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El español de Canarias: origen, diferencia e identidad

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Al principio fue la palabra. Al menos así lo consideró durante mucho tiempo el discurso bíblico: la palabra de Dios, pues, nació originalmente de la necesidad de crear el mundo mediante el habla. De este modo, Dios dio vida a la primera pareja de usuarios de una lengua natural: Adán y Eva. Desde entonces, el discurso del origen lingüístico ha contribuido a legitimar la validez de la lengua. Sin embargo, esta lengua original también ha favorecido la idealización de sus aspectos vírgenes, promoviendo así la normativización de la pureza y la consecuente marginalización del mestizaje. Algo similar ocurre con la lengua de Cervantes y sus muchas y variadas modalidades lingüísticas. Entre ellas, el español de Canarias destaca como una de las modalidades que ha contaminado la pureza castellana, desviándose de la norma que fue aprobada por vez primera en la edénica Castilla. Por esta razón, es inevitable que nos asalten dudas sobre cuál es el origen del español de Canarias, sus particularidades lingüísticas y su estatus social en el mundo hispanohablante. A continuación, nos proponemos satisfacer dichas inquietudes y reivindicar la legitimidad de las hablas insulares.

La lengua española llega a las costas canarias en el siglo XV, pero no es hasta el siglo XVI con la conquista de las Islas por parte de la Corona de Castilla que la lengua se instala permanentemente. Así surge el español de Canarias, una modalidad a caballo entre el español castellano y americano. Este último es, de hecho, uno de los legados que los conquistadores dejaron en el “Nuevo Mundo”, cuya conquista también coincide cronológicamente con la llegada de los castellanos a las Canarias. De ahí las similitudes lingüísticas que todos conocemos entre los hispanoamericanos y los canarios.

Mucho se ha discutido sobre la terminología más apropiada para definir el español de Canarias. En 1958, el filólogo Diego Catalán publicaba Génesis del español atlántico. Ondas varias a través del océano, en el que acuñaba la denominación “español atlántico” para visibilizar el estudio de aquellas variedades próximas al Océano Atlántico: el andaluz occidental, el español americano y el canario. Si bien es cierto que Catalán pretendía señalar la existencia de variedades hasta entonces ignoradas, no hay duda de que su denominación aglutina variedades similares y, al mismo tiempo, diferentes. Hoy en día, filólogos especializados en el español de Canarias prefieren evitar estas aglutinaciones. Este es el caso de Manuel Almeida y Carmen Díaz Alayón, quienes prefieren tratar las “hablas canarias” en un sentido más amplio y preciso que permita respetar la identidad lingüística canaria en su unidad y la rica diferencia insular en su fragmentariedad. A lo largo de este artículo, hablaremos, por un lado, del español de Canarias y, por otro, de las hablas canarias indistintamente, no sin antes subrayar que nuestro propósito no es otro que reivindicar su diferencia y su identidad.

El español de Canarias: particularidades lingüísticas

Las modalidades que no gozan del prestigio social del español centronorteño son consideradas muchas veces dialectos por hablantes que son usuarios de la lengua, pero no conocedores de ella. Este error se debe frecuentemente a un juicio de valor por parte del hablante, quien inconscientemente ha interiorizado la idea de que existe un español ideal y neutral, puro y original. El dialecto se convierte, pues, en un término que permite categorizar las corrupciones lingüísticas, aquellas variedades que, a pesar de su validez idiomática, permanecen socialmente estigmatizadas. Por supuesto, esta despectiva acepción del término no es rigurosa; al contrario, se trata de una categoría social que nada tiene que ver con el sistema lingüístico, sino con el prestigio y el clasismo. Lo cierto es que el dialecto es una derivación de un tronco común que, con el tiempo, ha alcanzado su independencia idiomática tras haber evolucionado a formas lingüísticas privativas y exclusivas. En su intento por democratizar la diversidad del español y desambiguar su estudio, los científicos de la lengua prefieren hablar de modalidades o variedades lingüísticas. El canario es una de ellas.

Las particularidades lingüísticas del canario no son exclusivas, pero su mestizaje sí lo es

Por tanto, las particularidades lingüísticas del canario no son exclusivas, pero su mestizaje sí lo es. Así, la personalidad mestiza de las hablas canarias se caracteriza por cuatro tipos de características: las fónicas, es decir, las relativas al acento; las pronominales, las que se refieren a los pronombres; las verbales, las que describen las peculiaridades de los pretéritos; y las léxicas, las del vocabulario. En primer lugar, el acento es el conjunto de rasgos fonéticos, rítmicos y musicales de una variedad. Destacamos, pues, la presencia del seseo generalizado y la ausencia del fonema zeta en las Islas, la aspiración de la /s/ al final de las sílabas y del fonema jota, así como la sonorización de la famosa /ch/ debido a una pronunciación tradicionalmente relajada. En este último caso, es habitual que palabras como “muchacho” sean percibidas como [muyayo] a oídos peninsulares, aunque no sea el mismo sonido.

En segundo lugar, los pronombres son las palabras que sustituyen a los nombres o sustantivos. Este es el caso de los pronombres personales, por ejemplo, que sustituyen los nombres de los participantes en un discurso de forma individual (yo, tú, él) y colectiva (nosotros, vosotros, ellos). El español de Canarias presenta una particularidad que demuestra su americanidad una vez más: el pronombre de segunda persona del plural, vosotros, es sustituido por el de tercera persona del plural, ustedes, sin que esto implique una distinción de formalidad, ni tampoco un distanciamiento. Por consiguiente, el uso de este pronombre por parte de los canarios puede estar dotado tanto de cercanía y familiaridad como de respeto y deferencia, siendo siempre el usuario quien elige su uso. Este rasgo pronominal es probablemente uno de los más identificativos de las hablas canarias.

En cuanto al sistema verbal, el tiempo pretérito favorito de los canarios es el simple o indefinido. Esto significa que el pretérito perfecto compuesto del castellano se usa únicamente en la Península. Los canarios, por tanto, expresan el pasado a través del pretérito simple para hablar tanto de acciones que han ocurrido con una anterioridad reciente como aquellas que acontecieron con una anterioridad mucho más remota (“Vine a casa para estar contigo”, “La guerra civil fue cruenta”). Sin embargo, siempre hay excepciones: los canarios reservan el pretérito perfecto compuesto para hablar de acciones que, aunque se iniciaron en el pasado, su duración se prolonga hasta el presente (“No ha llovido en todo el invierno”, “Siempre he trabajado mucho”).

Finalmente, el vocabulario de las hablas canarias es probablemente la única particularidad que todos los isleños saben reconocer inmediatamente con independencia de su formación lingüística. Los usuarios del español de Canarias saben discriminar qué términos se usan exclusivamente en las Islas y qué otros términos pertenecen al léxico estandarizado de los medios de comunicación. Las palabras canarias se suelen clasificar según su procedencia: portuguesismos, como enchumbar, engodar y perlujo; americanismos, como guagua, papa y bemba; y guanchismos, como gofio, tajinaste y baifo. Estos últimos son algunos de los vocablos prehispánicos que utilizaban los antiguos pobladores de las Islas, y que actualmente perviven en algunos topónimos.

El discurso del origen: una reflexión poscolonial

Si los aspectos diferenciales de las hablas canarias no son exclusivos sino comunes a las muchas modalidades lingüísticas del español americano, esto es porque la lengua es porosa como la piel. Las fronteras físicas entre las distintas variedades lingüísticas son permeables, y no infranqueables. Por esta razón, las hablas canarias muestran rasgos del español castellano y del español americano. Al fin y al cabo, el español neutral no es más que un artificio robótico; un ideal, una ficción que solo beneficia a aquellos usuarios interesados en perpetuar una concepción purista de su lengua. La neutralidad es la ambición del hombre blanco occidental, quien se sitúa en el centro del mundo para apartar de su lado al hombre negro oriental, al sujeto racializado que se desvía de la norma. Asimismo, la visión castellanocentrista rechaza la riqueza lingüística de las variedades periféricas.

La visión castellanocentrista rechaza la riqueza lingüística de las variedades periféricas

En 1978, Edward Said publicaba Orientalismo, un texto que proponía la deconstrucción del binarismo entre occidente y oriente, alegando que se trataba de una polarización construida a través de las representaciones culturales creadas por el sujeto blanco para colonizar al sujeto racializado. Este trabajo no analizaba solo la labor orientalista de los escritores, sino también la de los filólogos. Ese es el caso de Ernest Renan, quien dedicó sus esfuerzos al estudio de las lenguas semíticas.

El propio Edward Said observa que la taxonomización que realiza Renan está claramente sesgada: él estructura las lenguas siguiendo una metodología jerarquizante y orientalista que separa las buenas lenguas de las malas lenguas, es decir, aquellas que pertenecen a una civilización inferior. Entonces, la filología moderna cedió el paso a la lingüística comparativa, cuyo objetivo consistió en sistematizar el estudio de las lenguas e implementar el método comparativo para demostrar la relación genética de los idiomas occidentales blancos y los idiomas orientales negros. Y así, Renan juega a ser Dios: él decide cuál fue la primera palabra. Según nos cuenta él mismo, “yo, que me sitúo en el centro, inhalando el perfume del todo, juzgando, comparando, combinando, induciendo de esta manera, llegaré al mismo sistema de las cosas” (1995: 132).

Las variedades lingüísticas que se alejan significativamente del norte peninsular orbitan alrededor del español normativo debido a un discurso del origen lingüístico esencialmente racista y clasista. Es más, los puristas que defienden la impermeabilización de la lengua española, protegiéndola del contagio de los vicios canarios y ultramarinos, ponen en práctica su verdadera misión civilizadora: prescribir un uso más pulcro de la lengua, y más fiel a las particularidades de los usuarios originales.

Las variedades lingüísticas que se alejan significativamente del norte peninsular orbitan alrededor del español normativo debido a un discurso del origen lingüístico esencialmente racista y clasista

Conclusión

En realidad, las lenguas naturales están sujetas a cambios, y estos no tienen por qué ser negativos; al contrario, el cambio no es síntoma de una infección vírica, sino la manifestación de una salud desbordante abierta a nuevos nutrientes que enriquecen y fortalecen su gran sistema lingüístico. Al fin y al cabo, la lengua española no es una masa continental homogénea, sino un archipiélago compuesto por pequeñas islas que atesoran un mestizaje lingüístico único.

Graduado en Estudios Ingleses. Máster en Literatura, Género e Identidades. Ante todo lector. Nadando en un mar de libros.

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