parir en canarias

La experiencia de parir y nacer en Canarias
(I Parte)

El proceso del parto es, indudablemente, un hecho biológico que, en principio, está diseñado naturalmente para garantizar el éxito en la reproducción de nuestra especie. No obstante, la experiencia del parto y todo lo que lo rodea antes y después viene muy determinado por la cultura y por los medios de los que se disponga. ¿Te has preguntado alguna vez cómo es parir y nacer en Canarias? En este artículo haremos un recorrido sobre la experiencia de parir y nacer en nuestro Archipiélago.

Parteras y matronas

Relieve romano que presenta un parto atendido por mujeres
Relieve romano que presenta un parto atendido por mujeres. Isola Sacra – Fuente original: Magistrahf on Flickr
El éxito de la reproducción de nuestra especie debe involucrar tanto la supervivencia del bebé como la de la madre en tanto nacemos absolutamente incapacitados para valernos por nosotros mismos y, además, lactamos. Para ello, el organismo sincroniza toda una serie de funciones. Sin embargo, aunque el parto sea un proceso natural, lo cierto es que el parto asistido ha sido una constante en nuestra especie e incluso se le ha considerado parte de nuestra estrategia evolutiva.

La medicina moderna fue denostando las prácticas ancestrales y a sus protagonistas.

Tradicionalmente esta asistencia era un campo exclusivo de las mujeres, pero con el paso del tiempo y el surgimiento de la medicina moderna, las comadronas, parteras y, en general, las mujeres que protagonizaban la asistencia al nacimiento, fueron sustituyéndose por médicos.

Así, la medicina moderna fue denostando las prácticas ancestrales y a sus protagonistas. Este hecho, que se fue verificando poco a poco hasta llegar a todas las zonas y clases sociales de nuestro Archipiélago, ha sido determinante a la hora de aproximarnos a la experiencia de parir y nacer en Canarias. En las Islas, al igual que en otros lugares, este desplazamiento tuvo consecuencias que han sido evidenciadas por Silvia Federici, en su obra Calibán y la bruja, donde afirma que “con la marginación de la partera, comenzó un proceso por el cual las mujeres perdieron el control que habían ejercido sobre la procreación, reducidas a un papel pasivo en el parto, mientras que los médicos hombres comenzaron a ser considerados como los verdaderos «dadores de vida».

Sarai Hernández González, matrona en paritorio del Complejo Hospitalario Universitario de Canarias nos aclara que “la matrona, hoy en día está reconocida como el profesional más adecuado para la atención al parto de bajo riesgo. Haber considerado a las parteras como mujeres ignorantes y haber pasado a la medicalización del parto en los hospitales tuvo consecuencias a nivel emocional y de la salud para las mujeres. Hubo una disminución de la mortalidad importantísima y ahora se aprecia un aumento de la morbilidad que está siendo evaluado. Es importante que esto, hoy en día, esté reconocido en la Estrategia de Atención al parto normal del Ministerio de Sanidad y por las instituciones científicas”.

Aunque la figura de la partera fue denostada por la medicina moderna, la figura de la matrona ha conseguido recuperar, en buena medida, el hecho del nacimiento como un acontecimiento natural y propio del cuerpo de la mujer.

El resultado de este proceso, tanto en Canarias como en otras partes del mundo, es complejo, ya que por un lado los datos de mortalidad perinatal han disminuido (entre otras cosas, por la importancia que la ciencia confería a la higiene), pero por otro lado, la excesiva medicalización y mercantilización del embarazo y el parto ha dado lugar a otros problemas que aún hoy se están intentando corregir. Sarai Hernández González, matrona en paritorio del Complejo Hospitalario Universitario de Canarias, nos confirma con su experiencia que “haber considerado a las parteras como mujeres ignorantes y haber pasado a la medicalización del parto en los hospitales tuvo consecuencias a nivel emocional y de la salud para las mujeres”. Ella reconoce que ha habido una disminución de la mortalidad importantísima, aunque ahora se aprecia un aumento de la morbilidad que está siendo evaluado”.

Así, aunque la figura de la partera haya sido denostada por la medicina moderna, la matrona ha conseguido recuperar, en buena medida, el hecho del nacimiento como un acontecimiento natural y propio del cuerpo de la mujer. En Canarias existe la Asociación Canaria de Matronas (ACAMAT), aunque la ratio de paciente por matrona es aún excesiva, como declara la matrona Sara Daroca, colaboradora de Alegando! Magazine en su entrevista.

Costumbres populares canarias en la experiencia de parir y nacer en Canarias

El libro Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte, del que extraemos las prácticas de principios del siglo XX, fue el resultado de las informaciones relativas a Canarias, recopiladas a través de una encuesta, entre los años 1901 y 1902, por el Ateneo de Madrid. Los cuestionarios fueron dirigidos a “corresponsales” en todas las provincias españolas. Obviamente, estas personas debían ser capaces de entenderlos y contestarlos, por lo que fueron rellenados, básicamente, por curas o por personas ilustradas.

El libro Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte, del que extraemos las prácticas de principios del siglo XX, fue el resultado de las informaciones relativas a Canarias, recopiladas a través de una encuesta, entre los años 1901 y 1902.

En el caso de Canarias, el responsable fue el Dr. Juan Bethencourt Alfonso, un humanista, médico y profesor de profesión, con gran interés por la antropología, la etnografía y la arqueología. Él también acude a numerosos informantes de las Islas y de sus respectivas comarcas, entre ellos, curas, farmacéuticos, maestros o secretarios de ayuntamiento. Completó la información con archivos parroquiales, municipales y privados, así como con numerosas citas bibliográficas. No consta que participaran las mujeres, que no solo eran las protagonistas del hecho del nacimiento, sino que además, solían ser las únicas que lo presenciaban.

No consta que participaran las mujeres, que no solo eran las protagonistas del hecho del nacimiento, sino que además, solían ser las únicas que lo presenciaban.

En las informaciones recogidas en el libro sobre las prácticas y sus protagonistas en el proceso del parto y nacimiento podemos reconocer cierto grado de descrédito; aunque bien es cierto que muchas de estas prácticas nos pueden parecer abominables y algunas de ellas se han demostrado contraindicadas. Sin embargo y a pesar de que a principios del s.XX aún primaba la confianza en la magia y la religión (no solo en este campo, sino también en el de la medicina general, la veterinaria, la agricultura y absolutamente todos los campos de la vida), no podemos ignorar el valor de las parteras y de su experiencia; experiencia -la única posible a la que podían tener acceso la población de escasos recursos- que salvaron muchas vidas. Sobre ellas se afirma lo siguiente:

«Desempeñan este oficio mujeres ignorantes, sin conocimiento alguno sobre la materia gratuitamente en los pequeños pueblos y mediante retribución en los centros de mayor vecindario. Desaseadas, supersticiosas, con una terquedad rayana al heroísmo se defienden contra la limpieza y contra las corrientes de desinfección. Procuran ganarse la confianza de la parturienta y de la familia adoptando cierto tono de desenfado y de mando relatando casos favorables, contando chascarrillos o lanzando frases e interjecciones nada cultas; pero si el parto es detenido o sobreviene algún incidentes, prepara la coartada sacando a colación, sucesos fúnebres, alarmantes o penosos»

Mortalidad perinatal en la historia de Canarias

Resto perinatal guanche encontrado en Guía de Isora
Resto perinatal guanche encontrado en Guía de Isora – Fuente: National Geographic
La Sociedad Tibicena Arqueología y Patrimonio, el Museo Canario, la Universidad de La Laguna y el Cabildo de Gran Canaria publicaron un estudio en la revista International Journal of Osteoarchaeology titulado Perinatal burials at pre-Hispanic noncemetery sites in Gran Canaria: Tophet, infanticide, or natural mortality?

En este trabajo se analizaron restos de fetos de indígenas canarios que, en primera instancia, se habían achacado a bebés víctimas de operaciones de regulación de la presión demográfica o con fines votivos. Sin embargo, los autores vieron en ellos el reflejo claro de la alta mortalidad perinatal, puesto que la mayoría corresponde a niños varones nacidos entre las semanas 36 y 37 de gestación. Ambos datos, el sexo y el tiempo de gestación, concuerdan con la tendencia general universal registrada por la literatura médica. Además, el tratamiento mortuorio realizado en un ámbito doméstico, también apoya esa tesis.

Hoy hay estudios que sugieren que en aquellos momentos, siglos X a XIV, morían en Canarias del 20 al 30 % de los recién nacidos.

De hecho, hoy hay estudios que sugieren que en aquellos momentos, siglos X a XIV, morían en Canarias del 20 al 30% de los recién nacidos, aunque esta elevada mortalidad perinatal e infantil no era, de ninguna manera, exclusiva de Canarias ni de las comunidades aborígenes. Según Sofía Reyes-Bartlet, miembro de la junta directiva de Cometa, Asociación de Familias ante la Muerte Perinatal, “uno de cada cuatro embarazos va a sufrir una muerte gestacional o neonatal. De ahí el lema que siempre utilizamos: Yo soy una de cuatro”.

Esta asociación lucha por visibilizar el dolor que sufren las familias ante la pérdida de un bebé, aunque este aún no haya nacido o acabe de nacer. La representante de Cometa añade que “está claro que éste sigue siendo un tema tabú. Es el duelo más desautorizado que hay, puesto que la sociedad no tiene las herramientas para acompañar a una persona que está pasando por un duelo perinatal”.

Tal vez precisamente por haber sido un tema del que se ha hablado muy poco, es difícil encontrar datos históricos. Sin embargo, el doctor Juan Bethencourt recoge algunas costumbres que nos dan a entender que la muerte siempre era una posibilidad.

En Fuerteventura, “todas las embarazadas prometen a la Virgen de los Dolores o a la del Buen Viaje, llevarles a los niños, o decirles misa o hacer alguna ofrenda. Casi todas se confiesan antes (llegando algunas hasta a arreglar su mortaja, velas, etc.), por si mueren. Cuando paren o mueren, creen que será a la hora en que sale o se pone la luna”.

En Santa Cruz, las mujeres embarazadas rezaban a diario la siguiente oración: San Bartolomé se levantó/ pies y manos se lavó/ por el camino, caminó/ con el Señor se encontró/ y estas palabras le habló:/ -¿Dónde vas, Bartolomé?/ En busca de ti, Señor./ -¡Vuélvete, Bartolomé!/ que yo te daré tal don/ que en casa que tú entres/ no caiga piedra ni rayo/ ni muera mujer de parto/ ni criatura de espanto.

Y para evitar el aborto, igualmente en Santa Cruz de Tenerife, tomaban remedios, se ponían la correa de San Agustín y se aplicaban a las caderas paños de vinagre.

Los datos de muertes perinatal y la poca esperanza de vida en los primeros años de una persona justifican de alguna manera el recurso a rezos y prácticas como las que hemos señalado. Según la obra Historia contemporánea de Canarias, que recoge datos relativos al siglo XIX, uno de cada tres fallecidos eran recién nacidos y párvulos.

Estera de palma para fondo de cuna, en Masca (Tenerife) - Fuente Costumbres canarias de nacimiento, matrimonio y muerte
Estera de palma para fondo de cuna, en Masca (Tenerife) – Fuente: Costumbres canarias de nacimiento, matrimonio y muerte
«La mortalidad infantil se mantiene con valores del 200-250%, llegando en algunas ocasiones al 300% (sic*) hasta prácticamente los años 40 de la siguiente centuria. Esto es debido a las pésimas condiciones higiénicas y sanitarias, la insuficiencia alimentaria y el precario control de las condiciones ambientales. Las causas directas de estos fallecimientos eran, generalmente, las afecciones exógenas de índole infecciosa e infectocontagiosa, tanto en los niños como en las personas adultas.»

(Sic*) Entendemos que debe haber un error en la impresión original y que, en realidad, este dato debería estar expresado en tantos por mil.

Indudablemente, el surgimiento de la medicina amparada en la evidencia científica, y la concesión de la debida importancia que merece la higiene, contribuyó a disminuir sensiblemente los indicadores de muerte de la madre o del bebé. En Canarias, en la década de los 90, la tasa de mortalidad perinatal en las Islas se situaba en torno al 6,7‰. Hoy en día, y según datos del Instituto Nacional de Estadística, la cifra ha bajado al 4,39‰.

El parto en Canarias

Sillas colocadas para expulsivo - Fuente_ Costumbres canarias de nacimiento, matrimonio y muerte
Sillas colocadas para expulsivo – Fuente: Costumbres canarias de nacimiento, matrimonio y muerte
Como ya comentamos, el parto humano ha requerido siempre de acompañamiento, y éste, hasta la irrupción de la medicina, se llevó a cabo por mujeres, algunas de ellas especializadas, aunque a principio del s. XX comienza a recurrirse a los médicos en casos especialmente difíciles en algunas zonas urbanas.

En los registros escritos en Canarias en la obra Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte se relatan algunas prácticas, como por ejemplo la siguiente, recogida como costumbre en Santa Cruz de Tenerife: “tan pronto empiezan los dolores, la parturienta hace esfuerzos, ya sentada entre dos sillas, ora andando, bien apoyada o colocada de bruces, o en cualquier otra actitud menos acostada”.

A principios de siglo, las complicaciones en el parto muchas veces se enfrentaban recurriendo a supersticiones y a técnicas que ponían en riesgo la salud de la mujer y del bebé. Reproducimos literalmente lo que sobre esto se recogió en Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte por ser sumamente interesante leerlo tal cual fue escrito en su momento.

«En los partos laboriosos tienden sobre la mujer la capa de San Bartolomé y si el caso es difícil la de San Jerónimo; en este caso ponen al recién nacido el nombre del Santo. Exahuman con poleo, con ajo, incienso o alhucema, la boca del cuervo (vulva). Ponen a la parturienta el sombrero del marido o de otro que se llame Juan.
La hacen beber el agua con que se lavan las llagas del Cristo de La Laguna; el parto será más feliz, si dentro del agua ponen tres papelitos con los nombres de Jesús, María y José, tragándolos de pronto. Otras beben un vaso de orines del marido (como emético), o cocimiento de esparto o chocolate con azafrán; quien pone en agua la rosa de Jericó o se propicia un baño de pies o toma vino con huesos de dátil molidos o de casco de asno o huevos crudos; aquellas aplican a la boca del cuerpo, cataplasmas de rancio de sombrero, u hojas de col machacada. Si a la mujer se le han acabado las fuerzas, la tienden sobre un colchón, en dirección contraria a la de otra persona que apoya sus pies en las ingles de la embarazada y cogiéndose de las manos hacen fuerza por igual; o en otras posturas violentas forcejeando la comadre y sus ayudantes hasta provocar el alumbramiento y dejar medio muerta a la parturienta. Para que la parturienta eche el recado, las pares o las alumbres (placenta) emplean diferentes medios, bien la ponen de cuclillas en la cama y la hacen soplar con fuerza por la boca de una botella vacía, ya le dan un vaso de orina de una persona como vomitivo, o un huevo de gallina batido en agua tibia, o cocimiento de raíz de espárrago silvestre o de esparto de botija; otras emplean polvos de casco de asno negro mezclados con vino o bien felpa de sombrero de copa, raspado y sometido a la torrefacción y mezclado lo que resulte con vino, lo hacen beber a la parturienta; otras le dan baños con vapores de leche en la boca del cuerpo y aún la comadre se pone en la cabeza un ruedo hecho con una sábana y aplicando la cabeza así dispuesta al ombligo de la recién parida, hacen ambas fuerzas por igual hasta que expulsa aquella el recado…
»

Evidentemente, la presencia de centros hospitalarios ayudó en mucho a aquellas mujeres que presentaban alumbramientos difíciles. El problema deriva de que, al generalizarse el hecho de acudir a ellos, el parto se trató como una patología y se medicaliza hasta el punto de que se protocolizaron prácticas innecesarias y se le arrebató a las mujeres el protagonismo de su proceso, dando lugar a lo que se ha denunciado y reconocido como violencia obstétrica.

Algunas de estas prácticas fueron la obligación de parir en postura acostada (menos cómoda para la mujer y requiere una mayor intervención e instrumentalización por parte de los médicos) y boca arriba, la rarificación y estrés del ambiente hospitalario, la vulneración del derecho a la intimidad de la mujer, la premura en los tiempos por protocolo, algunos protocolos médicos y, en muchas ocasiones, la brusquedad del trato de muchos profesionales. Se ha demostrado que muchas de esas actuaciones bloquean el proceso natural y acaban desembocando en intervenciones forzadas como la aplicación de fórceps y cesáreas que podían ser evitadas.

No obstante, lo cierto es que la práctica de los partos hospitalarios ha ido evolucionando constantemente. Matilde Clavijo Rodríguez, médico especialista en obstetricia y ginecología del Hospital Universitario de Canarias, nos relata cómo era el tratamiento a la mujer embarazada sin patologías en los años noventa:

“En esos años se consideraba muy importante la monitorización de la madre y el bebé, pero las madres debían estar encamadas hasta que apareció la telemetría al final de la década (monitorización que permite el movimiento por toda la habitación). Ya entonces los maridos podían asistir al parto, aunque tuvieran que ser instrumentalizados. La matrona se encargaba de vigilar el parto y avisar en el caso de que surgieran complicaciones o sospecha de pérdida de bienestar fetal, o sufrimiento fetal, como se le denominaba entonces. En caso de que hubiese complicaciones, se avisaba a los médicos. En ese caso, solía pasar el médico residente y el médico adjunto (responsable de guardia o del paritorio). Otro procedimiento habitual era la episiotomía (incisión en el perineo). Eso lo hacíamos, sobre todo, con las madres primerizas, porque considerábamos que era más sencillo coser y curar un corte que un desgarro”.
“En esa época ya se inducían los partos con prostaglandinas (preinducción) y oxitocina. Estas inducciones se hacían si había sospecha de problemas en el desarrollo del feto o de la placenta (patologías o envejecimiento), por falta de líquido amniótico, o si la fecha probable de parto se acercaba a la semana 42, en las que el riesgo de pérdida del bebé es bastante elevado. También se inducía si se había producido una rotura de bolsa de más de 24 horas por riesgo de infección. Lo que no se había generalizado era el uso de la anestesia, y eran pocos los anestesistas disponibles. De lo que no tengo ningún tipo de experiencia es de haber inducido partos sin necesidad”.

En los últimos años, los hospitales canarios han realizado actuaciones que han mejorado sensiblemente las condiciones de los paritorios, y la figura de las matronas, desde una posición discreta de respetuosa colaboración, está contribuyendo a humanizar la experiencia del parto. Entre otras cosas, los paritorios han dejado de ser lúgubres salas de operaciones para convertirse en habitaciones mucho más acogedoras, en las que el material médico procura ser ocultado de la vista para no impresionar a las mujeres. Las camillas adoptan varias posiciones, los monitores permiten el desplazamiento por toda la habitación, hay baños para cada estancia, se permite que las mujeres den a luz en la posición que prefieran, e incluso existen planes de parto en los que ellas pueden exponer sus preferencias, y que deben ser respetados en todo lo que sea razonable y viable.

También se están desarrollando continuamente cursos de formación y reciclaje para el personal sanitario, como los que promueve la Asociación de Matronas de Canarias, e incluso hay foros virtuales y grupos de mensajería instantánea en los que participan personas de varias disciplinas (matronas, pediatras, obstetras, asesoras de lactancia…) en los que se comparten casos, dudas e inquietudes para mejorar en la atención sanitaria.

Sin embargo, la tasa de cesáreas en Canarias, aún hoy, cuando muchas de estas medidas están siendo corregidas en un intento de humanizar el nacimiento, es del 20,49%, algo inferior a la tasa general española, que está en un 25% y que ha aumentado respecto a los últimos diez años. Con todo, estamos muy por encima de lo indicado por la Organización Mundial de la Salud, que recomienda que no se supere el 10 – 15 %, y que sitúa a España entre los países con mayores tasas de cesáreas de la Unión Europea.

Hospital materno infantil
Fuente: Ayuntamiento de Agüimes
Además, la irrupción del Covid-19 ha complicado más la situación, aunque por suerte, durante el inicio de la pandemia no aparecieron prácticamente casos de mujeres infectadas en Canarias a la hora de dar a luz, lo cual permitió ir ajustando los protocolos de manera más sosegada que en otros hospitales de otras Comunidades Autónomas. Según Sarai Hernández González, matrona, “en las Islas, aunque se ha primado la seguridad y las mujeres deben llevar la mascarilla puesta en todo momento –aunque tengan la PCR negativa- la atención al parto no se ha modificado gravemente como sí ocurrió en otros hospitales. Por ejemplo, aquí no se separa a los bebés y a las madres”. Sobre el acompañamiento, comenta que “aunque hubo épocas en las que no se consintió, las ginecólogas del Hospital Universitario han luchado por permitir el acompañamiento en las revisiones del embarazo y las consultas de final de gestación cuando estamos en nivel bajo.

En el momento del parto también puede entrar la pareja, a menos que ésta esté infectada, en cuyo caso, la mujer puede hacerse acompañar de otra persona, aunque solo puede pasar una vez ingresada la mujer, para evitar el tránsito. Sin embargo, ha habido momentos en los que nos hemos encontrado con falta de sitio, y situaciones en las que las mujeres tenían que compartir espacio, y ahí tenían que estar solas hasta que las pudiésemos ubicar en una habitación individual. Tampoco se han hecho más inducciones o más cesáreas a causa de la pandemia”.

Por último, cabe mencionar que, aunque el parto en casa es aún una práctica minoritaria entre las mujeres embarazadas y no son muchas las profesionales que lo asisten, hay mujeres que optan por ello y hay profesionales que ofrecen servicios de asistencia de parto domiciliario, aunque no es un servicio cubierto por la Seguridad Social.

Según María del Carmen Santana, comadrona que ha atendido partos a domicilio durante muchos años, “las mujeres que deciden parir en casa son personas que tienen las cosas muy claras, que quieren que su parto se desarrolle en la mayor intimidad posible, y esto es algo que no siempre ocurre en los hospitales, aunque hoy en día están mejorando mucho las cosas. Para que sean atendidas por profesionales, las mujeres que desean parir en casa deben ser mujeres sanas, su embarazo debe cursar sin patologías, que no sea gemelar, que el bebé esté bien posicionado y que la edad gestacional no sea menor a 37 semanas ni mayor de 42. La mujer que desea parir en casa debe contactar con su comadrona lo antes posible porque para nosotras es muy importante conocerla, ver su entorno, ver cuáles son los motivos y si realmente reúne las condiciones para parir en casa”. Este tipo de parto se empezó a demandar en los años ochenta y ha habido épocas de bastantes solicitudes.

Para la próxima entrega…

En la segunda parte de este artículo hablaremos del cuidado del bebé recién nacido, la lactancia, el puerperio, algunas creencias curiosas y las demandas que lanzan las madres y las sanitarias para mejorar la experiencia del parto y el nacimiento en Canarias.

Agradezco sinceramente la generosa participación de todas las personas entrevistadas para este artículo.

Bibliografía

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