Gregorio Viera es uno de esos creadores “multi-instrumentistas”: tan pronto trabaja con el diseño editorial o la coordinación de proyectos artísticos, como realiza piezas en el mundo del videoarte, el dibujo o el arte de acción. Este variado impulso creativo le ha llevado a exponer e intervenir por ciudades de todo el mundo, como Madrid, Buenos Aires, Zürich, Berlín, La Habana… o Las Palmas de Gran Canaria, su lugar de residencia actual.
“Mi mayor proyecto ahora es éste”, bromea señalando a su hijo pequeño, que nos acompaña en la entrevista y revolotea a nuestro alrededor divirtiéndose con todo. No en vano, la obra de Viera tiene algo de exploración infantil, de perderse e improvisar “con la seriedad de un niño cuando juega”, como él defiende. Hablar con Gregorio es siempre una forma fascinante de cuestionarse etiquetas y de entender el mundo del arte en un sentido más amplio: un mundo lleno de grietas y terrenos fronterizos por los que transitar con libertad.
¿Cómo te iniciaste en el mundo del arte?

El punto de partida fueron las artes escénicas. El teatro en el que acabé derivando era más alternativo: estaba relacionado con el cuerpo, con decir las cosas de manera no narrativa. Los textos clásicos que se estudiaban en las escuelas no me interesaban.
Eso ocurrió además en la época de un programa fantástico de La 2 de TVE llamado Metrópolis, base de muchos de mi generación. Ahí descubrí el arte de acción, pero también que me atraían otro tipo de dibujos, de música, de pinturas…
Después de las artes escénicas, fui moviéndome por otros intereses. A día de hoy, puedo decir que donde más a gusto me siento es en el entorno de la videocreación o videoarte, del arte de acción y del dibujo. Este último, entendido de una manera muy abierta, no sólo como el trazo en un papel.
El común denominador, entonces, era estar en un lado más alternativo
Siempre me interesaron los artistas no comerciales. Me parecían mucho más comprometidos con lo que estaban haciendo. Igual que ahora. Desde que algo huele a dinero, ya veo una falta de compromiso real con la creación. Siempre intento que hable más la obra, la pieza en sí, que yo. Tener un nombre nunca me ha parecido lo más importante. Sí que ha surgido en otros ámbitos… por ejemplo, cuando me ha tocado hacer VJ.
Siempre me interesaron los artistas no comerciales. Me parecían mucho más comprometidos con lo que estaban haciendo. Igual que ahora
¿Qué es el VJ?
El VJ o Video Jamming surge con el mundo de la música electrónica, y consistía en acompañarla con imágenes. Al principio con texturas o colores, pero con el tiempo fue creciendo y empezó a incorporar el vídeo como herramienta, la grabación o el registro en vídeo. Esto fue gracias, sobre todo, a la aparición de las cámaras domésticas, que abarataron los costes.
¿Por qué hablas de “arte de acción” y no “perfomance”?
Creo que abarca más. Primero, porque performance es un término muy confuso en la historia del arte. Es difícil definir el arte, igual que es difícil definir la performance. Hay gente que la define, y muy correctamente, pero a mí me cuesta.
Como te dije, yo entré en este mundo a través de las artes escénicas. En un momento de mi vida, participé en festivales de danza sin ser bailarín. Había un campo en la danza que se abría a otras fronteras, a gente que trabajaba con el cuerpo, y en ese campo fui aceptado, de alguna manera. Cuando entré, vi que era un mundo de la danza… que tampoco era danza. O lo que yo creía que era danza. Me parecía fascinante que fuera un terreno abierto a lo transfronterizo, sin complejos, muy generoso.
Performance es un término muy confuso en la historia del arte. Al llamarlo “arte de acción”, en mi cabeza se despierta que, sencillamente, se está trabajando con el cuerpo de manera activa
Sin embargo, en la performance de la época se respiraba algo “viejuno” que no me interesaba del todo. Cuando yo empecé a hacer mis primeras acciones, en los años 90, las performances en la escuela de bellas artes bebían mucho de lo que se había hecho en los años 60 o 70. Demasiados tonos de ritual, grandilocuentes… Eran pocos los artistas que se arriesgaban con las nuevas tecnologías o con nuevos marcos conceptuales, y los que lo hacían provenían más de las artes escénicas que de las bellas artes.
Al llamarlo “arte de acción”, en mi cabeza se despierta que, sencillamente, se está trabajando con el cuerpo de manera activa. Da igual la disciplina en la que estés. Hay una libertad total de poder pertenecer a un sitio, o a otro, o a ninguno.
¿Cómo cambia la percepción del cuerpo cuando entras en el mundo del arte de acción?
El cuerpo va a ser tu herramienta de trabajo. A la hora de presentarte ante un público, tienes que ponerle atención, ser consciente de cómo estas, de quién eres. Si trabajas con la pintura sabes cómo coger un pincel de manera adecuada, ya sea para trazar una línea muy precisa, o para manchar o descargar tus emociones. Lo mismo pasa con el cuerpo.
De cualquier manera, entiendo cuerpo y mente de manera unida. En una acción que hice en los 90, preguntaba: “¿rige la mente al cuerpo o el cuerpo a la mente?”. Y realmente creo que en la vida acelerada que llevamos, en la que no hay tiempo para nada, el cuerpo termina por aprender a pensar.
¿Qué importancia tiene el público?
Es indispensable. Me encantaría que esta respuesta la continuara mi pareja [Raquel Ponce], que ha impartido ya en numerosos espacios (como el TEA en Santa Cruz de Tenerife o el LEAL-LAV de La Laguna, entre otros) su “Taller de público para público”. En él, hace un análisis del público actual y de la responsabilidad del artista de educarlo. Considera, por ejemplo, que si hay artistas emergentes, también tiene que existir un público emergente. Gente acostumbrada al fútbol o al teatro y danza clásicos, y que cuando va a ver una performance está descubriendo espacios nuevos.
Cuando yo empecé, los artistas se preocupaban de que los mass-media estaban captando al público a través de la televisión y la publicidad. Pero es que el público actual es un público geolocalizado. Nos hemos convertido en algo que trasciende a lo que es ser público. Me viene a la mente la imagen del cerdo al que le echan la comida por un embudo, bien engordado e inmóvil dentro de un corral para no causar problemas. Ese público “feliz” es el que a mí me interesa, el que se podría mover para otro lado donde pensara más.
¿Por qué usas el vídeo en tus acciones?
Empecé a usarlo desde el principio, sobre todo por uno de mis intereses temáticos: la mentira y manipulación mediática. Todo muy básico, pero es que el vídeo es la herramienta perfecta para mentir. Se puede hacer con palabras o fotografías, pero a día de hoy el vídeo es lo que mejor impacta y engaña a la gente.
El vídeo es la herramienta perfecta para mentir. Se puede hacer con palabras o fotografías, pero a día de hoy el vídeo es lo que mejor impacta y engaña a la gente
En ese sentido, yo lo usaba de una manera irónica. No solo lo convertía en un recurso estético, que es como se suele usar el vídeo, proyectando un fondo en medio de la acción, sino que lo consideraba un segundo intérprete, un acompañante. Las piezas no podían funcionar si faltaba yo, pero tampoco si faltaba el vídeo.
Viendo tu obra, se diría que el tono en el que te sientes más cómodo es el humor. ¿Es así?
Yo he bebido mucho del punk, de reírse de las cosas y de no ser tan trascendente. Lo trascendente a mí siempre me ha echado para atrás. Me gusta más el sentido del humor, pero con ironía, no reírse de las cosas porque sí, sino con un cierto trasfondo de: “amigo, me río pero esto apesta”. Más que nada, por pura personalidad. Prefiero ser alguien que se ríe de las cosas intentando meter un dedito en llaga. Y con el público funciona… Aunque también funciona lo trascendente: hay mucha gente a la que le gusta ir a una iglesia y rezar. Es otro camino y ya está.
Me gusta más el sentido del humor, pero con ironía, no reírse de las cosas porque sí, sino con un cierto trasfondo de: “amigo, me río pero esto apesta”
En una sociedad como la actual, en la que parece que hemos visto de todo, ¿es fácil provocar al público?
Yo ahora mismo estoy un poco desganado, en el sentido de que todo me parece una obra de arte. Cada “trolleo” de internet, cada meme, me parece una pieza exquisita. Es genial que todo el mundo se está expresando. Lo que pasa es que hay tal saturación que, claro, por saturación muere.
Hay muchas formas de ver el arte, de convertirte en artista y de trabajar como artista. Tengo colegas que son grandes factorías de producción, pintores o dibujantes muy buenos que han cogido ese camino. Tengo, sin embargo, otros colegas que hacen solo una pieza al año, pequeña pero muy exquisita. ¿Que una cosa es mejor que otra? No, sencillamente yo valoro más a los artistas que trabajan relacionándose más con lo que tienen que decir que con lo que tienen que producir. Es una visión muy personal.
¿Te gusta la improvisación o llevarlo todo más guionizado?
Mi lema, en el arte de acción, es perderme. Me gusta trabajar así. Hay una fase de improvisación, otra que va acompañada de anotación y de apuntes, y luego de estructura, repetición y ensayo hasta llegar a la pieza final.
Con el vídeo sigo una estructura similar. El último corto lo hice en el poco tiempo que me dejaban mi trabajo y mi hijo, en el trayecto que hay desde mi casa hasta la guardería. Registré con el teléfono móvil todo lo que veía por el camino y, con ese material exclusivamente, hice un pequeño corto documental. También tiene que ver mucho con la improvisación: recolectar y luego ver lo que se puede hacer con eso.
¿Cuáles son tus principales referentes artísticos?
Son muchos… Me viene Han Hoogerbrugge, animador y artista digital holandés; cineastas consagrados como Jean Luc Godard; Jim Jarmusch en cuanto al ojo que pone tras la cámara; en arte de acción, Bas Jan Ader, un performista holandés; Juan Domínguez y Cuqui Jerez aquí en España…
Cuando estaba aprendiendo con un maestro en Alemania, recuerdo que me encantaban ejercicios que consistían en el trabajo con los objetos: coger una silla u otro objeto cotidiano y exprimir todo sus usos posibles, menos el real. ¿Qué puedes hacer con una silla de veinte maneras diferentes que no sea sentarte? Eso es un acto muy subversivo, por decirlo de alguna manera.
¿Cómo ves el panorama del arte de acción en Canarias?
En Gran Canaria, siento que la cosa ha bajado enormemente en todos los ámbitos. Se arriesga muy poco por la cultura alternativa. En lo musical, por ejemplo, se han vuelto a dar pasos atrás, se cierran festivales, espacios alternativos… Los que conozco ahora son privados, gestionados por gente afín que tiene una tienda o un restaurante, pero que reciben en sus paredes o en su suelo músicos o ilustradores diferentes a los que se ven por todos lados.
A nivel de Canarias, estoy un poco desconectado, pero tengo la sensación (igual me equivoco) de que cada vez se asumen menos riesgos. Veo poco compromiso real de decir “hay que sacar adelante este lenguaje o esta disciplina porque aquí no se da”. Pero también son las instituciones las que tienen la obligación no sólo de apoyar la cultura que les dé dinero, sino también la que aporte cosas a las minorías. Me refiero, por ejemplo, a la gente que le gusta la performance, aunque sean menos de los que les gusta Melendi. ¿Si a “un Melendi” le das un millón de euros, por qué no le das dos mil euros al otro?
En Gran Canaria, siento que la cosa ha bajado enormemente en todos los ámbitos. Se arriesga muy poco por la cultura alternativa
Si estuvieses en un cargo de responsabilidad en el área de cultura de un Cabildo o del Gobierno de Canarias…
Dios no lo quiera (risas).
… ¿qué medidas tomarías para mejorar la situación actual del arte?
Buf, soy muy malo en esto… Me lo he imaginado en alguna ocasión y siempre tiro para mi terreno, así que no sería un buen responsable político en ese sentido. Apoyaría todo lo que no fueran mass-media. Todo lo que fuera televisivo, o apestase un poquito a divertir a la gente porque sí, me lo cargaría. Y lo haría con mucho gusto. Le daría todos los espacios, toda la cancha y todas las ayudas posibles a las personas que quieren hacer algo distinto. Todos esos que están apagados y soterrados ahora mismo, y tienen que ser asociaciones autogestionadas para sobrevivir y no tienen un puto duro… A esos yo los subiría un poquito para arriba. Y apagando, además, como quien apaga un cigarrillo, a quienes han estado chupando del bote durante todas estas décadas.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Tengo dos proyectos, que por ahora solo son eso, “proyectos”, sin una fecha de lanzamiento fija. Uno tiene mucha relación con el dibujo. El otro, que es performativo, tiene que ver con las instrucciones. Con cómo se hacen las cosas, con darle instrucciones a la gente… Y hasta ahí puedo leer.
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