'; ; Andrea Abreu ▷ escritora y periodista canaria 'exiliada' en Madrid
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Entrevista | Alegando con Andrea Abreu: «Quiero que la escritura se parezca a la vida»

Andrea Abreu López (Tenerife, 1995) se une al equipo de Alegando! Magazine para hablarnos, en una serie de columnas, sobre su experiencia como canaria que reside en Madrid.

Como periodista, Andrea ha colaborado para diferentes medios, como 20minutos.es, Tentaciones (EL PAÍS), Oculta Lit, LOLA (BuzzFeed), Quimera o Vice. Por otro lado, además de haber publicado sus textos literarios en diversas revistas y antologías, es codirectora del Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares, y en 2019 fue ganadora del accésit del XXXI Premio Ana María Matute de narrativa de mujeres.

En tu fanzine ‘Primavera que sangra’ combinas fotografías, collages y textos literarios para romper el tabú que rodea a la menstruación. ¿Cómo vinculas la sangre y las flores en este trabajo?

Supongo que en el momento en el que escribí esos poemas estaba intentando buscar algo de belleza dentro de tanto dolor. Para mí la regla siempre ha sido un asunto triste. Desde que tuve mi primera menstruación (menarquía) a los trece (el 8 del 8 de 2008, lo recuerdo perfecto), he tenido una relación mala con mi cuerpo menstruante y con mi sangre. Aún no me han dado un diagnóstico certero pero siempre me sugieren que puedo tener endometriosis. Cuando hice ‘Primavera que sangra’ solo quería intentar buscar otro camino para hablar de ello. En aquel momento identifiqué la sangre con una flor. Supongo que la asociación entre la sangre menstrual y las flores es muy antigua. Ahora estoy leyendo ‘Mujeres y locura’, de la escritora y psicoterapeuta Phyllis Chesler, y en la primera página del libro, Chesler cuenta que la mañana previa a la tarde en la que Hades raptó a Perséfone, a ella le vino la regla por primera vez. Para celebrar el acontecimiento, sus hermanas decidieron recoger flores.

Es curioso cómo ese texto ha sobrevivido con el tiempo. Hace unos meses, en un instituto de La Palma, leí el poema titulado ‘Menstruación’ que abre el fanzine delante de un salón de actos repleto de adolescentes. Mientras lo leía, algunos chicos se reían sin parar y pensé: “Bueno, termina de leerlo, Andrea, y ya te vas tranquila”. Cuando terminó la lectura, pasó algo que no me esperaba: un grupo grande de chicas se acercó a mí. Querían que les enviase el fanzine y estaban muy agradecidas de que lo hubiese leído. Recuerdo que les dije que no me imaginaba que les iba a interesar tanto y que una de ellas me respondió: “¿Cómo no me va a interesar si la tengo todas los meses?”. Y me quedé pensando. Justo ahora, ‘Primavera que sangra’ va a salir en la editorial Demipage, como parte de la colección Tite page y lo siento como un redescubrimiento de eso que hice hace casi cuatro años (que en la vida de una persona de 25 ya es mucho).

Si tuviese que identificar la escritura con una emoción diría que es la ansiedad. El descanso me lo aportan la lectura y una infusión de cúrcuma y jengibre.

En una entrevista en El Diario de Avisos, comentabas que tu poemario Mujer sin párpados (Versátiles Editorial, 2017) surge de “no poder cerrar los párpados, no tener descanso. Ser plenamente consciente del peligro y la decadencia del mundo y de una misma”. ¿Escribir te ayuda a encontrar descanso?

En realidad no. Resulta un tanto contradictorio porque siempre pienso y digo que quiero dedicarme a la escritura, que me gustaría vivir solo escribiendo y de escribir, pero la verdad es que no es una actividad que me haga estar serena. Sí, a veces siento esas punzadas bestiales en el centro de la frente que me hacen escribir como si me hubiese poseído un demonio y me siento una persona inmensamente feliz. Esa es la sensación que más me gusta y la persigo todos el tiempo. Pero eso es solo una parte muy pequeña del proceso. Por lo general, soy yo sentada delante del ordenador pensando que no valgo la pena, que no vale lo que digo, escribiéndoles mensajes obsesivos a mi novio y a mis amigas, porque no soy capaz de manejar yo sola la frustración que me genera intentar decir algo y no hallar la forma adecuada para hacerlo. Si tuviese que identificar la escritura con una emoción diría que es la ansiedad. El descanso me lo aportan la lectura y una infusión de cúrcuma y jengibre.

En tus textos a veces se percibe una cierta exploración formal que pasa, por ejemplo, por los collages, por la prosa poética sin puntuación… ¿A qué se deben estas ganas de explorar las distintas posibilidades literarias? ¿En qué género te sientes más cómoda?

A veces, cuando escribo, tengo la sensación de que me gustaría estampar todas las palabras en la pantalla del ordenador tal cual las siento, estamparlas como si fueran un sello, quiero decir. Hoy por ejemplo me apetece escribir embrasada en lugar de «embarazada», como lo diría mi abuela, o poner todas las palabras abreviadas y con k, como si mi padre me estuviese mandando un mensaje de guasap. Yo quiero que la escritura se parezca a la vida. Quiero sentir que la escritura es una cosa viva, que a las palabras les salen ramas y pelitos y cuernos y rabo y patas de cangrejo y pinzas que hacen chachachaca, porque para mí escribir es como inventar nuevos mundos posibles y siento que la escritura ‘correcta’ es demasiado escritura de este mundo, no de los otros que yo ando buscando.

¿Qué lecturas son las que más te han inspirado últimamente?

Hace poco que terminé ‘Nadie es más de aquí que tú’, de Miranda July y me dio muchas ideas para un libro de relatos que empecé a escribir en serio en la cuarentena. Además, estoy probando por primera vez a leer en el móvil. Mi amiga Aida me descubrió la aplicación de la eBiblio y le estoy sacando provecho. El libro se llama ‘Lo estás deseando’ y es de Kristen Roupenian, una autora que se hizo muy famosa en redes por su relato ‘Cat Person’. Es un libro de relatos también. Últimamente es lo que me apetece leer.

Para mí escribir es como inventar nuevos mundos posibles y siento que la escritura ‘correcta’ es demasiado escritura de este mundo, no de los otros que yo ando buscando.

¿Cómo influye tu condición de mujer y canaria en tus textos?

Pues creo que lo influye todo. Es lo que soy y no puedo desprenderme de ello. En los últimos textos que he escrito, esencialmente en ‘Panza de burro’, lo he buscado de forma premeditada. En este momento de mi vida yo quiero que los personajes de mis textos sean de Canarias. Cuando empecé a escribir, que no fue hace tanto, intentaba siempre escribir en una especie de idioma que no existe: el español neutro, una lengua que se parece a los subtítulos de las películas y que la mayoría de gente usa para expresarse en libros (porque se supone que en esos espacios solo puede aparecer la forma culta de español y por culto se entiende hegemónico y por hegemónico: capitalino-peninsular, blanco, hombre, neurotípico). En esos textos, en los escritos en español neutro, nadie es de ningún sitio y todo el mundo se llama Gerard y Monique. Ahora uso las palabras que he oído toda mi vida e incluso si no están recogidas en la Academia Canaria de La lengua. Sé que un diccionario no es capaz de contener todas las combinaciones de letras posibles y no quiero que eso me limite. Si una palabra no está registrada y la quiero usar, voy y la registro yo misma con mi escritura. Es una realidad que he aprendido de las autoras latinoamericanas. De Rita Indiana, por ejemplo.

El 15 de abril se iba a publicar Panza de burro (Barrett, 2020), tu primera novela, pero no ha podido ser debido a la crisis sanitaria actual. ¿Cómo sientes al respecto? ¿Qué puedes adelantarnos del libro?

No voy a negar que me entristecí mucho cuando me enteré de que no iba a salir cuando pensaba. Llevaba mucho tiempo fantaseando con la idea. Me monté muchas peliculitas en mi cabeza de cómo iba a ser mi vida después de que saliese mi primera novela. En ese sentido, el parón me vino bien [risas]. Porque tenía unos nervios horribles. Cuando me va a ocurrir algo muy bueno me pongo tan nerviosa que me duele la barriga durante semanas. He tenido que reaprender la capacidad de esperar. Ahora parece que la reapertura de las librerías no es una realidad tan lejana. Me estoy levantando por las mañanas con más ilusión. Saber que mis libros están dentro de una caja de cartón en la casa de Zacarías (editor de Barrett), en Sevilla, me tranquiliza. No los tengo conmigo, pero existen.

De la novela puedo adelantar que está escrita en canario o, por lo menos, en mi canario particular. Y que eso supuso un gran trabajo de experimentación que gocé y sufrí a partes iguales.

Las personas que escribimos, queremos escribir y queremos comer. Y ya está bien de idealizar la pobreza creativa.

¿Cómo ves el panorama literario actual en Canarias?

Lo veo estupendo. Aida González Rossi, Rodrigo García Marina, Tomás Redondo Velo, Yeray Barroso, Alba Sabina, Katya Vázquez Schröder… Todas son personas de mi generación (o cercanas a mi generación) y todas son increíbles. Buenas amigas y buenas escritoras.

Si estuvieras en un puesto de responsabilidad en el área de cultura de un Cabildo o del Gobierno de Canarias, ¿qué medidas tomarías para impulsar la escena actual de las letras en el archipiélago?

Muchas. La más importante: becas. Becas de escritura y becas para residencias de escritura. También más premios. Sobre todo premios a obras ya publicadas, que escasean más. El mayor problema que tenemos la mayoría de personas jóvenes que escribimos en Canarias (y en el resto del mundo) es que de forma literal no podemos ‘permitirnos’ hacerlo. Escribir es una actividad de lujo y la ejercitamos solo en los resquicios de tiempo que quedan entre trabajo y trabajo basura. Nos pasamos los meses haciendo cosas gratis para ganar visibilidad y al final una termina cansándose. Necesitamos un poquito de estabilidad para poder pensar. Las personas que escribimos, queremos escribir y queremos comer. Lo decía Remedios Zafra en ‘El entusiasmo’: “En algún momento de nuestra historia hablar de dinero cuando uno escribe, pinta, compone una canción o crea se hizo de mal gusto”. Y ya está bien de idealizar la pobreza creativa.

De la primera columna, voy a decir que se me ocurrió cuando estaba tecleando el nombre de mi casera en la pantalla del cajero automático para hacerle el primer ingreso de alquiler de la cuarentena.

Y para terminar, ¿qué nos puedes adelantar de tu colaboración con Alegando! Magazine y de la primera columna que publicaremos en breve?

De la colaboración, que se trata de una idea que tenía desde hace mucho tiempo en la cabeza: hablar de mi experiencia como canaria fuera de Canarias. En el período que he estado lejos de Tenerife, he tenido muchas discusiones sobre ese tema con otras amigas ‘exiliadas’ canarias. Todas sentimos que hemos cambiado de país al venir a Madrid. Todas sentimos que somos migrantes y, en realidad, lo somos. Vinimos de una colonia situada frente a la costa noreste de África hasta la Península. Eso es migrar y, cuando el mundo no lo reconoce y no nos reconocemos nosotras mismas, sufrimos. Yo necesitaba decir que echo de menos mi tierra y ahora tengo la posibilidad de hacerlo en Alegando! Por otro lado, de la primera columna, voy a decir que se me ocurrió cuando estaba tecleando el nombre de mi casera en la pantalla del cajero automático para hacerle el primer ingreso de alquiler de la cuarentena.

Finalmente, si te ha gustado la entrevista y quieres que sigamos «alegando» sobre estos temas, visita la página de nuestro proyecto y contribuye con una donación.

Realizador audiovisual. Graduado en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la UC3M (Madrid). Diplomado en Cine Documental por la PUCV (Valparaíso).

2 Comentarios

  1. Andrea me encanta q a tu edad tengas tanto q decir y contar, que seas tan valiente y segura al dar a conocer al mundo tu visión tan especial de tu vida.solo he leido esta entrevista y oído de que va tu novela, y al parecer aunque estamos en en el siglo xxI hay historias y costumbres q no cambian y gente que las cuenta con orgullo.
    Espero leer tu libro.

  2. Andrea, me llamo José Andrés y soy de Icod de los Vinos. Te he visto en la TV y me ha sorprendido que, con tu juventud, expreses ideas profundas del lenguaje escrito. Yo, a mi edad, también me gusta la escritura libre, y por ello te felicito en lo que expresas. Acabo de pedir tu libro, y espero tenerlo en 7 días. Sigue escribiendo…y NO PARES

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