodeaba y que me animaba, a dar algún bolito en un bar. Cositas muy pequeñas, pero que para mí en aquel momento eran muy grandes.

Sobre las batallas de gallos, yo he escuchado rap desde siempre, pero no me veía a mí rapeando. Fue cuando estaba en segundo de carrera que, por la cara, llegaron un montón de novatos que rapeaban. Me puse con ellos y me enseñaron cómo se fluía en las bases, los distintos tipos que había, las batallas, quiénes les gustaban… y me volví adicta, te lo juro. Empecé con ellos todo ese año, de vacile, y luego ya me apunté a batallas de gallos en la calle… y así fue, poco a poco. Un poco por casualidad.

¿Cómo te preparas las batallas?

Pues, hombre, lo suyo es no prepararse las batallas, pero a algunos no les queda claro [risas]. Sobre todo es entrenar: en casa, con los colegas y en las propias batallas. Al final es adquirir vocabulario, porque ahora hay un nivel de exigencia muy alto, con temáticas complicadas. Por ejemplo, en Red Bull este año pusieron “oligopolio digital” y temáticas de ese tipo que hicieron que muchos gallos que son buenos incluso se quedaran descolocados, porque era como “Dios, ¿y cómo hablo de esto?”. Yo creo que hay que prepararse culturalmente, estar al tanto de la actualidad e intentar aprender lo máximo posible para que nada te pille de sorpresa.

Hay que prepararse culturalmente, estar al tanto de la actualidad e intentar aprender lo máximo posible para que nada te pille de sorpresa

Y, de esa forma, no quedarte bloqueada…

Sí, el mayor miedo de todo freestyler es quedarse en blanco, o soltar algo que realmente no le guste. Es lo peor que te puede pasar en el escenario o en una batalla, más allá de ganar o perder.

¿Cómo fue tu paso por la Red Bull?

Fue intenso. Yo me empeñé en que quería probarlo, y era más bien un desafío personal y ya está. En ningún momento me esperé toda la repercusión que iba a tener ni todo lo que me iban a subir los seguidores. Incluso me lo hubiera pensado dos veces, o hubiera ido un año después, sinceramente. Pero bueno, abrazo la oportunidad que se me dio. Y estoy bien, o sea, creo que lo podría haber hecho mejor pero que también, para ser la primera vez, estuvo guay. Toda la gente que conocí, lo que aprendí… eso no me lo quitan.

¿Y cómo llevas esa repercusión que has tenido tan de repente?

Pues a mí me agobia un poco, sinceramente, porque ahora a cualquier evento de rap que voy la gente me conoce, o, sobre todo, de fiesta, porque son todo gente de mi edad, un poco menos o un poco más… Hay mucha gente a la que le gusta el freestyle hoy en día. Y es muy raro estar de fiesta con tu cubata y que de repente te venga un grupo de ocho chavales diciéndote: “improvísate algo, sácate una foto…”. Pero bueno, bien.

¿Cómo es abrirse camino en un ambiente tan masculino como el de las batallas?

Está bien [risas]. Es un arma de doble filo. Por una parte te van a llover un montón de críticas, estás en el punto de mira porque siempre eres alguien que llama la atención, lo quieras o no. Porque si hay veinte chicos y solo hay una chica, es como “wow”.

Yo realmente noto que la crítica tóxica viene más de fuera. Porque con los gallos muy bien, todos me apoyan y me dan consejos. Creo que gracias a eso es por lo que sigo ahí, porque me he juntado con gente muy buena a nivel profesional y a nivel personal.

¿Qué hace falta para que cada vez haya más mujeres en el freestyle?

Lanzarse. En Latinoamérica ya están más acostumbrados a ver a chicas rapeando, pero en España no tanto. Está Erika Dos Santos y nadie más, hace diez años estaba Jess… Pero yo sinceramente me siento bien con ser pionera, es decir, no me lo tomo tanto a que tengo que reventarlo, sino más bien a que tengo que dar un nivel lo suficientemente bueno como para que haya chicas que estén en sus casas y digan “yo quiero hacer esto” y “se puede hacer porque la estoy viendo ahí, sobre el escenario” y “el próximo año o en dos años lo voy a hacer”. Y cuando recibes mensajes de chicas diciendo que les gusta y que quieren apuntarse es algo que te motiva para seguir adelante y abrirles camino.

En Latinoamérica ya están más acostumbrados a ver a chicas rapeando, pero en España no tanto

¿Cómo estás viviendo el salto a interpretar tus propias canciones?

Tenía ya muchas ganas porque, quieras que no, el free me gusta mucho más que las batallas. Hago batallas porque al final es lo que funciona, es lo mediático, el espectáculo, lo que mueve a la gente a pagar una entrada y a moverte por diferentes sitios de España o incluso de Latinoamérica. Pero a mí lo que me gusta es el free y la música. Me gusta que me pongan una base, o unos músicos, y soltar mi paranoia mental. Pues lo mismo al escribir.

La parte más difícil quizás han sido mis rayadas por establecerme en un género musical, pero creo que hoy en día tampoco es lo más importante. Es decir, mira Rosalía, que tan pronto se marca un reguetón como una canción super épica de flamenco. Creo que es probar. Si te estableces en un género en algún momento, bien, y si no, pues p’alante igualmente.

¿Cómo ha sido la experiencia de dar talleres de rap para jóvenes en Madrid?

Estuvo muy bien. De hecho, el segundo cuatrimestre no fui a clase prácticamente, las dejé para junio, y no me arrepiento. No fue como “lo dejo porque soy una vaga y no quiero hacer nada”, sino por aportar a un proyecto como el que hice. Te enseña un montón trabajar con chavales. Además, son chavales en riesgo de exclusión social, que tienen muchos problemas familiares, económicos, de integración (por ser de otra etnia o por no saber hablar español)…

Al final te das cuenta de que para llegar a esos jóvenes no puedes sentarte y decirles “esto es el feminismo” o “esto es la desigualdad” o “esto es la injusticia social” o “esto es la pobreza”. Te mandan a tomar viento, porque tienen cosas más importantes en las que pensar. Pero si entras con el rap a enseñarles lo que tú consideras, ya no a adoctrinarles, sino a hacerles pensar, eso les entra muchísimo. Clases de chavales de 14 ó 15 años que nunca han hecho caso a nadie, siempre la han liado en los institutos y, de repente, los tienes callados dos horas escuchándote, y ellos hablando contigo de su historia. Está muy guay.

¿Qué artistas te influyen musicalmente?

De todo, y creo que eso es bueno también para aprender realmente qué quiero hacer. Escucho desde Rels B y gente de aquí, como Don Patricio, Maikel Delacalle… hasta Nathy Peluso. Ese es el rollo urbano que me gusta. También Kase.O, que es un referente para todo el mundo del rap, yo creo. Y luego Tracy Chapman, Joaquin Sabina, Serrat… hasta El Canto del Loco, o sea, es que escucho un poco de todos los géneros.

¿Cuáles son los freestylers que más admiras?

A mí Bnet me flipa. Simplemente esa manera de ir soltando las palabras, un montón de palabras diferentes, y que a la vez no sea sólo métrica sino que meta mensajes, me parece una combinación brutal de dominar vocabulario y tener claro lo que quieres decir y cómo lo quieres decir. Totalmente admirable.

¿Cómo valoras el panorama actual del freestyle en Canarias?

Creo que en Canarias hay mucho más nivel de lo que la gente se piensa, y me gusta que ahora está resurgiendo. Estamos en el mapa. Por ejemplo, en abril se hizo aquí la Batalla de Maestros de Urban Rooster. Eso antes no se hacía nunca, directamente nadie apostaba por ello, sobre todo por el coste de venir hasta aquí, o de llevar a un rapero de aquí a competir a la península. Pero creo que es algo que está cambiando con Nielo, con Tazz Yeah y conmigo (que hemos sido los tres que estamos en Red Bull), y con Kharma también, que es una chica que le da muy duro. Todo eso está haciendo que la gente valore que aquí también hay talento. Por muy lejos que estemos, también estamos dentro.

Creo que en Canarias hay mucho más nivel de lo que la gente se piensa, y me gusta que ahora está resurgiendo. Estamos en el mapa

Si estuvieses en un cargo de responsabilidad en el área de cultura de algún Cabildo o del Gobierno de Canarias, ¿qué medidas tomaría para incentivar el freestyle y de otros géneros urbanos en Canarias?

Lo primero, sobre todo, apostar por lo local. Si en tu pueblo o en tu barrio hay gente que está sacando canciones o haciendo freestyle, creo que debería estar en el cartel y tener oportunidades para hacer sus bolos.

Creo que proyectos similares a los talleres que yo impartí también son buenos, ya sea para chavales en riesgo de exclusión social o no. Pueden ser de música urbana, de producción, de composición simplemente, de escritura… Al fin y al cabo, hay chavales a los que les gusta música de todo tipo, por lo que hay mil maneras de llegar hasta ellos.

No deberíamos ver las batallas de gallos como algo negativo, porque a veces muchos chicos están aprendiendo vocabulario a raíz de ellas más que por las propias clases por las que igual no sienten interés. Hay que estar pendientes de eso, y darle cabida en los eventos. En mi pueblo [en Tenerife], por ejemplo, se hizo una batalla de gallos en las fiestas de abril, algo que nunca antes se había hecho. Entonces creo que, por ejemplo, el hecho de que existan figuras como Tazz, o como yo, hace que se deje de ver como algo raro, turbio o de barrio, y se vea como lo que realmente es: una expresión artística.

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