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Nombres canarios cuya historia debes conocer (I)

en Cultura y Arte Canario por

Quería el filólogo valenciano Rafael Lapesa que el estudio de los nombres «no se nos presente como un depósito de fósiles, ni como un archivo de datos para el historiador o el lingüista, sino como un tesoro de recuerdos vivos y operantes, llenos de problemas que incitan a la investigación». Justo en el caso de Canarias, los nombres propios o antropónimos nos dan un acceso muy privilegiado a la maltratada historia de nuestros antepasados. Se han descubierto aspectos importantes de la cultura indígena gracias a los nombres de persona, que fueron salvados del olvido por medio de la transmisión oral, las crónicas escritas por los europeos en épocas de conquista, las actas de bautizos de la Iglesia Católica, y el registro de las ventas de esclavos canarios en la península.

En la cultura amazigh, la asignación de nombres pasaba por varias fases. Como sucede en nuestros días, a los recién nacidos se les nombraba de igual forma que a ascendientes respetados por la familia. Después, se les agregaba un sobrenombre con el que fueran más fácilmente reconocibles. Según el carácter de la persona, sus rasgos físicos o los hechos más destacados de su trayectoria vital, se les nombraba con alguna palabra que tuviese relación. Y además de todo esto tenían otro nombre: uno privado y espiritual, oculto para la sociedad en general, que sólo conocían las personas más allegadas.

Los nombres canarios en nuestros tiempos: el boom de los 80

Hasta la década de los 70 y, especialmente, los 80, poner el nombre de un indígena canario a tu hija o hijo no era algo normal ni bien visto por la Iglesia o las administraciones del franquismo. En 1982, la aprobación del Estatuto de Autonomía de Canarias fue un espaldarazo importante para esta práctica, que surge casi como una reivindicación de la propia identidad, un acto simbólico de exaltación nacionalista.

lista de nombres guanches

Yeray y Yurena, por su sonoridad suave y vigorosa a la vez, fueron los primeros nombres canarios del ránking de los años 80: 1417 niños se registraron como Yeray y 1649 niñas recibieron el nombre de Yurena. Tampoco faltaron Rayco, Jonay, Guacimara, Yaiza, Nayra, Aday, Xiomara, Aythami, Ayose… En medio de la efervescencia de nombres, no es de extrañar que se cometieran algunos errores: Nayra, por ejemplo, lo utilizamos como antropónimo de mujer cuando originariamente perteneció a un indígena varón de Telde (Gran Canaria). En cuanto a Jonay y Gara, por el momento se consideran nombres inventados que proceden de una leyenda cuya autenticidad no ha podido ser constatada. Existe el topónimo Garajonay (que significa “roque alto”) en La Gomera, pero no hay pruebas etnográficas de la famosa historia de amor entre Gara y Jonay.

En las décadas siguientes esta tendencia fue diluyéndose en la marea de los clásicos de todo el Estado español (Daniel, Alejandro, Laura, Sara…) y en nuevas denominaciones producto de la globalización y los mass media (Kevin, Iker, Lady, Jennifer…). Llamarse como un antiguo canario pasó incluso a ser objeto de prejuicios, y a asociarse con la pertenencia a un estrato social bajo o de alta marginalidad.

Pero antes de que Airam, Haridian o Atteneri empezaran a perder fuelle, ¿cómo se explica que la sociedad tuviese acceso a tal variedad de antropónimos históricos? Una de las respuestas, sin duda, está en el divulgador Hermógenes Afonso de la Cruz, antiguo responsable de cultura de la asociación Solidaridad Canaria, que elaboró y editó a finales de los años 70 las primeras “Listas de Nombres Guanches”. Hermógenes fue uno de los primeros en inaugurar esta tradición al llamar a sus hijos Ruymán, Chaxiraxi y Yaiza. Empezó hacerse conocido con un apelativo que él mismo se había puesto y con el que firmaba cada uno de sus textos: Hupalupa.

Hupalupa

El significado de Hupalupa (o Hapalupo, o Chupulapu, según el escrito) ha sido explicado por diversos autores como “cabellera larga”, “muy rico”, “señor de todo” o “gran rey”. Se cree que este anciano de La Gomera era el jefe del cantón de Orone, zona ahora conocida como Valle Gran Rey. Hupalupa era muy respetado, entre otras cosas, por sus poderes para adivinar el futuro.

Durante la conquista de la Gomera a finales del siglo XV, los gomeros habían llegado a un pacto de no agresión con el conquistador Hernán Peraza El Joven. Peraza, sin embargo, rompió el pacto por su continuado maltrato a los indígenas, que trataba como esclavos, y por mantener relaciones con una de ellas, Yballa.

Un grupo de consejeros canarios, Hupalupa entre ellos, decidió acabar con esta situación apresando con vida a Hernán. Al ser un anciano de avanzada edad, Hupalupa se movía con lentitud y, cuando llegó al lugar en el que el resto de guerreros había realizado el asalto, descubrió que Hautacuperche, hermano de Yballa, había atravesado a Hernán Peraza con una lanza. Cuentan que Hupalupa se lamentó profundamente de este hecho, por entender que las consecuencias serían catastróficas para su pueblo. El asesinato del hidalgo significó el inicio de la famosa “rebelión de los gomeros” de 1488, y a la vez, el fin de su propia libertad.

Chaxiraxi

virgen de candelaria chaxiraxi

Antes de la conquista, a finales del siglo XIV, apareció la talla de madera de una virgen en la playa del Socorro (Güimar, Tenerife). Estaba a 40 metros de la orilla, y a día de hoy nadie se explica si fue por un despiste de algún barco que recaló allí, o una sutil estrategia europea para ir preparando la conversión de los antiguos canarios al cristianismo. Fuese intencionado o no, lo cierto es que ayudó al sincretismo posterior.

La fama y veneración de la virgen se extendió pronto por toda la isla. Según los cronistas de la época, los indígenas la identificaron como Chaxiraxi, “madre sustentadora del cielo y de la tierra”. Era la primera imagen completamente antropomorfa que los guanches adoraban. Según Agustín Espinosa, la custodiaba en una cueva una orden religiosa, y en agosto se celebraban unas fiestas a su alrededor, en las que los menceyes hacían una tregua en sus conflictos y compartían la carne de un rebaño sagrado de más de seiscientas cabras.

Después de la conquista, en el siglo XVI, la divinidad pasó llamarse Virgen de Candelaria, y fue declarada Patrona de Canarias por el Papa Clemente VIII. En 1826, un fuerte temporal hizo desaparecer la talla de madera en el mar, pero ya había copias suficientes como para recordar la imagen original.

Hoy en día Chaxiraxi es, además de un nombre, la divinidad principal de los seguidores de la “Iglesia del Pueblo Guanche”. Fundada en 2001 en Tenerife, esta religión neopagana y minoritaria pretende «rescatar y actualizar la religión de nuestros ancestros, lo que incluye sus divinidades, rituales y valores, adaptándolos a las necesidades del canario actual».

Cathaysa

“1494, abril 4, Valencia. Vicente Pérez, mercader de la ciudad, presenta 5 guanches hembras de Tenerife: Cathayta, de 17 años, soltera, apresada por los de La Gomera que la venden a Antonio Tensa y éste a Pérez; Inopona, de 10 años, apresada del mismo modo, así como Cherohisa, de 7 años; Cathaysa, de 7 años, e Itahisa, de 6 años”.

Este registro de venta de esclavos es de lo poco que se sabe de Cathaysa. Se cree que fue raptada en Taganana y, una vez trasladada a la península, pasó a servir a algún miembro de la aristocracia española.

El cantautor Pedro Guerra le dedicó una canción, con texto de su padre, que se convertiría en un símbolo de la defensa de lo propio, con estrofas como ésta:

(…)
no quedó sino el coraje
de una isla y de una raza
y una infinita querencia:
nacer, vivir y morir
sin cadenas castellanas.

Guayanfanta

En las antiguas crónicas, los hombres solían protagonizar los episodios bélicos, mientras las mujeres tienen un papel más auxiliar. El historiador Abreu Galindo, por ejemplo, recoge que los guerreros varones «llevaban consigo sus mujeres con la provisión que habían de comer, y, si morían en la guerra, para que los llevasen a enterrar a sus cuevas». Sin embargo, por algún motivo aún sin desvelar, la situación en la isla de La Palma era diferente: «Las mujeres eran más valientes que ellos, y en las emergencias iban ellas en adelante y peleaban virilmente, con piedras y con varas largas», cuenta el ingeniero Leonardo Torriani, y Galindo añade que con «su ferocidad ejecutaban sin perdón en los cristianos».

El ejemplo más notable podría ser el de Guayanfanta, cuyo nombre se ha interpretado como “orgullosa” o “espíritu de vanidad o jactancia”. Abreu Galindo la describió como mujer «de grande ánimo y gran cuerpo, que parecía gigante, y […] extremada blancura». Asimismo, relató cómo la benehoarita se enfrentó a un grupo de colonos herreños:

“[…] como los cristianos la cercaron, peleó con ellos lo que pudo y, viéndose acosada, embistió con un cristiano y, tomándolo debajo del brazo, se iba para un risco, para se arrojar de allí abajo con él; pero acudió otro cristiano y cortóle las piernas, que de otra suerte no dejara de derriscarse con el cristiano que llevaba”

No sería aquella la primera vez (ni la última) que un antiguo canario intentase quitarse la vida para no tener que someterse al yugo español. El siguiente caso de este particular listado quizás sea uno de los más célebres.

Atanausú

Atanausú, más conocido hoy como Tanausú, podría traducirse para algunos filólogos como “el que razona bien” o como “bruto, terco” para otros. Fue uno de los reyes indígenas de La Palma, en la zona de La Caldera de Taburiente, recordado como el que más se resistió a ser conquistado por los colonos.

Fue apresado a traición en un asalto sorpresa y arrancado de su isla a bordo de un barco. Nunca llegó a España. Cuentan que en el trayecto, encadenado como estaba, gritaba “¡Vacaguaré!” (traducido entonces como “¡Me quiero morir!”), y se negó a probar cualquier bocado de comida hasta que murió de hambre.

Esta expresión tamazigh se ha convertido en todo un icono de la resistencia indígena a su conquista. De las muchas composiciones musicales que ha inspirado, destacamos el tema de escrito por Jorge Padula Perkins, con música de Fernando Felipe Martel e interpretación de «Los Benahoare»:

Se escuchó su voz,
dicen algunos.
-¡Vacaguaré!-, grito el mencey,
prefiriendo morir a ser cautivo.
Y se negó a comer
para llegar más pronto
a su destino.
(…)
Y murió Tanausú,
murió Acerina
feneció la libertad en esos días
pero aquel “vacaguaré”
-¡quiero morir!- , la muerte digna,
impregnó el alma toda
de la isla…

Bibliografía empleada

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Realizador audiovisual. Graduado en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la UC3M (Madrid). Diplomado en Cine Documental por la PUCV (Valparaíso).

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