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Humboldt, un puente entre Canarias y América

en Cultura y Arte Canario por

Cuando Simón Bolívar, el famoso revolucionario venezolano, hacía referencia al verdadero “descubridor” de América, no incluía entre sus palabras a Cristóbal Colón. Se refería, en su lugar, a un explorador que llegó por primera vez a América 300 años más tarde que el conquistador genovés.

Hace 250 años en Berlín nacía Alexander von Humboldt. Un explorador con mayúsculas marcado en buena parte por un extraordinario espíritu aventurero y ansias de conocimiento. Sus numerosos viajes le permitieron comprender diversas áreas del conocimiento científico como la biología, la geografía o la climatología.

Tras una infancia condicionada en buena parte por la ausencia de su padre, y el fuerte carácter y las ambiciones profesionales de su madre, Alexander acabó trabajando como funcionario de la administración para el gobierno prusiano. Si bien es cierto que su mente parecía estar lejos de los trabajos de oficina. Sus viajes por el norte de Europa marcaron su joven espíritu aventurero. Y ya nunca desapareció.

En constante aprendizaje, Humboldt cultivó con maestría diversas áreas del conocimiento. Tanto es así, que compartía largas conversaciones con poetas como Schiller o Goethe, en ámbitos alejados de su curiosidad científica. Fausto, la obra teatral más famosa escrita por Goethe, tiene como protagonista a un académico que en su búsqueda por el saber y el conocimiento infinito, realiza un pacto con el diablo. En palabras del propio Goethe, “nunca conocí a nadie con una pluralidad de mente como la de Alexander”. Bien podría haber estado hablando del propio Fausto…

La importancia de Humboldt en América

Esa curiosidad se reflejaba en una carrera marcada por diversos intereses, también políticos y sociales. En 1804, en un París ya impregnado por el aroma revolucionario, Simón Bolívar y Humboldt se conocieron. A partir de entonces, la fascinación del venezolano por el trabajo del investigador alemán fue tal, que algunas de sus revoluciones estuvieron marcadas por un hombre “que despertó a Latinoamérica con su pluma”.

La importancia de Alexander en Latinoamérica es tan grande que resultaría difícil encontrar un personaje histórico al que se le atribuyan tantos nombres de especies, tanto de animales como de plantas, lugares o procesos naturales. Desde la corriente de Humboldt, con origen en las aguas profundas del océano Pacífico, hasta el pingüino Spheniscus humboldti que habita zonas de Perú y Chile.

Así, Humboldt llegó a Latinoamérica condicionado por las guerras napoleónicas. Su primera ambición de viaje transoceánico siempre estuvo puesta en Oriente Medio y la India, sin embargo los procesos bélicos que marcaron el final del siglo XVIII, le hicieron abandonar su deseo. A pesar de ello, Humboldt no desistió en su empeño, y beneficiado por la gran herencia económica recibida de su abuelo materno, contactó con Carlos IV de España que aceptó su propuesta de viaje: esta vez rumbo a América.

Saliendo desde la Coruña, y aprovechando la posición estratégica de las Islas Canarias como puerto de paso hacia el entonces llamado “Nuevo Mundo”, el explorador podría conocer de primera mano una geografía y vegetación que distaban de sus experiencias y anotaciones en suelo continental. Su gran curiosidad por comprender mejor los procesos geológicos, en especial los vulcanológicos, hicieron que las Islas Canarias representaran el escenario perfecto para continuar con sus indagaciones.

Su gran curiosidad por comprender mejor los procesos geológicos, en especial los vulcanológicos, hicieron que las Islas Canarias representaran el escenario perfecto para continuar con sus indagaciones

La breve y trascendental parada de Humboldt en Tenerife

El día 19 de junio de 1799, Humboldt y su compañero Bonpland arribaron a Santa Cruz de Tenerife. Seis días tuvieron para investigar todo aquello con lo que habían soñado durante los últimos meses. Los exploradores centraron su viaje en la zona norte de la isla, marcados por su fascinación por el volcán. Así, visitaron el Puerto de la Cruz, La Orotava y La Laguna, observando y anotando numerosas evidencias acerca de la flora y la fauna en el territorio insular.

Al tercer día de encontrarse en Tenerife, Humboldt se adentró en la isla con un objetivo final: ascender al pico del Teide. Pero como buen naturalista, su interés por el recorrido y el camino hasta la cumbre le hicieron apuntar con detalle todo lo que iba observando. La bruma que le acompañaba durante la primera parte del recorrido marcaba el ambiente del bosque de Laurisilva, o como el propio Humboldt denominó, el Monte Verde. El siguiente piso de vegetación que encontró y describió fue el pinar, en un clima más continental, caracterizado por la especie endémica el pino canario, Pinus canariensis. El último de los pisos que el naturalista describió fue lo que hoy conocemos como vegetación de alta montaña, en la que los protagonistas son los matorrales. Esa descripción de la vegetación integrada en el medio natural es una de sus grandes aportaciones a la ciencia moderna.

A Humboldt le llamó la atención la cantidad de especies que eran diferentes a todo lo que él conocía, especialmente en la flora de alta montaña. La margarita del Teide, Argyranthemum tenerifae, la violeta del Teide, Viola cheiranthifolia, o el imponente tajinaste rojo, Echium wildpretii, forman parte de un paisaje único que marcó las anotaciones y los pensamientos del explorador.

En La Orotava, ya el día 23 de junio, en la Noche de San Juan, Humboldt contemplaba el Teide con la luz evanescente de las hogueras proveniente de la costa norte. En sus diarios, habla de la emoción con la que dejaba atrás la isla.

Humboldt fue de los primeros naturalistas que aportaron luz a comprender mejor la relación entre altitud, clima, temperatura y vegetación. Con su estudio sobre el Teide sentó las bases que le permitirían acertar en sus predicciones geobotánicas y de pisos de vegetación en sus viajes por América y otros grandes volcanes como el Chimborazo (Ecuador).

Con su estudio sobre el Teide sentó las bases que le permitirían acertar en sus predicciones geobotánicas y de pisos de vegetación en sus viajes por América

Sus estudios y notas acerca de la flora que iba observando en la isla fueron la base para la publicación en 1817 de su trabajo Geografía de las plantas de Tenerife. La importancia de este tipo de trabajos durante toda su carrera marcarían el nacimiento, o al menos sentarían las bases, de importantes disciplinas científicas que se desarrollaron en los siglos posteriores como la Geobotánica y la Biogeografía, intentando comprender mejor la distribución de las plantas en el terreno. Hoy en La Orotava, en el mirador que lleva su nombre, podemos contemplar y trasladarnos a los paisajes pintados en las hojas de sus diarios.

Bibliografía

  • Documental “Humboldt en el Teide“, dirigido por el cineasta Javier Trueba.
  • Gebauer, A (2014). Alexander von Humboldt, su semana en Tenerife 1799: Inicio del viaje a Suramérica, su vida y su obra, Zech Editorial.
  • Proyecto Humboldt. Fundación Orotava.
  • Wulf, A (2016). La invención de la naturaleza: El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt, Taurus.

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