Morgan nos recibió en su taller con un apretón de manos y una sintética presentación: “Suso”. Como lectores habituales de este humorista gráfico, habíamos llegado a la entrevista con bastante expectación. ¿Cuánto de cada mítico personaje animado habitaría en su creador? ¿Tendría las mismas ocurrencias que Carmelo y soltaría un “¡ditoseadioh!” de vez en cuando? Enseguida nos preparó un café, nos sentamos en una mesa amplia y empezamos a conversar. Jesús Verdú era justo como nos lo imaginábamos: una persona acogedora, lúcida, parlanchina, a veces serio y analítico, otras mordaz y dicharachero.
¿Cómo fueron tus inicios en la viñeta?
Mi faceta profesional empieza casi por casualidad. Recién terminada la carrera, trabajaba de educador de calle en el barrio de las Remudas [Telde, Gran Canaria], uno de esos trabajos miserables en los que te pagan poco y estás muchas horas. Mi compañero de trabajo, un brasileño que había trabajado en las favelas (y con el que aprendí muchísimo), compaginaba este trabajo con uno nocturno en un pub de la ciudad: el “Yurfa”. Cierto fin de semana, tenían en el bar una exposición de fotografía, que resulta que se había retrasado. Me dijo mi compañero: “oye, tú que dibujas, ¿por qué no nos haces unos cuantos machangos de los tuyos?” Así que me encerré en casa dos días y les hice un montón de viñetas en cartulinas, en formato grande. Metiéndome con todos los poderes de entonces: el poder eclesiástico, los poderes sociales y económicos… En fin, viñetas satíricas que llenaron aquel espacio.
Resulta que esas viñetas las vio Vicente Llorca, que ahora es el vicedirector del diario Canarias7. En aquella época, Vicente, igual que yo, era un pibito. Un chico joven que había terminado periodismo y estaba trabajando en ese diario, que sólo llevaba seis meses en la calle. Vicente habló conmigo y me dijo: “oye, ¿no te importaría venirte a la redacción? Es que somos un periódico nuevo y no tenemos dibujante”. Así que les hice unos cuantos dibujos sobre la actualidad local y, al día siguiente, me llamaron para iniciar una colaboración.
Yo me lo tomé como se toman estas cosas: aunque te paguen poco está genial, porque estás empezando y todavía no tienes un trabajo fijo. Pero claro, al poco tiempo te das cuenta de que es una obligación: “¡oye, que esto es todos los días!” (risas). Es un privilegio, pero al mismo tiempo es una servidumbre.
Y así comenzó todo. Lo que ocurre es que esa colaboración (yo mientras me dedicaba a la enseñanza) fue ganando peso… y ha terminado convirtiéndose en un oficio. Tanto es así que decidí pedir la excedencia de educación para explorar un poco ese territorio que me parecía apasionante, y ahora ya llevo 15 años dedicado sólo en exclusiva a la ilustración humorística.
¿Echas de menos tu época de docente?
Claro, es una parte importante de mi vida. Lo que ocurre es que en aquella época yo mantenía las dos actividades por separado. No concedía entrevistas. El propio Canarias7 hizo una entrevista sobre Morgan y yo salía de espaldas. Salían mis personajes: daba la cara Carmelito, pero nunca yo. Mis alumnos tenían a su profesor, que era Suso. No tenían a Morgan. Ni los padres de los alumnos. Pero siempre había alguien que se chivaba y se corría la voz.

En los claustros de los institutos y centros, te encuentras un montón de viñetas de Morgan fotocopiadas, pegadas en el tablón de anuncios, sobre todo de temas educativos. Y te ocurren anécdotas curiosas. Uno decía: “mi hermana lo conoce, es de Tenerife”, y yo le contestaba: “me parece que es de Las Palmas, de Schamann concretamente”. Y el otro: “no, hombre, no”. Y discutir con alguien el origen de Morgan… hasta que luego se enteran de que Morgan estaba ahí. Era una cosa curiosa.
¿Echarlo de menos? (Suspira) Son cosas distintas. Lo suplo en parte porque ahora acudo a los centros a impartir talleres sobre iniciación de dibujo humorístico, o para hablar del papel social de la viñeta de prensa… Entonces, bueno, me mantengo en contacto. El mundo académico sigue estando ahí porque visito los centros con regularidad. Si lo echara aún más de menos, tendría que abandonar el dibujo, porque ambas actividades requieren de mucha pasión. Pesan demasiado. Cuando me dedicaba a la enseñanza, ésta me absorbía completamente. En verano iba a congresos, estaba en un grupo de renovación pedagógica, editábamos material, hacíamos mil cosas… Compaginar las dos cosas es imposible.
Cuando me dedicaba a la enseñanza, ésta me absorbía completamente. En verano iba a congresos, estaba en un grupo de renovación pedagógica, editábamos material, hacíamos mil cosas… Compaginar las dos cosas es imposible
¿Cómo se convierten Ayoze, Carmelo, etc., en los personajes habituales de tus viñetas?
Carmelito representa muy bien cierta idiosincracia canaria. Esa actitud socarrona de tener la última palabra pero después ser un poco sumiso, con la parienta que lo gobierna… Recuerdo una viñeta que lo explica muy bien. Carmelito se encuentra con un vecino al lado del contenedor de la basura, y le dice el vecino a Carmelo: “hombre, ¿usted también es de la asociación de vecinos que sacan la basura?” Y dice Carmelo: “¡yo soy el presidente!”. Cierta cantidad de gente se siente identificada con el personaje, y en la medida que eso funciona, el personaje crece y se instala.

Además, con el paso de los años, genera una psicología tal que los lectores ya saben cómo va a reaccionar Carmelito. Y yo mismo, a veces, cuando estoy dibujando, me río porque ya sé el arranque que va a tener. Entonces funciona así: los personajes surgen de forma más o menos espontánea, se van asentando y, en la medida que los lectores se adueñan de ellos, ya es imposible abandonarlo. Ya no son tuyos, tienen vida propia.
Lo mismo ocurre con Ayoze. Hay niños hiperactivos; Ayoze me salió hiperpasivo. Es un recurso humorístico. Hay personas que no lo entienden, creen que con Ayoze estoy representando la juventud canaria. No es así: es un personaje y por lo tanto solo se representa así mismo. Ayoze es como es. No está representando ningún colectivo. En la medida que resulta cómico su proceder, yo lo utilizo para ciertas cosas.
Está también la señora, que es Candelaria de la Encarnación, y por eso los chiquillos se llaman Ayoze Zebenzui del Cristo (porque ella es de La Laguna) y la hermana es Ylenia Cathaysa del Pino, para compensar. Ya sabes, lo del pleito insular, que yo lo utilizo mucho.
Los personajes surgen de forma más o menos espontánea, se van asentando y, en la medida que los lectores se adueñan de ellos, ya es imposible abandonarlo. Ya no son tuyos, tienen vida propia
¿Qué viene antes: el chiste o gag, o el dibujo?

Van unidos. En la elaboración a veces tienes cierta idea de un gag y luego le das forma gráfica. Pero otras veces surgen las dos cosas al mismo tiempo. Yo soy mucho de crear con el lápiz, y en ocasiones tengo claro el tema pero no tengo muy claro su desarrollo. Experimento dos o tres veces hasta que en cierto momento decido que va a ser de cierta manera. A veces tienes una frase, que es el detonante, y tienes que buscar su expresión gráfica. O al revés: es el dibujo lo que marca el impacto y el texto es solamente un acompañamiento.
De hecho hay viñetas que son mudas, solamente gráficas, que no dicen nada y lo dicen todo. Recuerdo cuando empezó el drama de la inmigración a lo bestia. Empezaron a llegar pateras a las islas… y yo hice una viñeta muda en la que se ve a un bañista, un señor que corre hacia el agua en bañador (buscando el ocio) y a la vez, saliendo del agua, mojado, una persona vestida, chorreando, que corre en dirección a la orilla. Los dos se cruzan y se miran. Y no pone nada más. No hay ningún texto.
A veces todo depende de una frase. Los humoristas gráficos en España lo tenemos bastante fácil, porque los políticos no hacen sino decir tonterías y eso ya de por sí es un chiste. Tú sólo le pones el dibujito.

¿Un periódico sin viñetas es un periódico cojo?
Le oí una vez a cierto director de periódico decir que la viñeta era lo más serio que publicaban. La viñeta es un tipo de editorial de discurso que, por su capacidad de síntesis y por la cercanía de sus personajes, llega muy bien. Y es un complemento a la columna de opinión del periodista. Si eliminas la viñeta de prensa estás eliminando un complemento importante. Lo que hacen alguno periódicos de eliminarla porque creen que no es serio, a la larga les perjudica, porque es un género periodístico reconocido como tal. Incluso las facultades de Ciencias de Información la estudian. Y bueno, este intento de separar el humor de lo serio me parece un error.
Rojas Marcos, que es un psiquiatra al que a veces hay que escuchar con detenimiento, explicaba el otro día (lo oí por la radio) que si te quieres tomar la vida en serio es imprescindible el humor. Así de simple. El humor no es sólo un bálsamo que amortigua el infortunio, sino que nos ayuda a contemplar las cosas desde una perspectiva distinta, a afrontar los problemas con un talante más saludable y a ser más tolerantes. Esta persecución del humor yo creo que es contraproducente. Y un periódico que prescinda de la viñeta de prensa está perdiendo una parte importante de su discurso y de sus recursos periodísticos.
¿Se puede vivir solo de las viñetas de prensa?
Los periódicos no pagan mucho. Y encima tienes esa espada de Damocles; estás siempre pendiente de que en cualquier momento te digan: “hasta luego, Lucas”… Hay que hacer más cosas. Yo intento poner el dibujo humorístico al servicio de otras actividades que he intentado generar y que han ido teniendo cierto recorrido. La publicidad es una de ellas. Ahora con la irrupción de las redes sociales, el regalar a tus clientes no sólo un discurso repetitivo de anunciante sino una sonrisa es un recurso que algunas empresas han descubierto que les reporta cierto beneficio.
Además, el dibujo humorístico es muy agradecido para la divulgación, para campañas de sensibilización, para material educativo, para que los mensajes lleguen a la ciudadanía y sean digeribles… En este momento hago trabajos para salud pública, hospitales, medioambiente, el Cabildo, institutos sociosanitarios… y también para algunas empresas.
También pinto desde siempre. De hecho, de jovencito estuve en la Escuela Luján Pérez y tuve la grandísima suerte de recibir clases de Felo Monzón, uno de los pintores más importantes del siglo XX de nuestra isla. Y, desde entonces, la pintura queda impregnada. Yo era un niño chiquitito, de diez u once añitos, y eso me ha acompañado siempre. Pero es una actividad muy personal.
También pinto desde siempre. De hecho, de jovencito estuve en la Escuela Luján Pérez y tuve la grandísima suerte de recibir clases de Felo Monzón, uno de los pintores más importantes del siglo XX de nuestra isla
¿Qué valoración puedes hacernos del panorama actual de la viñeta y el dibujo en Canarias?
El tema de la viñeta de prensa es muy limitado. Es un género muy específico. Hay pocos periódicos, y algunos no están por la labor de contratar a varios viñetistas, por lo que sólo mantienen a uno. Hay algún periódico que ha tenido dos e, incluso, en la época buena, hace diez o quince años, hasta tres viñetistas. Eso ahora solo se lo permiten a algunos diarios nacionales.
Además, el año pasado, que conociera yo, unos ocho o nueve dibujantes de prensa regional y nacional han ido quedándose sin espacio, es decir, han sido despedidos de sus medios. Alguno ha encontrado un medio nuevo, pero la viñeta de prensa ha ido decreciendo y no parece que haya un relevo, porque las empresas periodísticas atraviesan también una crisis y están limitando personal y colaboradores.
No sé qué recorrido va a tener esto. Hay gente haciendo cosas, que publica donde puede… Lo preocupante es que están surgiendo muchos medios digitales que te invitan a “colaborar”, en el sentido de que lo que te están ofreciendo es trabajar gratis. Y es una pena que todavía sigamos sin entender que la creación es un trabajo. Con el amparo de la crisis y aprovechándose de que los que empiezan tienen que darse a conocer, son los únicos recursos disponibles. Lo único que va a conseguir es que la viñeta de prensa siga menguando y que cada vez haya menos autores, menos estilos. Y esto lo pierde el periodismo.
Si estuvieses en un cargo de responsabilidad en el área de cultura de un Cabildo o del Gobierno de Canarias, ¿qué medidas tomarías para mejorar esta situación?
Yo creo que no hay que tomar medidas específicas, sino que la población debería reaccionar en general. Este discurso de intolerancia es algo que tiene que ver con la educación y con el talante de las personas, y que desgraciadamente los políticos están favoreciendo por su interés (personal o partidista). Lo que está generando no es sólo conflictividad social, sino que cosas tan saludables com el humor se vean como negativas o incluso perjudiciales.
El humor gráfico ha sido una batalla que los políticos nunca han llevado bien. Pero precisamente esa es su función: ser una mosca cojonera que está ahí para recordarnos a todos que hay ciertos límites
El poder se molesta siempre con el humor. El humor gráfico ha sido una batalla que los políticos nunca han llevado bien. Pero precisamente esa es su función: ser una mosca cojonera que está ahí para recordarnos a todos que hay ciertos límites, que hay que retomar el sentido común y tirar de la oreja a quien pierde la compostura social o política. Se quieren cargar precisamente esta función social y periodística de la viñeta. Como no pueden, porque los viñetistas seguimos ahí, pues eliminan la viñeta del diario. Muerto el perro, se acabó la rabia.
No creo que haya que tomar medidas específicas, sino ser más consecuentes y más tolerantes con el humor. Aunque no te guste. Una viñeta satírica es eso: una viñeta satírica. ¿Qué puedes esperar de la sátira? ¿Que no sea satírica? La falta de respeto es consustancial a determinada sátira. Si no te gusta, no compres la revista. O da tu opinión sobre ella. Pero esta persecución a la sátira y al humor me parece excesiva, y, además, contraproducente. Porque tiene que ver con la salud de la sociedad. Vamos camino de una sociedad enferma. Los síntomas son muy evidentes. La persecución del humor es uno de ellos.
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Buenos días… muy buen trabajo ….me encanta …el saber de nuestra tierra.
Felicidades