economía canaria del siglo XIX

La economía canaria del siglo XIX según Olivia Stone: 1883-1884 (II Parte)

mercados y economía canaria
Fuente: FEDAC. El fotógrafo en el istmo 1880-1885.

El viaje de Olivia Stone y su marido a Canarias, entre los meses de agosto de 1883 y febrero de 1884, y la posterior publicación de la obra Tenerife y sus seis satélites (1887), nos han servido para obtener una perspectiva muy interesante sobre cómo eran nuestras islas y entender muchas de las condiciones que aún hoy nos marcan. Entre ellas, la economía desempeña un papel de indudable relevancia y es por ello que en este artículo seguiremos profundizando sobre la economía canaria a ojos de la viajera británica.

En la primera entrega glosamos la situación económica de las Islas en la época en la que Olivia Stone las visitó. Hablamos de la exigua industria, la artesanía, algunos intentos de diversificación de la economía, y también de la hacienda y la profusión de monedas que circulaban en la época. Hoy hablaremos un poco más de cómo era vivir en Canarias, y a qué bienes había acceso si se disponía de dinero o, simplemente, si había comercio.

Los mercados en la economía canaria del siglo XIX

Los mercados aquí [Las Palmas] son edificios espléndidos […]. Las verduras frescas [en el mes de enero] incluyen papas nuevas, coles, habichuelas, coliflores, lechugas, calabazas grandes y pequeñas, tomates, pimientos dulces y varias hierbas para condimentar. La fruta la forman las naranjas, los plátanos y las manzanas. Debería haber guayabas y mandarinas a la venta, pero crecen, sobre todo, en los jardines privados y casi nunca se ofrecen a la venta. […] Un lateral del mercado está destinado al pan, que traen los campesinos; no obstante, en la ciudad también hay panaderías. […] Aquí se puede comprar carne de res, de cordero, de ternera, de cerdo y de oveja y todo lo relacionado con la carne fresca. También se puede adquirir leche de vaca […]. Un nuevo producto que se está vendiendo en las calles, además de en el mercado, es la caña de azúcar. La venden cortada en pequeños trozos, y la comen mucho, o más bien la chupan, los niños.[…] Saliendo de este edificio, cruzamos hacia la lonja de pescado y, antes de llegar, vemos grandes cantidades de pescado salado apilado en los sótanos de las casas. Al entrar, encontramos una cantidad bastante considerable de pescado fresco a pesar de que ya es relativamente tarde […]. Hay pescados rojos de aspecto parecido al salmonete, pero no en sabor, otros que parecen abadejos y bacalaos, y también hay sardinas a montones

Olivia Stone, 1995

Además de los mercados, aún perduraban en las ciudades algunos procedimientos comerciales eminentemente rurales: “Mientras atravesábamos Las Palmas camino hacia la cochera, que se encuentra en el extrarradio de la ciudad por el sur, vimos cómo llevaban unas cabras por las casas, ordeñándolas a la puerta”.

Al paso entre pueblos, o en los núcleos pequeños y rurales, encuentra algunas ventas que hacen al tiempo de bar y tienda de productos básicos. En algunos núcleos donde la economía es completamente rural, como Guía de Isora (Tenerife) o Tigaday (El Hierro) hay tiendas con productos de primera necesidad. “En una compramos lino, platos de metal, velas, muselina, café, pan y verduras”.

En la isla de Lanzarote, que vivía un momento de importante despoblamiento tras un periodo de sequía, también visitan el mercado de Arrecife. “Esta mañana fuimos a la lonja de pescado que se encuentra al final del muelle pero casi no había pescado. […] Matan un animal cada día, y es suficiente para surtir de carne a los que pueden pagar tal lujo. Tres mujeres estaban vendiendo rábanos y cebollas nuevas, las únicas verduras locales que se pueden conseguir en la actualidad”.

Otros pequeños comercios

En las capitales y ciudades grandes hay algunos comercios como cafés y panaderías.

Los barberos, en algunos pueblos e islas como El Hierro (donde no había médico), e incluso en capitales como Las Palmas, hacen a la vez de cirujanos, enfermeros y dentistas.

El turismo en la economía canaria del siglo XIX (1883-1884)

Fuente: FEDAC. Almacenes y barcos en el puerto Tenerife 1885-1890.

El turismo es aún incipiente, incluso inexistente en algunas islas, aunque estaba aumentando en las islas capitalinas por la liberalización del comercio y el incremento del tráfico marítimo. El turismo de salud viaja sobre todo a Madeira, donde ya existen hoteles muy adaptados a las personas enfermas, aunque Olivia Stone ya plantea que Canarias puede convertirse en gran competidora del archipiélago portugués.

Las Islas aún están iniciando la construcción de su planta alojativa, y sobre todo cuenta con fondas y algunos pocos establecimientos como el Hotel Taoro en el Puerto de la Cruz, donde además se anuncia la próxima inauguración de un hotel inglés. Había otros en Santa Cruz de Tenerife y en Las Palmas de Gran Canaria.

Las islas no capitalinas apenas reciben visitantes. En La Gomera y Lanzarote solo había una fonda, y en El Hierro y Fuerteventura ningún tipo de alojamiento para viajeros.

Entre los viajeros, constata la presencia de ingleses (muchos de ellos residentes —cuarenta en Las Palmas—), franceses, norteamericanos y alemanes. Hay, de hecho, una casa de huéspedes alemana en el Puerto de la Cruz.

En el sector servicios destacan las trabajadoras del hogar y el personal de los hoteles, fondas, cafés y ventas. Los salarios son bajos y las condiciones laborales bastante precarias por las extensas jornadas y los, a veces, inexistentes descansos, aunque comenta que tienen la ventaja diferencial (suponemos que respecto a las inglesas) de que las trabajadoras del hogar pueden renunciar a su trabajo sin previo aviso. Muchos de estos oficios son desarrollados por personas de las islas de La Gomera y El Hierro, “quizás porque estas dos islas son más pobres que las otras y sus habitantes se ven obligados a buscar trabajo fuera”.

El turismo es aún incipiente, incluso inexistente en algunas islas, aunque estaba aumentando en las islas capitalinas por la liberalización del comercio y el incremento del tráfico marítimo.

La periferia de la periferia

El Hierro ha sido la isla más aislada del Archipiélago. Su alejamiento histórico del flujo de capitales se debió tanto a las dificultades para regresar desde la isla cuando se navegaba a vela (teniendo de frente los vientos dominantes), como a la escasez crónica de agua. Al tiempo de la visita de Stone, en la isla no hay carreteras, ni infraestructuras portuarias, ni un solo médico. Tampoco había participado del negocio de la cochinilla igual que las demás.

La viajera británica afirma que la isla carece de comercio. Sólo encuentra una venta en Tigaday. Un autor contemporáneo, Carlos Quintero Reboso (1997), corrobora que el comercio herreño de la segunda mitad del siglo XIX era básicamente de exportación (aguardiente, vino —en menor cantidad—, ganado hacia Tenerife, queso, miel, algunas habas y pequeñas cantidades de tejidos de lana). Pero el comercio interno de la isla, por la carencia de dinero, se reducía casi exclusivamente a un trueque de productos entre las gentes de los diversos pueblos.

Por otra parte, Lanzarote y Fuerteventura, eminentemente áridas, habían sufrido una importante sequía en los años anteriores. La crisis de la cochinilla, y un siglo antes, la de la barrilla, había dejado tras de sí el esqueleto de una época de mucha mayor abundancia. La vulnerabilidad de la economía y las dificultades para la subsistencia provocaron un éxodo que se reflejaba en los paisajes abandonados: “Tahiche es un pueblo pequeño lleno de casas en ruinas.” […] “Notamos, al atravesar la ciudad [Arrecife] esta noche, que en la calle principal había solamente tres farolas. Solía haber diez, según nos dijeron, pero como todas eran privadas, el hecho de que hayan quedado reducidas a tres puede tomarse como otra señal de la desaparecida prosperidad”.

En Fuerteventura,

por desgracia, los tiempos han cambiado. No hay dinero y muy poco alimento. Tanto los ricos como los pobres están medio muertos de hambre. Han pasado tres años sin una sola gota de lluvia y, en los últimos siete, ha habido solamente algún chubasco de vez en cuando. Por consiguiente, el ganado ha muerto o ha sido vendido, y queda tan poco que no se puede sacrificar ninguno para que sirva de alimento. Incluso ahora, que ha llovido, los agricultores no tienen trigo suficiente para sembrar la tierra, ni dinero para comprarlo en otro lugar

Olivia Stone, 1995

Viendo desembarcar cabras de un buque correo en Puerto Cabras afirmó:

Al principio me sorprendí al ver las cabras, pero recordé que aún están repoblando el campo tras siete años de hambruna. […] Mas tarde descubrí que logran sobrevivir a base de semillas de barrilla, que tuestan y convierten en gofio, como si fuese trigo

Olivia Stone, 1995

El comercio de exportación en la economía canaria del siglo XIX

Fuente: FEDAC. Edificio comercial británico 1870-1880.
En estos años, Canarias ve incrementada significativamente la presencia de barcos que mejoran la conectividad y ayudan a la exportación, teniendo en cuenta, además, que comienza la navegación a vapor y que, justo en el momento de la visita del matrimonio Stone, se está instalando el cable telegráfico que permitirá agilizar las comunicaciones y preparar los productos perecederos en el momento exacto para evitar pérdidas.

Sin embargo, aún la navegación a vela es hegemónica y los barcos son de reducido tamaño, al igual que las exportaciones con destino a América. Los buques zarpaban abarrotados de productos agrarios como cebollas, papas, granos e higos pasados y frutos secos. “El principal producto de San Mateo son las castañas, recibiendo hasta unos doce o catorce mil dólares de La Habana al año por el producto exportado”. Los embarques se completaban con algunos otros productos manufacturados y con piedras de cantería que, además de servir de lastre, se vendían en América y también se distribuyeron por las islas para construir edificios y obras de ingeniería civil.

Las libertades comerciales obtenidas tras el inicio del régimen de Puertos Francos incrementaron el comercio con Europa. Inglaterra contaba con una situación predominante entre todos los socios comerciales de las Islas. Olivia Stone lo explica de la siguiente manera:

Quizás lo que más llama la atención desde un punto de vista comercial es que el comercio aquí [Las Palmas de Gran Canaria], y en Tenerife en menor grado, está principalmente en manos de gente inglesa. […] En la actualidad, el comercio principal es el de carbón a los barcos, que incrementa diariamente y que, cuando el cable [telegráfico] esté tendido, aumentará enormemente sin lugar a dudas, en detrimento de Madeira. La compañía madeirense Blandy Brothers, de este último lugar, como iniciativa inteligente en defensa de sus intereses, ha abierto un depósito de carbón en Las Palmas

Olivia Stone, 1995

En cuanto al comercio entre las islas, destaca la cal, que se exporta desde Fuerteventura y se procesa en las islas de destino para aprovechar los viajes de retorno de los barcos, “como no hay con qué cargar los navíos en su viaje de regreso, incluso para La Palma es más barato importar la piedra desde aquí que extraerla de La Caldera”. No obstante, la verdadera razón de importar piedra de cal de Fuerteventura, además de la abundancia de depósitos calcáreos, estriba en que la leña para hornearla escaseaba en esa isla; además, el transporte marítimo de cal viva resultaba peligroso, ante el riesgo de que el producto se mojara y entrara en reacción. Por estos motivos, era preferible exportar la materia prima sin cocer desde tierras majoreras, ubicándose los hornos cerca de casi todos los embarcaderos, grandes y pequeños, de las demás islas. Olivia Stone visita un horno de cal en Santa Cruz de La Palma y otro en La Oliva. “El único comercio que posee la isla [Fuerteventura] es el de la piedra de cal”.

Propuestas de Olivia Stone para impulsar la economía canaria

Muchas veces pensó Olivia Stone en que una relación comercial aún más estrecha con Inglaterra beneficiaría económicamente a las Islas. De hecho, su viaje se justifica para la redacción del libro Tenerife y sus seis satélites, como una suerte de guía de viajes dirigida a sus compatriotas, con el objeto de animarlos a visitar Canarias. Abundan sus referencias en tal sentido:

Albergo la esperanza de que no pase mucho tiempo antes de que este famoso e histórico vino se beba una vez más en Inglaterra. No hay razón para que no se convierta en una industria importante en Tenerife, cuyo suelo ha demostrado ser capaz de producir una uva tan increíblemente buena

Olivia Stone, 1995

Había higos pudriéndose en el suelo en grandes cantidades y secándose sobre los muros y tejados por miles y, sin embargo, El Hierro no los exporta a otros lugares. Si los herreños, que son tan pobres que harían lo que fuera por un poco de dinero, supieran cómo preparar los higos para el mercado inglés, pronto se convertirían en serios rivales y llegarían a sobrepasar a los de Esmirna en cuanto a aceptación

Olivia Stone, 1995

Sobre la fruta, que también desea que se exporte a Reino Unido, manifiesta que “hay tal diversidad, también, en los productos de las Islas, que no tienen por qué interferirse mutuamente en las exportaciones”. En una nota posterior, redactada durante los años que tardó en publicar el manuscrito, confirma que se acababa de iniciar la exportación regular de fruta a Inglaterra por parte de los Señores Miller de Las Palmas de Gran Canaria, aprovechando la llegada del cable telegráfico, que ayudaba a conocer cuándo llegaría el barco para poder recoger y empaquetar la fruta a tiempo sin que se estropease.

También propone otro tipo de negocios para cubrir nichos de mercado a nivel interno:

Incluso en El Hierro, donde sí hay un número apreciable de vacas, ya no hacen mantequilla porque no existe ninguna demanda. Se podría montar un negocio con este producto si se les enseñase el proceso de preparación. Aunque para cualquier empresa siempre hace falta una gran energía y un poco de capital. Desde luego habría un mercado en Tenerife para una mantequilla de calidad pues en La Orotava tuvimos que comerla en lata, un producto horrible. Muchos de los habitantes de clase media, además de los visitantes de La Orotava, consumirían una buena cantidad. También Santa Cruz, donde hacen escala tantos barcos y donde residen tantos hombres de negocio, sería un buen mercado.

Olivia Stone, 1995

Algunas reflexiones que podrían resonarnos hoy

Para terminar, transcribimos algunas reflexiones que anota Olivia Stone en su obra y que, tal vez, nos resulten conocidos y nos hagan ver cómo arrastramos desde hace siglos muchos vicios y muchas inercias que, quizás, va siendo hora de corregir.

Sobre los monocultivos:

Desde luego es una ventaja para el futuro de las Islas que ya no se amasen fortunas con la cochinilla. Durante los pocos años que se cultivó, a la gente la invadió el fuerte deseo de hacerse rica, la moda era ser extravagante, se comenzaron a construir edificios inmensos, y muchas veces inútiles, que nunca se terminaron debido al repentino declive de dicho comercio, y se olvidaron todos los otros grandes recursos potenciales de las Islas. Todo el dinero y la tierra estaba dedicado a la cochinilla, no hubo grandes cosechas, ni cultivo alguno que no fuera el del cactus de la cochinilla y los isleños se entregaron a una especie de disfrute desenfrenado de las fortunas que hacían.

Olivia Stone, 1995

Respecto al pleito entre las dos islas capitalinas:

La lastimosa envidia existente entre las dos islas mayores es digna de desprecio. Su contacto con el mundo exterior hará que desaparezca o, al menos, eso esperamos […]. El Archipiélago debería actuar de forma unificada, tomando como lema: ‘la unión hace la fuerza’. La malsana envidia que caracteriza a los isleños no produce buenas obras, sólo malas palabras.

Olivia Stone, 1995

Sobre el turismo y la lucha por evitar la pérdida de la identidad de un pueblo:

Por más que nos gustaría ver cómo progresan estas islas en la civilización mundial, sentiríamos ver cómo se pierden la vida y las costumbres primitivas de estos habitantes que descienden de una interesante y antigua raza. Esperemos que las dificultades naturales de acceso a los lugares más bellos del interior conserven durante un largo tiempo estos afortunados parajes para el verdadero amante de la naturaleza, tanto animada como inanimada, y que el turista promiscuo del siglo diecinueve se limite a las más cómodas ciudades y a los asequibles paisajes cercanos a la costa.

Olivia Stone, 1995

Recursos bibliográficos

  • Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (FEDAC) Archivo de Fotografía Histórica de Canarias.
  • Quintero-Reboso, C. (1997). El Hierro, una isla singular.. Centro de la Cultura Popular Canaria
  • Stone, Olivia M.; Hernández, Jonathan Allen; Bedford, Juan Sebastián Amador (1995). Tenerife y sus seis satélites. Cabildo Insular de Gran Canaria.

Para la redacción de este artículo, además de la bibliografía citada, mantuve numerosas charlas con el geógrafo Fernando Sabaté Bel, sin cuyas aportaciones, que le agradezco, habría resultado más difícil contextualizarlo de forma adecuada.

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