olivia stone en canarias

Canarias a ojos de Olivia Stone 1883-1884: El clima y el agua

Olivia Stone y su esposo visitaron las Islas Canarias entre los meses de septiembre de 1883 y febrero de 1884. Olivia vivió en una época, la victoriana, en la que algunas mujeres, de forma muy incipiente pero totalmente pionera, comienzan a viajar o a sumarse a los viajes de aventura y descubrimiento que, hasta ese momento, habían sido patrimonio masculino en exclusiva.

Olivia Stone en 1884
Ilustración: Tenerife y sus seis satélites
Ella anotó minuciosamente todos los detalles de una expedición en la que cuantificaron y registraron todo aquello que podía medirse. Posteriormente, con una redacción dinámica y muy personal, convirtió todas sus anotaciones en una especie de guía de viajes para sus compatriotas, que nos ha llegado traducida más de un siglo después de su publicación con el nombre de Tenerife y sus seis satélites. Gracias a ella, podemos remontarnos al pasado de nuestro territorio y descubrir, con la perspectiva del tiempo y a través de los ojos de una extranjera, cómo éramos y cómo se nos veía. Porque, además de describir al paisaje y al paisanaje, apuntó todas las consideraciones que le suscitaba lo que iba conociendo, incluyendo aspectos sociales, políticos, económicos, fiscales e incluso sobre la conservación del patrimonio aborigen, al que le guarda un gran respeto y reconocimiento. Muchas veces nos hemos impresionado ante análisis certeros y vaticinios que parecen anticipar cómo se verificó el devenir de las Islas, y algunas de sus propuestas podrían resultar útiles aún hoy.

Lamentablemente, parece ser que se han agotado todos los ejemplares de la edición que publicó el Cabildo Insular de Gran Canaria en el año 1995, única traducida al castellano. Esperamos que en algún momento se pueda reeditar y quedar a disposición de muchas más personas, porque es un libro que se disfruta quizás con mayor entusiasmo que la sola visualización de fotos antiguas sin contextualizar.

Mientras esperamos que se produzca el milagro de esta deseable reedición, relataremos algunos de los puntos de vista de la autora sobre varios aspectos que nos resultaron significativos para entender cómo éramos, y cómo eran nuestras islas.

El tiempo atmosférico en el otoño-invierno de 1883-1884 a ojos de Olivia Stone

Olivia Stone llega a Tenerife el 5 de septiembre de 1883, en un templado día de verano donde la temperatura rondaba los 25ºC y se mantenía estable a lo largo del día.

Obviamente, en La Laguna la temperatura es algo más fresca también en esa época del año y, aunque en su camino hacia La Orotava -probablemente, aunque no lo dice con exactitud, a la altura de Guamasa- encuentran el cielo cubierto y una temperatura notablemente más fría, les informan de que en septiembre no suele llover. Las temperaturas en La Orotava y el Puerto de la Cruz son algo más frescas que en la capital, pero también cálidas (en torno a los 24-25ºC), aunque el aire era seco y, según ella, “cuando hace calor aquí no se parece al calor debilitante de Inglaterra”.

En el oeste de la isla encontraron las temperaturas más altas, además de una singular escasez de agua. En Guía de Isora, ya el 12 de septiembre, el alcalde les procuró una casa a medio construir para que pudiesen refugiarse del intenso sol, dado que pernoctaban en tienda de campaña.

Olivia Stone 1883-1884 Acampada
Ilustración: Tenerife y sus seis satélites
Se dirigieron hacia El Teide, que escalaron hasta la cima. En Montaña Blanca, a las 2:45 pm, registraron una temperatura de 15ºC el 15 de septiembre, y en Altavista, a las 4:30 pm, midieron 7,8ºC. Lamentablemente, un accidente destruyó su termómetro, y no fue hasta una etapa posterior del viaje, que pudieron comprar uno nuevo, aunque describe el intenso sol y el calor que la acompañaron, por ejemplo, en El Pinar, en la isla de El Hierro.

El 1 de octubre, en su recorrido por San Sebastián de La Gomera, ve correr con fuerza el barranco y escucha a sus guías decir que “había comenzado el invierno” porque había llovido en las cumbres. Y el 11 de octubre, a bordo de un velero bergantín en dirección a La Palma, que tardó cinco días en hacer el recorrido debido a la falta de viento, llovió fuertemente. Se inicia, entonces, una temporada generosa de lluvias.

Al amanecer, en el mar, divisaron algo de nieve en el pico del Teide. Un mes más tarde, el 19 de noviembre, ya en Gáldar, ven de nuevo el pico del Teide y la mayor parte de la zona alta de Tenerife cubierta de nieve. Cuando abandona las Islas Orientales, ya en febrero, ve las cumbres de Gran Canaria también cubiertas de blanco.

Pero fue a finales de octubre cuando comenzó a llover de manera regular en uno de los otoños e inviernos más húmedos que recordaban los paisanos, y que la hicieron enfrentarse a muchos días de intensas precipitaciones, algunas bastante torrenciales, como las que conocieron en Fuerteventura. De hecho, el paisaje de muchas zonas de las Islas Orientales se muestra verde como un prado en el mes de febrero, y le afirman que, a día 23 de enero, “había llovido más en Lanzarote que en todo lo que va de siglo” (probablemente se referían a que había sido el otoño más lluvioso que recordaban de la centuria).

Diez años antes, en 1877-1878, se había registrado una intensa sequía que obligó a importar agua, y 8 mil personas se vieron obligadas a emigrar de Lanzarote. Posteriormente, en Fuerteventura, el sacerdote de Pájara les hace notar el abandono de las fincas y los pueblos, debida a la hambruna de los siete años anteriores.

Además de los datos tomados por ellos mismos, Olivia Stone dedica un capítulo de su libro a recoger los registros de precipitaciones y temperaturas que obtuvo tras la consulta de la información facilitada por otros viajeros, ya fuera en publicaciones anteriores (Dr. Wild, Rvdo. R. E. Alison, Sr. Belcastel) o suministrada directamente a ella (Dr. Hjalmar Öhrvall y su Sra., y el Sr. Béchervaise).

En el apéndice del Tomo II, figura una relación de mínimas y máximas desde el 1 de noviembre de 1883 hasta el 11 de mayo de 1884 en el Puerto de la Cruz (tomadas por el Dr. Hjalmar Öhrvall), siendo la temperatura máxima más alta la de 26,5ºC, alcanzada en diciembre, y la mínima de 9ºC, también en diciembre; con unas medias (calculadas como temperatura media entre la máxima y mínima más alta) entre 19,1ºC, alcanzada en noviembre, y 15,7º C, alcanzada en febrero.

El agua: arroyos y desiertos a ojos de Olivia Stone

En la época de la visita de Olivia Stone apenas se había iniciado la perforación de toda la cantidad de galerías y pozos que luego abastecieron de agua corriente a buena parte del territorio canario. Por eso, aunque en muchas zonas la escorrentía fluye a través de arroyos permanentes, en otros lugares la secular sequía le permite descubrir muchas fórmulas de ahorro y almacenamiento.

El paisaje entre Santa Cruz y La Laguna es seco y carente de sombra. En los pueblos en los que vive la gente más acomodada (La Orotava, Puerto de la Cruz y Santa Cruz de La Palma, por ejemplo), hay fastuosos jardines privados mantenidos con riego cuando es necesario, además del Jardín de Aclimatación en la Villa de La Orotava.

Olivia M. Stone visita las Islas Canarias
Ilustración: Tenerife y sus seis satélites
Pero hay muchos pueblos en los que se ha dispuesto una fuente en la que las mujeres obtienen el agua, como la de la calle Balcones, en Las Palmas de Gran Canaria. Según relata, “había unas muchachas con cañas largas que colocaban en la boca del grifo que estaba a varios pies sobre sus cabezas y, por ellas hacían fluir el reducido caudal hasta sus barriles”.

En muchos casos es la propia naturaleza la que ha dispuesto esta fuente. En Agaete le llama la atención una pequeña cascada natural que cae sobre una plataforma de basalto, pero lo más llamativo es una corriente de agua que surge a través de la roca donde un grupo de mujeres había colocado sus vasijas para llenarlas de agua limpia, como filtrada, y que posiblemente proviene de un manantial subterráneo.

Hay zonas del Archipiélago en las que la secular sequía imponía unas severas restricciones que hacían que las personas fuesen muy prudentes en el gasto y que el derroche resultara muy mal visto. Por ejemplo, a su paso por la franja oeste de Tenerife (Santiago del Teide, Guía de Isora), relata lo difícil que era encontrar agua para asearse. Las veces que las mujeres de la zona le cedieron un poco fue “el equivalente a una taza de agua”. En otra ocasión en la que derramaron sin querer un poco fueron mirados con gestos de desaprobación.

Tampoco hay disponibilidad de agua potable en La Isleta, en Gran Canaria, y el líquido es transportado a pie, ya que no existen canalizaciones. Ésta es una de las muchas carencias en infraestructuras públicas que destacan e incluso indignan a la autora.

Descubre colectores públicos para captar las aguas de lluvia en las zonas más secas de las Islas, como por ejemplo en Adeje, Guía de Isora, y por supuesto, también en Lanzarote y Fuerteventura, donde también destaca la canalización hacia las huertas del agua que, los días de lluvia, pueda correr por el camino. En Antigua, que “da la impresión de ser un oasis en el desierto”, describe una hondonada, que podría ser un cauce si lloviese, que atraviesa el pueblo donde han perforado “diez o quince” pozos con norias. También en Betancuria habían construido represas de barro, formando cubetas, para recoger el agua de un arroyuelo que fluía por un corto trecho, y destinarla a los animales.

Por supuesto, hay numerosos aljibes privados por todo el Archipiélago.

Muchos de los torrentes que descubre están en Gran Canaria. Por ejemplo, constata la presencia de cascadas y arroyos en San Mateo. De la fuente de la Cersa, en esa localidad, nos dice lo siguiente:

es una pequeña fuente natural muy bonita. Más adelante hay una encantadora cascada en miniatura y, junto a ella, un manantial que, surgiendo de una roca cubierta de helechos y musgo, podría pertenecer al país de las hadas. Otro manantial, de agua amarga, el Charco de la Higuera, a 2.000 pies sobre el nivel del mar, sale de debajo de una piedra cerca de una cascada lateral. Hay una cascada encantadora, de unos treinta pies de alto, enmarcada de verde, con polipodios y otros helechos y zarzas, detrás de los dos caminos, separados por rocas, que parecen entradas a cuevas, cubiertos de vegetación. Allí confluyen dos riachuelos y, a la izquierda bajo la roca, vemos un estanque profundo que nuca se vacía. Tiene agua y una pequeña cascada incluso en verano, y en la roca han excavado un acequia par transportar agua a otra parte. […] El agua de este barranco no procede de las montañas del fondo, como sería de suponer, sino que viene a través de una galería a la izquierda, que se ha horadado para traerla desde el charco de El Naranjo. Barranco arriba hay un espléndido bosque llamado El Calero. Los habitantes de Las Palmas hacen excursiones y meriendas en verano a estos encantadores manantiales, cascadas y bosques, aunque entonces no hay, por supuesto, tanta agua como ahora.

Olivia Stone, 1995

También relata la bella cascada que encuentran en el barranco de La Virgen, en Firgas, a cuyo pie había un bosquete de laureles, y otros arroyos en Tejeda, en Valleseco, además de que todos los barrancos, con las lluvias de ese año, fluían con energía.

Éste fue también el caso, en La Gomera, de la aparición repentina de una tromba de agua que ven llegar con fuerza barranco abajo “como si hubiesen abierto una compuerta más arriba”, anunciando las precipitaciones en las cumbres el día 1 de octubre, donde la aparición de corrientes de agua continua en San Sebastián anunció el comienzo de la temporada del otoño atmosférico.

Aunque la posición geográfica y el tipo de suelo (en caso de volcanismo reciente, por ejemplo) dificultara la presencia de una vegetación espesa y exuberante, ella no pierde ocasión de denunciar en todas partes la deforestación y recuerda con insistencia la importancia de mantener bosques sanos para aumentar el régimen de lluvias.

Seguiremos informando…

En próximos capítulos narraremos aspectos relacionados con las impresiones que le causaron las personas canarias, la situación de las mujeres, la relaciones interinsulares y con la metrópolis, la situación económica, la educación, y todo aquello que creamos que puede ser de interés. Deseamos que les guste y que les sea útil esta serie de artículos titulados Canarias a ojos de Olivia Stone: 1883-1884 hasta tanto, se vuelve a insistir, esta obra pueda ser reeditada como esperamos.

Recursos bibliográficos

  • Stone, Olivia M.; Hernández, Jonathan Allen; Bedford, Juan Sebastián Amador (1995). Tenerife y sus seis satélites. Cabildo Insular de Gran Canaria, 1995.

Estudié turismo, aunque he ejercido durante más de una década como activista medioambiental. Ahora soy multimamá multitarea con decenas de especialidades, como todas las mamás del mundo.

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