'; ; Campo Concentración Tefía para homosexuales en Fuerteventura
Tefía un campo de trabajos forzados para homosexuales

Tefía, un campo de concentración para homosexuales en Fuerteventura

El Albergue de Tefía, Fuerteventura, es el alojamiento que en la actualidad varios grupos de jóvenes y escolares escogen para organizar salidas formativas y de ocio. Sin embargo, muchos desconocen que hasta hace 52 años era la prisión de la homosexualidad en Canarias. En 1956, en la recta final de la primera etapa del franquismo, se creó en esta zona un campo de trabajo forzado en el que los hombres gais eran recluidos con el fin de ser esclavizados.

La dictadura franquista puede recordarse como el punto negro de la historia reciente de la homosexualidad en España, y el año 1954 como el comienzo de una represión directa hacia el colectivo. Fue en esta fecha cuando se reformó la ley republicana de Vagos y Maleantes con el fin de perseguir y condenar también a quienes sintieran atracción o mantuvieran una relación afectivo-sexual por personas de su mismo sexo. “Deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás”, incluía esta normativa. Por tanto, en esta Colonia Agrícola de la isla majorera, los gais compartían espacio con mendigos, proxenetas y presos políticos, entre otros, pero separados para evitar el “contagio”.

La dictadura franquista puede recordarse como el punto negro de la historia reciente de la homosexualidad en España, y el año 1954 como el comienzo de una represión directa hacia el colectivo

Las penas rondaban entre uno y tres años. Si bien es cierto que, una vez fuera, era muy difícil volver a la rutina. Y es que, de acuerdo con la ley en cuestión, estarían en libertad vigilada y estaban obligados a vivir fuera de su ciudad e incluso en otra isla. Tal y como se refleja en Campo de Concentración de Tefía de la serie documental La memoria silenciada, guionizado por Cirilo Leal y dirigido por David Baute, el centro estaba bajo las órdenes de un exsacerdote, y junto a los funcionarios de prisiones, trabajaban militares y un médico, que lejos de intentar “curar“ a los presos, solo velaba por su buen estado de salud.

Fue en 1966 cuando se puso el candado al campo de Tefía, y las secuelas que dejó en las personas que pasaron por ahí han pasado desapercibidas para quienes ni siquiera conocen qué ocurrió tras esos muros. Por tanto, a pesar de que hoy España se posicione legislativamente como uno de los países más avanzados en materia de derechos LGBTIQ+, no siempre ha sido así. Cuatro años más tarde, en 1970, la ley de Vagos y Maleantes fue sustituida por la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. La principal diferencia entre esta y la anterior es que la última pone especial hincapié en la rehabilitación y la reeducación de las personas consideradas en “estado peligroso“, frente a la norma de Vagos y Maleantes, que centraba sus esfuerzos en el castigo. Así, esta idea de “curar“ la homosexualidad estaba avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que hasta 1990 la incluía en su lista de enfermedades mentales. Por tanto, la medicina fue una de las principales herramientas de las que se valía el régimen para aplicar estas medidas. El artículo 5 de esta orden, incluía que los condenados debían ser internados en lugares especializados entre cuatro meses y tres años, sometidos a tratamientos hasta que se diera por concluido el “estado de peligrosidad social”.

Las secuelas que dejó en las personas que pasaron por ahí han pasado desapercibidas para quienes ni siquiera conocen qué ocurrió tras esos muros

Uno de los argumentos a los que recurría el franquismo para sustentar estas prácticas era la naturaleza, alegando que ser gay era algo que iba contra natura. En esta línea, aún hoy, 72 países siguen sancionando la atracción entre personas del mismo sexo, e incluso en algunos territorios se castiga con la pena de muerte, es el caso de Yemen o Arabia Saudí. Entre los estados represores destaca Rusia, donde algunas organizaciones como Amnistía Internacional han denunciado la existencia de campos como el de Tefía. Por este motivo, tal y como indica la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), muchas personas que buscan asilo en Europa no solo lo hacen huyendo de la guerra, sino que también en varias ocasiones escapan de una política en la que un beso puede ser condenado con la muerte.

En el caso de España, la despenalización llegó en diciembre de 1978. El gobierno de Adolfo Suárez tomó esta decisión solo veinte días después de que se aprobase la Constitución, que ya en su artículo 14 daba las primeras pinceladas de una legislación que abogaba por la igualdad. “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, rezaba este epígrafe de la Carta Magna.

27 años más tarde, llegó el matrimonio igualitario. Una modificación del Código Civil que permitía los enlaces entre personas homosexuales y que no estuvo exenta de posturas contrarias, entre las que destacan las de la Iglesia y el Partido Popular. Ambos lideraron una campaña basada en el concepto tradicional de familia y en los trastornos que podrían darse en los menores que se criaran en el seno de una familia conformada por una pareja homosexual. La agrupación popular trasladó esta negativa al Congreso de los Diputados, donde el 30 de junio triunfó la propuesta con mayoría absoluta. Las papeletas favorables sumaron 187, frente a las 147 en contra, emitidas por el Partido Popular y Unión Democrática de Cataluña. Más de 50 diputados de la agrupación política popular interpusieron un recurso de inconstitucionalidad que no prosperó. Desde entonces, en función de los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística, se han celebrado 1.966 bodas entre personas homosexuales hasta el primer semestre de 2017.

Por lo general, todas estas penalizaciones iban dirigidas a los hombres gais. La mayor presencia masculina en la vida pública explica la menor visibilidad de las lesbianas. El sistema patriarcal es trasversal a todos los ámbitos de la vida, por tanto, los roles que se atribuían a las mujeres y que perviven aún hoy hacen que fuese impensable que se plantearan alternativas distintas a entregar su vida a atender a sus maridos. Aún hoy las mujeres homosexuales o bisexuales son víctimas de una hipersexualización por parte de los hombres. En el marco de una estructura sexista, la mujer siempre cuenta con una doble lucha, que se convierte incluso en triple cuando no proceden de Occidente.

Nací en Lanzarote y estudié Periodismo en la Universidad de La Laguna. Me valgo de la danza y las palabras para contar historias. Creo en la información como herramienta de empoderamiento.

2 Comentarios

  1. Ese lugar fue sede del primer aeropuerto de Fuerteventura, mi padre hizo la mili allí. Luego, con la llegada de la legión a Fuerteventura en 1976, albergó un campamento de reclutamiento de la legión, hasta que el ministerio de defensa compró y habilitó unos terrenos en el Matorral destinados a eso y que después fueron usados como centro de internamiento de inmigrantes ilegales. En los 80, como desagravio, fue sede de unas jornadas anti OTAN que tuvieron amplia repercusión en toda Canarias. Ya en los 90 acogió a varias escuelas taller y se acondicionó el albergue

Deja una respuesta

Your email address will not be published.