Entrevista | Alegando con Jep Meléndez

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No es casualidad que la entrevista con Jep Meléndez (Barcelona, 1972), bailarín, percusionista corporal y coreógrafo, fuera sobre las tablas del Teatro El Sauzal, en Tenerife. El recinto está muy ligado a personalidades importantes para su trayectoria, como Carlos Belda y Fefi Suárez, además de haber acogido el estreno de varias de sus obras, como À l’unisson o Cambuyón. La segunda, de hecho, vuelve el sábado 15 de febrero al mismo teatro tras siete años de giras internacionales.

Bajo este marco tan inspirador, aprovechamos para hacer balance de la trayectoria de Jep, reivindicar el ritmo y la transgresión en el arte contemporáneo y reflexionar sobre el panorama cultural del archipiélago.

¿Cómo fueron tus inicios en la danza percusiva?

Yo empiezo a hacer cositas con dieciocho años. Todo vino de cuando vi un anuncio de Michael J. Fox en el que tira una lata de Pepsi y hace así [chasquea con los dedos imitando el sonido de una lata siendo aplastada]. Ahí empiezo un poco a jugar. En Barcelona no existía la percusión corporal ni el body music ni nada, así que yo jugaba a inventar mis propios ritmos.

Después, con veintipico años, empiezo a tomar clases de claqué porque una amiga se apunta y me lo dice. El claqué es lo que básicamente me da la “formación reglada”. Mientras voy creando mis cosas de percusión corporal, hasta que empiezo a dar clases y a dar estructura a lo que sé, que es algo que a mí no me ha explicado nadie. Después de eso, empiezo a ir a Nueva York intermitentemente a tomar clases de claqué, y en paralelo, a complementarlo con algo de percusión con Enildo Rasua [percusionista cubano], algo de afrocubana, algo de clásico, algo de jazz…

¿Qué tiene la danza percusiva que no tenga otro tipo de danzas?

Mi familia es de origen andaluz y recuerdo que mi abuelo siempre escuchaba flamenco por la radio antes de dormir. A mí siempre me ha atraído mucho el flamenco, o la danza percusiva del flamenco. Mi abuelo decía: “qué le pasa al niño éste, que siempre está zapateando en el pasillo”. Esa mezcla de lo visual y lo sonoro para mí era muy interesante, muy llamativa. Hay una definición de Chris Terry que me encanta: “música que puedes ver, danza que puedes oír”.

Hay una definición que me encanta: «música que puedes ver, danza que puedes oír»

Después de 29 años practicando y enseñando danza percusiva, ¿qué sistema pedagógico has desarrollado para tus clases?

Yo enfoco la enseñanza desde el punto de vista de la danza, no de la música. Por eso mi estilo, como el de Leela Petronio [bailarina francesa], por ejemplo, es un poco diferente. No solo usamos el cuerpo como instrumento sonoro, sino también para transmitir algún tipo de emoción o sentimiento visualmente.

¿Somos realmente conscientes de las posibilidades sonoras de nuestros cuerpos?

No. No somos conscientes ni de las capacidades rítmicas que tenemos y de lo que nos aporta el ritmo. Yo doy una charlita últimamente que se llama “El cuerpo como instrumento”, que al principio es muy obvia, pero después explico la capacidad del cuerpo de asimilar otras disciplinas. Hay metodologías con percusión corporal para enseñar matemáticas, por ejemplo, o para tratar la dislexia o el Asperger…

A medida que vamos trabajando el ritmo, se van abriendo ‘ventanitas’ de control corporal. Todo nuestro cuerpo funciona de manera rítmica, desde el corazón hasta la respiración. Hay gente que viene a mis cursos no pretendiendo llegar a ser percusionistas corporales, sino simplemente porque controlar el ritmo les ayuda en su día a día.

En 2007 montas Terekitetap, junto con Carlos Belda, Jonathan Rodríguez y Fátima Rodríguez. Háblanos más de este espectáculo.

Terekitetap es una mezcla de folclore con percusión corporal, claqué, baile sobre arena e instrumentos que no son percusivos, o que pueden llegar a ser cotidianos, como una zaranda.

El espectáculo funcionó muy bien. Dimos la vuelta al mundo, estuvimos muchísimos años trabajando y representando al Gobierno de Canarias por los cinco continentes, desde Shanghai a Australia. Yo ya había hecho algún espectáculo puntual, como Gläss, pero éste es el primer espectáculo que hago con cierta trayectoria.

En 2012, con Cambuyón, inicias un viaje escénico por los intercambios culturales de la danza y la música.

Es el segundo espectáculo de largo recorrido que hago. Carlos Belda [actor y director de teatro] y yo teníamos esa inquietud de hacer un espectáculo percusivo, tipo Mayumana, pero contando una historia. Estamos dos años investigando sobre los viajes rítmicos, nos vamos a Newcastle (Reino Unido) para entender el clogging, a San Francisco (EEUU) para imbuirnos del International Body Music Festival (IBMF)… y finalmente, en el 2012, creamos Cambuyón.

Cambuyón es una especie de viaje por diferentes puertos donde nacen ciertas disciplinas percusivas o urbanas, desde África a Sudamérica, o Norteamérica con el claqué, Irlanda con el clogging… y de cómo después eso lo entendemos y lo reinterpretamos nosotros. Es decir, cómo yo, que soy blanco, español, y estudié en Nueva York, adapto un estilo claramente afroamericano como es el tap a mi territorialidad, mi genética, mi cultura, mi background…

Y nos gustaba mucho la palabra ‘cambuyón’ porque es una canarización de una expresión inglesa. Cuando una palabra se transforma de esa manera, hay un intercambio, no sólo de bienes, sino de cultura.

Es responsabilidad nuestra, como artistas de disciplinas contemporáneas, dotar de otros ingredientes a nuestras creaciones

¿Qué puedes contarnos del proyecto Body Music?

En el 2010, Leela Petronio, que conozco desde hace veinte años (y es una de las personas más importantes de mi vida artística y personal), me llama para ir a Francia a trabajar con ella en un espectáculo. Allí coincido con Chris Terry [director del International Body Music Festival (IBMF)] y Fernando Barba, director de Barbatuques [compañía brasileña de percusión corporal], y me invitan a ir al IBMF. Así es como arranca mi participación en el festival por casi ocho años.

Es un festival que cada año se hace en una ciudad del mundo (en Turquía, Grecia, Bali, Italia…) y, bianualmente, vuelve a su casa, que es Oakland (California). Después de muchos años trabajando con Chris Terry, decidimos armar un espectáculo sólo de percusión corporal [llamado Body Music] que justamente estrenamos en este teatro donde estamos ahora, en El Sauzal. Luego hicimos un poco de gira y se convirtió en una experiencia muy buena a nivel artístico, en la que todos crecimos mucho y nos empapamos de los estilos de cada uno.

Háblanos ahora de À l’unisson.

Es otra de las cosas que hacía tiempo que quería hacer. Leela Petronio y yo nos planteamos esta idea de À l’unisson, que viene de una palabra francesa que significa ‘poner en común’. Partimos del significado musical de la palabra y lo aplicamos a la vida (al unísono con uno mismo o con los demás), y de paso tocamos las redes sociales (el unísono que se convierte en la unipersonalidad y el aislamiento).

Contamos con Daniel Luka, un bailarín de claqué espectacular de Düsseldorf (Alemania), Ludovic Tronché, un bailarín francés de hip-hop, y Leela Petronio, que hace claqué y percusión corporal. Hacemos un viaje sobre lo que significa para cada uno el ‘unísono’ y cómo eso se refleja en nuestra forma de bailar. El resultado es un espectáculo que mezcla vídeo, danza, música y cuatro idiomas: alemán, francés, inglés y español.

Y lo estrenamos aquí también, en este teatro. El Sauzal siempre ha sido como una casa, por estar tan ligado a Carlos Belda y a Fefi Suárez (directora de Faros de Silencio), que son de aquí. Y yo siempre he estado aquí, hemos acabado las producciones aquí, las hemos estrenado aquí casi siempre… Es nuestro sitio “fetiche”.

Tus espectáculos siempre son un diálogo entre formatos, disciplinas, culturas….

Es responsabilidad nuestra, como artistas de disciplinas contemporáneas, dotar de otros ingredientes a nuestras creaciones para hacerlas más atractivas. Sobre todo porque es lo que vivimos en nuestra cultura actual.

Siempre dije que lo que se hacía en el claqué hace cincuenta años, dentro de otros cincuenta se seguirá haciendo. Aunque sigan existiendo cosas “puras” (flamenco puro, claqué puro…) es nuestra responsabilidad abordar otros terrenos, dialogar, mezclar disciplinas, pisar otros campos y tocar tangencialmente otros estilos de música, de danza o de arte escénica.

De hecho, en septiembre de 2019 estuviste actuando con Benito Cabrera. ¿Cómo fue la experiencia?

Trabajar con Benito es un placer, porque es uno de los interlocutores válidos que siempre he encontrado aquí: una persona con la que puedes hablar de cultura, de danza, de cine… Con Carlos Belda y con Fefi, por ejemplo, me pasó lo mismo. Es algo que me interesa mucho en las relaciones creativas y que enriquece mucho.

Con Benito trabajé en el 2008, luego hubo un parón, y el año pasado nos volvimos a encontrar por casualidad en El Hierro. Decidimos hacer un espectáculo para Mapas, y de ahí surge la idea de hacer un diálogo para la Fundación César Manrique. Para mí es una vuelta al folclore, que había dejado aparcado después de Terekitetap, con mucha responsabilidad y a lo grande, por ser con Benito.

Creo que este diálogo es lo mejor que hemos hecho. Nos desnudamos de lo demás y estamos él y yo, con Tomás Fariña a la guitarra para darle un poquito de armonía y ayuda melódica. Es un diálogo de lo que somos nosotros, de lo que hacemos, de lo que creemos, de cómo Benito se acerca con el timple al claqué y yo me acerco al folclore con lo contemporáneo. Hay una frase por ahí que lo define muy bien: “un diálogo entre tradición y transgresión”.

Desde que empezó la crisis, la cultura es lo primero que recortan

¿Cómo valorarías el panorama actual de las artes escénicas en Canarias?

Todos los creadores vivimos en una precariedad laboral muy fuerte. Desde que empezó la crisis, la cultura es lo primero que recortan. Tenemos que saber de todo: yo he hecho iluminación, tenemos que hacer los dossiers… Se ha ido recortando todo el tejido que rodeaba la cultura, y eso siempre nos pone en una situación bastante lamentable. Las ayudas no llegan, los ayuntamientos pagan tarde… Los pocos que seguimos en esto estamos peleando por seguir dotando de cultura a donde podamos llegar.

Si estuvieses en un cargo de responsabilidad en el área de cultura de algún Cabildo o del Gobierno de Canarias, ¿qué principales medidas tomarías para impulsar la música, el teatro y la danza de las islas?

Lo primero, invertir en un plan de estrategia cultural a medio/largo plazo, y tener la posibilidad de ejecutarlo en cuatro o cinco años para ver los resultados. En cultura lo importante no es el fast food, algo rápido que se consuma ya y que dé un éxito inmediato. Es más bien diseñar planes que a largo plazo fomenten la cultura para que haya compañías estables. No solo una “compañía del gobierno”, por así decirlo, sino que todas las compañías que salgan tengan la posibilidad de hacer temporada y de hacer residencias. Lo otro es ‘pan para hoy y hambre para mañana’, que un político cree algo, luego entre otro en el cargo, se cargue todo lo anterior, haga algo nuevo y lo haga rápido para tener titulares, y así todo el rato.

Todos los que estamos en cultura o artes escénicas sabemos que para llegar aquí hay que trabajar durante muchos años. Un creador necesita tiempo para crearse un espacio y una sostenibilidad económica. Dotar de eso a las compañías hará crecer el panorama artístico, las funciones teatrales, el público… y eso dará margen para después explorar nuevos lenguajes artísticos. La típica frase de “educar al público” también empieza por ahí. Si yo doy estabilidad a una compañía, esa compañía puede crear, la gente puede ir a sus espectáculos, se va creando un público… y eso permite a la compañía trabajar en otros planos, en otros laboratorios, en otras ideas.

Si quieres ver Cambuyón en vivo y en directo el sábado 15 de febrero en el Teatro El Sauzal, puedes comprar ya las entradas aquí.

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