Parece increíble pensar que en la década de los años 60 en Santa Cruz de Tenerife había más de una veintena de salas de cine y que hoy apenas contemos con el Cine Víctor y los Yelmo Cine en el C.C. Meridiano. Recordemos que hace unos cinco años cerraban los Renoir Price debido a la asfixia del IVA cultural y “el «nulo apoyo» de las televisiones y el Gobierno al cine de autor, europeo y de calidad”, según afirmaron fuentes de la empresa propietaria Alta Films. Esta paulatina e inexorable desaparición de las salas de cine nos ha llevado a lanzar una mirada llena de curiosidad y asombro hacia aquella época histórica donde habían hasta tres cines diferentes en una sola calle.
Habían hasta tres cines diferentes en una sola calle
Para dibujar el mapa de las salas de cine de Santa Cruz de Tenerife durante el boom de los años 60, y recordar cómo funcionaban en plena dictadura franquista, nos pusimos en contacto con Mario Álvarez, un tinerfeño que trabajó desde finales de los años 50 como operador cinematográfico en salas como el Cine Numancia, el Cine Delta, el Cine Princesa y el cine de verano de la Plaza de Toros. Como afirma el propio Mario, “en esa época había un auge del cine”.

Y efectivamente, la lista de nombres que comenzó a recordar parecía no tener fin. En la Plaza de La Paz estaban el Cine Víctor y el Cine La Paz; en la antigua avenida General Mola, hoy avenida Islas Canarias, se encontraban el Cinema Victoria, el Teatro Baudet y el Cine Tenerife; en la calle Salamanca, los Prize; en la calle Méndez Núñez, el Cine Rex; en la zona del Toscal, el Teatro San Martín, y sólo en la calle La Rosa, el Cine Toscal, el Cine Royal Victoria y el Parque Recreativo; en el Barrio de la Salud, el Cine Princesa y el Cine Delta; en la zona de Cabo Llano, el Cine Moderno, el Cine San Sebastián y el Cine Avenida; Cine Buenos Aires, Cine Numancia y otros más. Y por supuesto, el cine de verano en la Plaza de Toros.
Esta época dorada de las salas de cine en la isla de Tenerife ha sido muy bien documentado por Julián Hernández, quien ha publicado recientemente su libro Los olvidados cines de Tenerife con Ediciones Idea, en el que hace un repaso por los cines mencionados y los del resto de la isla.
El cine como nueva forma de ocio en los años 60
Durante los años 60, las familias y las parejas llenaban las salas de cine. El matinal de 16:30 se usaba los domingos y festivos, y de lunes a sábado las funciones eran a las 18:30, 20:30 y 22:30 o 18:00 y 21:00, si la película era muy larga. Esos horarios eran prácticamente comunes para todos los cines. Algunas películas eran autorizadas para todos los públicos, otras para mayores de 16 y de 18 años.
En la época, existían los llamados “cines de estreno”, en los que se proyectaba en primicia la película. Se tenía en cartel normalmente una semana si gozaba de buena acogida entre el público. De ahí pasaba a otro cine del municipio de La Laguna y después volvía a Santa Cruz y comenzaba a rodar por varias salas de la capital. Por ejemplo, del Teatro Baudet al Teatro San Martín, después al Parque Recreativo y finalmente al cine La Paz. Había algunas salas que sí ponían la misma película en dos cines a la vez. Pero como recuerda Mario, “era un poco locura, porque había que estar con las bobinas de las películas para arriba, bobinas para abajo…”. Los “cines de estreno” en Santa Cruz eran principalmente el Teatro Baudet, el Cine Numancia, el Cine Víctor, el Cine Rex y posteriormente el Cine Greco también. De ahí pasaban al resto de salas.

Era muy frecuente encontrar en cartelera películas de la II Guerra Mundial, del oeste americano, cintas mexicanas, musicales, películas de tarzan, etc. Cuando le preguntamos por las producciones españolas, Mario nos informa de que había que proyectar una determinada cantidad al año, ya que la mayor parte de las películas eran americanas o extranjeras. Había una especie de cuota que se tenía que cumplir y la mayoría se proyectaba sobre todo en los cines de verano. Muchas de ellas son las que hoy aparecen en Cine de Barrio. En esas horas y horas de proyecciones, Mario recuerda con especial cariño Primavera en el corazón de Roberto Domínguez, un musical mexicano en el que un chico tartamudo aprende a cantar para mejorar su dicción, y las películas de artistas como Pedro Infante y Lucho Gatica.
La innovación también tenía cabido, y el Royal Victoria se hizo eco de los avances en el sector proyectando por primera vez películas de relieve. Una técnica traída de EE UU, donde en 1952 se estrenó en los Teatros Paramount de Hollywood y Los Angeles la primera película en relieve 3D a todo color rodada en el mundo. Pero al igual que ocurrió con el público americano, tuvo poco éxito. El efecto que conseguía era parecido al 3D actual. Lo hacían utilizando dos proyectores simultáneamente. Cuando echaban una película de indios, parecía que las flechas te venían de frente. Según Mario, los rumores decían que había gente que huía de la sala, aunque él asegura que nunca vio a nadie salir corriendo.
El cine siempre ha sido un atractivo ecaparate, tanto para las empresas como para los gobiernos. Y por supuesto, en plena dictadura franquista era obligado proyectar el NODO antes de la pelicula. También había un descanso a la mitad de la proyección en el que se mostraba publicidad de diferentes marcas, y si los filmes eran cortos, se solían poner documentales o incluso dibujos animados para “compensar” al espectador.
La censura franquista en el cine
Todo el mundo sabe que durante el franquismo había censura, que se ejercía mediante la prohibición de determinadas películas o mediante la modificación de las mismas. La técnica favorita para “adecuar” el guión a los “valores nacionales y espirituales de la patria” era el doblaje, una técnica obligatoria desde 1941 que permitía ejercer el control sobre los diálogos, los sonidos y la música.

¿Quién ejercía la censura en el cine durante el franquismo? Pues dependía de la Junta Superior de Censura Cinematográfica, encabezada por el director general de Cinematografía y conformada por representantes del Departamento de Propaganda, del Ejército y de la Iglesia Católica. La películas eran visionadas por los censores en la Península y dictaminaban si debía ser prohibida, modificada o podía ser proyectada sin cambios en función de la adecuación a los criterios morales del régimen. Las que sufrían modificaciones, eran enviadas a las salas de cine con los “arreglos” hechos junto a la correspondiente hoja de censura, en la que se indicaban los cambios que había sufrido la película original.
“En aquella época había mucha represión. Te censuraban cualquier tontería: un beso, una canción, una escena. Si había alguna actriz algo descotada, acortaban la imagen”, asevera Mario. Pero muchas veces la censura era aplicada de manera “chapucera”, llegando a generar situaciones absurdas y más transgresoras que en las cintas originales, como ocurrió con la película Mogambo de John Ford, donde para evitar la representación del adulterio convirtió a los protagonistas en hermanos, sugiriendo así, sin quererlo, una relación incestuosa. Sobre esto Marío comenta que “ya en democracia, al ver alguna de esas películas sin censura, pensaba en lo ridículo que era todo. A veces no había ningún tipo de criterio. Te censuraban una canción en una escena, y al rato volvía a sonar sin censura. No tenía mucha lógica”.
Ya en democracia, al ver alguna de esas películas sin censura, pensaba en lo ridículo que era todo
Otra anécdota curiosa de la época era que cada quince días había que comprar de manera obligatoria un ticket que llamaban “el emblema”, y tenías que llevarlo para que te lo viera el portero, porque si no lo llevabas no te dejaban entrar a la sala de cine aunque hubieses pagado tu entrada. Era como un pequeño impuesto por la Falange.
Del NODO al porno: la transición
Como recuerda Marío, “cuando terminó la dictadura comenzó la liberación de las imágenes e incluso surgieron cines especializados en películas X, como el Cine Toscal, que era prácticamente porno en la transición”. El Cine Numancia, el Cine Prize, el Cinema Victoria también llegaron a proyectar películas porno americanas, pero sin duda el más famoso era el Cine Toscal.
Cuando terminó la dictadura comenzó la liberación de las imágenes
En los inicios de la democracia, se proyectaron películas que introducían sexo y desnudos sin que estuviera justificado por la historia que contaban. Era un “por la cara” constante, donde la calidad fílmica pasaba a un segundo plano en muchas ocasiones. Una anecdota ya histórica fue la proyección del documental sobre educación sexual Helga, que llenó las salas de cine de hombres venidos de todos los lugares de la isla en busca de «emociones fuertes». Entre esas salas se encontraba el Cine Numancia, donde Mario trabajaba, el cual asegura que el morbo y la euforia de algunos era tal que había ambulancias aparcadas por fuera para atender a los más afectados.
El declive de la salas de cine y la aparición de los vídeos comunitarios en los años 80
El cine fue decayendo bastante con la popularización de las cintas de vídeo (VHS) en los años 80 y la aparición de los videoclubs. Eso obligó a muchos cines a cerrar. Y es que, con el alquiler de un VHS, toda la familia veía la película y estabas en tu casa. No era igual que verla en una pantalla de cine, porque la sensación es incomparable, pero era más barato. Mario rememora como en barrios obreros como el de Santa María del Mar empezaron a implantarse vídeos comunitarios, una surte de televisión de pago por cable. “La señal del vídeo llegaba a tu casa. Te ponían una linea y pagabas una pequeña cantidad por el mantenimiento de la línea. Lo que reproducían en un vídeo se veía en diferentes televisiones de diferentes casas a través de ese cable”. El cine poco a poco se fue convirtiendo en una experiencia cada vez más privada, y las salas de cine de la isla fueron desapareciendo paulatinamente.
Muchos de los cines que rememora Mario hoy ya son ruinas donde habitan viejos recuerdos. Algunos fueron abandonados y otros pasaron a cumplir una nueva función. La tecnología evoluciona, y con ella, las formas de consumo y de relacionarnos. Ahora las salas de cine se encuentran en Internet y se llaman Netflix, HBO o Amazon Prime. Así es la vida, todo cambia. Pero merece la pena echar la vista atrás y entender lo que aquellas salas de cine significaron para muchas personas, el lugar donde «meterse mano» a escondidas, donde olvidarse entre risas de las miserias de la época, donde el espectador podía ser adoctrinado, persuadido, provocado o excitado. Pero ante todo, el cine sigue siendo ese lugar donde las películas aún nos hacen viajar e imaginar otros mundos sin movernos de la butaca.
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