turistificación canarias

«Vosotros no valoráis lo que tenéis aquí»

Daniasa Curbelo

Llegaríamos en torno a las doce del mediodía a aquella playa. Cargábamos con varias bolsas de comida, una nevera para las bebidas y dos sombrillas de propaganda. Bajando por el risco que lleva hasta la mar llegamos al primer punto en el que pudimos contemplar, desde arriba, la inmensidad del Atlántico rompiendo contra el norte de una isla volcánica del continente africano. «¡Qué paraíso tenéis!», fue lo que escuché a mis espaldas. No imaginaba que ese día veraniego caería en la cuenta de algo que no había sido capaz de ver hasta entonces.

Sinceramente me es difícil encontrar las palabras para expresarlo. A veces las palabras son incapaces de describir algunas sensaciones. Lo que sí puedo decir es que esa tarde volvería a experimentar un malestar ya conocido. Como si me hubiera tragado un callao de aquella playa de arena negra y sintiera su peso en el fondo del estómago. Esa es la sensación. Sí, creo que es algo similar a lo que siente una boa constrictor después de almorzar una vaca entera y su cuerpo tiene que arrastrarse lentamente con lo que ha comido. Lo que yo tragué aquel día fue tristeza, rabia e impotencia. Y aún no se ha digerido.

«¡Qué paraíso tenéis!», fue lo que escuché a mis espaldas. No imaginaba que ese día veraniego caería en la cuenta de algo que no había sido capaz de ver hasta entonces.

En el grupo de personas que coincidimos en la playa había una pareja peninsular. Eran bastante simpáticos y agradables, pero muchos de sus comentarios y pensamientos resultaron, a mi parecer, incómodos. Cada uno como un callao más que me bajaba por el esófago hasta depositarse en ese lugar donde las emociones pesan. Uno de ellos me comentó una experiencia con la que había flipado recientemente. Resultó ser que había ido a cenar a un restaurante -seguramente una cofradía- junto al mar, y que aparte de ser una cena muy barata también había disfrutado de una puesta de sol espectacular. Para más goce suyo, un señor canario comenzó a tocar el timple cerca de donde estaba, y eso le gustó porque «parecía un ukelele». La otra persona compartió que en uno de sus viajes familiares a La Gomera coincidió con gente que silba y que le habían hecho una demostración, «parecía que les había contratado», añadió. Comentaron la belleza de los paisajes, de las playas, de los bosques, de las piscinas naturales y de lo chachi que es hacer escalada en piedra volcánica. Todo mientras el resto asentíamos. «Lo mejor de vivir en Canarias es que si un día quiero otoño pues lo tengo, si quiero verano también», decían. «Cada día voy a donde quiero y siempre descubro algo nuevo, esta isla no deja de sorprenderme». Supongo que es lo típico a lo que una se acostumbra escuchar siendo de acá. El «paraíso», las afortunadas… Esas machangadas turísticas para engatusar a los europeos. En cambio ya me sorprendí más al conocer un dato que no tenía, y es que resulta que muchos ciclistas vienen desde la península para entrenar aquí y beneficiarse de la inclinación del relieve, que para estudiar unas oposiciones o una carrera acá es más barato, o sencillamente que las vacaciones también son más económicas y asequibles. Y terminaron con un «vosotros no valoráis lo que tenéis aquí».

En ese momento, ya un poco tostada por el sol de las cuatro de la tarde, me vinieron a la cabeza varios recuerdos. Me acordé de cómo mi madre y mi padre trabajaban de sol a sol en las tomateras del sur y dormían en barracones para ganar cuatro perras. Esos tomates terminaban en los buffets del «todo incluido» que ofrecen los hoteles de la isla a turistas extranjeros. Esos hoteles a los que nunca fueron ni de luna de miel. Quienes sí los conocieron de mi entorno fueron algunas tías y muchas vecinas encargadas de limpiar y ordenar habitaciones sin parar. Una tía me contó cómo en su primera semana como kelly lloraba por las condiciones en las que encontraba aquellas habitaciones después de que los turistas -en su mayoría ingleses o peninsulares- abandonaban el «paraíso». Mis recuerdos también me llevaron a esos municipios dormitorio que están cerca de los núcleos turísticos, y en los que miles de personas canarias y migrantes de otros sures globales descansan ocho horas al día entre cada jornada en el sector servicios. Todo a cambio de sueldos precarios y condiciones laborales pésimas, que son las que permiten que los precios vacacionales en las Islas sean tan “asequibles” para los bolsillos europeos. Condiciones determinadas por empresarios italianos, alemanes y españoles que abren pizzerías, restaurantes, tiendas, hoteles y pubs destinados exclusivamente para público extranjero. Menús en otros idiomas, precios desorbitados que no se ajustan a la renta de las islas o directamente comentarios que nos recuerdan que no somos bien recibidas. Recordé anuncios de alquileres vacacionales que decían «NO CANARIOS NO MARROQUÍES», así como las experiencias de personas de barrio que conozco que por su aspecto y acento se les ha negado -literalmente- ser atendidas en esos espacios dominados por guiris con la piel quemada.

¿Sabes qué pasa? No es que no nos inculquen disfrutar de estas islas, es que no tenemos esa posibilidad. Para muchas personas de Canarias no existe la posibilidad de disfrutar, ni siquiera la de quedarse a vivir.

Por otro lado también recordé la precariedad y el paro que se viven en las Islas. Una realidad de la que son directamente responsables las instituciones y políticas autonómicas -caciquiles y extractivistas- que han procurado lucrarse presumiendo de canariedad con banderitas y romerías. Hace poco leí en un periódico insular, en una noticia del mes de mayo de este año, que el paro entre menores de veinticinco años en Canarias llega al sesenta y uno por ciento superando con un punto a Palestina y siendo incluso veinte puntos más alto que el de países del continente africano como Sudáfrica. A mi cabeza vinieron los rostros de todas las personas que conozco que se han visto obligadas a huir del paraíso para encontrar salidas profesionales, estabilidad económica o más oportunidades. Eso por no hablar de las veces que nos insisten constantemente en irnos fuera a estudiar, a vivir o a trabajar. O todo a la vez. “Fuera todo es mejor”, me llegaron a decir una vez. Eso me hizo pasar varios meses planteándome la posibilidad de trasladarme al norte, a Europa, mientras veía en redes sociales como muchas personas que conocía no paraban de subir fotos de un edificio con el nombre de una marca de refresco en lo alto, en paradas de metro, de un conocido barrio gótico, de un museo con una araña gigante por fuera, delante de un palacio inglés o esquiando en una montaña nevada. “Pero si nos vamos todas, ¿quiénes se quedan acá entonces?”, pensaba. Ahora me doy cuenta de que la respuesta a esa pregunta está clara: se quedan quienes mantienen el paraíso en pie. Quienes recogen tomates y plátanos, quienes limpian las toallas cagadas de las habitaciones de hotel, quienes sirven copas y ponen el mantel en las mesas. “Vosotros no valoráis lo que tenéis aquí”, volvía a sonar en mi cabeza con las olas rompiendo a mi espalda.

“¿Sabes qué pasa? No es que no nos inculquen disfrutar de estas islas, es que no tenemos esa posibilidad. Para muchas personas de Canarias no existe la posibilidad de disfrutar, ni siquiera la de quedarse a vivir”. Eso es lo que me hubiera gustado responder a aquel comentario, pero no lo hice. No tenía la claridad mental necesaria en ese instante para articular mis palabras. Ya lo dije antes, fue como digerir un callao de la playa. En su lugar volví a meter mi cabeza entre los brazos, boca abajo, para sentir el calor hirviente de la arena negra en mi cara. Y en un susurro que solo escuchamos la playa y yo, le pedí perdón a esta isla por no haberla valorado tal y como habían dicho. “No te disculpes mi niña, porque nunca te lo permitieron”, me respondió la arena.

Artista transdisciplinar, activista e investigadora en torno a la memoria, la disidencia sexual, la canariedad y el género. Directora del documental “Memorias Aisladas” y Máster en Estudios de Género y Políticas de Igualdad de la ULL. En el año 2020 recibió el premio Emma Goldman Snowball Award que concede la fundación neerlandesa FLAX al compromiso internacional con la igualdad y los movimientos feministas.

14 Comentarios

  1. Sin palabras. Ahora entiendo la sensación que describes: yo también tengo un Callao. Con veintipocos, y con la vista puesta en un (Aún más si Cabe) abstracto e imprevisible futuro, el callao me pesa cada vez más sin entender qué me depararán los años venideros. Celebro la incómoda y dolorosa verdad, que expones en estas Líneas. Solo espero que en algún momento, el pueblo pueda disfrutar de lo que para unos pocos promete el paraíso.

  2. Admirable, yo jamás lo hubiera expresado bien.
    Pero es verdad esa es la sensación que siempre acompaña a los CANARIOS.
    Es como si nosotros fuéramos sus criados y ellos los propietariosde las Islas Canarias

  3. Aunque de acuerdo con el problema derivado del turismo, como de costumbre se vuelve a enfocar en el turista que viene y no en Los caciques locales y foráneos que se lucran de esta tierra, en MUCHos casos sacando la mayor parte de los beneficios fuera de las islas.

    Claro que podemos tener turismo, pero debe ser más sostenible y por supuesto la mayoría de los beneficios DEBERÍAN de quedarse en el archipiélago.

  4. «NO VALORAIS LO QUE TENEIS AQUÍ» ME HACE SENTIR MAL… PARECE QUE LO DICEN CON CONDESCENDENCIA en sentido negativo.

    El placer es solo una sombra de la alegría.
    Cuando no hay alegría en tí te conviertes en un buscador de placer.

    -Sadhguru

  5. Esto tiene un nombre: colonialismo inclemente, esclavitud y segregación racial con el pueblo canario. Pueblo ignorantado, engañado, que aún cree que el turismo y el incremento de la población foránea es nuestra salida. ¡Cuándo entenderemos los canarios que sólo con nuestra soberanía nacional Canarias será verdaderamente nuestro paraíso!

  6. Toda la razón, más claro imposible. a mis 60 aún sigo veraneando entre nuestras islas, aún percibo ese ambiente de rechazo al canario, esta bien que antes eramos 5 en un apartamento, eramos jovenes y nuestros ahorros se nos escapaban cuando los guiris venian y vienen más barato, aún paseo por esos sures y veo al tiquetero acechando a los rubios y rojizos, escuchando el acento para no acercarse a ofrecerte y si vas en silencio y te lo ofrecen, te lo retiran en cuanto das las gracias. sí, sí valoramos lo nuestro, no hace falta que venga nadie a decirlo, valoro como las costas se construyen hasta el mar, como te tratan en algunos lugares por ser canario, como nos roban los espacios publicos para regalarlo al guiri y sus negociantes, como las campañas institucionales sólo se acuerdan de nosotros en las crisis, algunos al menos sacaron 200€ para veranear, otros no pueden veranear en su tierra ni ofreciéndoles el apartamento.

  7. Enhorabuena por este excelente articulo. Creo que es de lo mejor que he leído últimamente. No soy de las islas, ni siquiera he tenido la posibilidad de visitarlas nunca. Soy de otro sitio que vive también del turismo y de la agricultura y que tiene su mano de obra barata y precaria entre los lugareños que trabajan las TOMATEras, los bares y los hoteles para que otros los disfruten. Y que, terminada la temporada, se quedan en paro y regresan a sus vidas de estudiantes que sueñan con un futuro mejor que el de sus padres…

  8. Y?
    el DIAGNÓSTICO está claro, y ? Pregunto…
    Esta tierra necesita primero que unos nos ocupemos de los otros, empezando por el lugar que se habita… siempre con el ejemplo y creando ideas, propuestas para mejorar como vecinos si se me permite, sucede que lo del otro es su problema y es justo como nos quieren divididos y luego el no te metas en lo mío… solo hay que ver como en plena pandemia le hechamos la culpa al gobierno porque Gran Canaria está mejor enun momento determinado, es decir, Canarias sin Canarios, Tenerife sin tinerfeños , todo resumido en una cerveza ccc en la mesa de la terraza y la frase que suerte vivir aquí…
    Me ha encantado la reflexión, lo del final debe llevar una continuidad… la democracia hay que defenderla para tener opciones de mejorar el diagnóstico, claro que hay que remangarse y ponerle el cascabel al gato. Salud

  9. Estoy TOTALMENte
    deacuerdo con todo lo que has expuesto, pero yo no quiero disfrutar del paraíso ficticio de hoteles y restaurantes para turista.
    yo disfruto cuando puedo de las puestas de sol, las playas,los momtes, del cielo y el aire limpio que TENEMOs de comprar la antiquísima fruta y verdura que de produce aquí y casi a diario recuerdo lo AFORTUNADAy agradecida que estoy de haber nacido en este lugar del mundo tan maravilloso.

  10. Esa sensación también se vive en otras zonas turísticas. Yo vivo en Mallorca y a ésto hay que sumarle el desprecio con el que nos tratan a los catalanoparlantes los propietarios de locales de restauración, sé que no lo hacen por la lengua, sino porque nos distinguen muy facilmente de los turistas extranjeros, y claro, los prefieren a ellos que son más fáciles de engañar y cobrarles unos precios abusivos por unas cañas. Esto también pasa en la comunidad valenciana en zonas costeras donde idolatran a los foráneos.

  11. Nos han maleducado y subyugado TANTO en vivir para servirles a ellos que no tenemos claro ni siquiera lo más básico, que es el concepto de lo que ESTÁ pasando. Porque nos quitaron el concepto más básico de todos. Todos los reproches se SUElen plantear desde un limbo desubicado, sin unas coordenadas del todo determinadas, y sobre todo sin nombre de lugar o de pueblo. Más como un sitio sin pertenencia, perdido, desentendido, donde hasta la queja se hace un poco etérea porque nos arrebataron lo principal, que es la consciencia de pueblo y la identidad. Nos obligaron a vivir en la suya. Todo eso que cuentas tiene un nombre. Se llama GENOCIDIO. porque nosotros somos el pueblo guanche y los españoles y los de todos lados y los curas son invasores extranjeros. Nuestro desarrollo lo han limitado ellos siempre a su antojo, conscientemente. Y están invadiendo y haciendo país en nuestro país sin miramientos, mientras nos desplazan y nos apartan y nos exterminan a su antojo, despreciándonos todos los días de todas las formas posibles. Lo básico es entender que somos un pueblo nunca reconocido por nadie sobre el que además se aplicó la peor tortura posible que fue matarlo en vida, borrándole la memoria, la consciencia. El desprecio es absoluto.
    DEFIÉNDANSe como puedan y todo lo que puedan de los extranjeros españoles y de todos sitios y de los curas. Los españoles es que encima aquí no cuentan como extranjeros. Es infumable. Son todos invasores y estas islas son nuestro país. Miren por su gente de toda la vida y defiéndanse. Nadie se los va a reprochar. Se llama genocidio.

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