participación ciudadana en la crisis ecológica

Participación ciudadana en la crisis ecológica

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Existe una incongruencia entre nuestros valores o conciencias, y nuestros patrones de consumo. Sabemos que nada puede crecer indefinidamente en un planeta con límites, nos preocupa el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad… Sin embargo, anteponemos la lógica de los beneficios a la lógica de la vida (Yayo Herrero), vivimos de espaldas a nuestra propia supervivencia (Federici, 2010). Demandamos cada vez más energía proveniente de combustibles fósiles y consumimos cada vez más alimentos cuya producción es insostenible.

Con este artículo, intentaré motivar la co-responsabilidad en quien lo lee, como agente con influencia a través de sus modelos de consumo, pero también como agente involucrado en la toma de decisiones.

Responsabilidad frente a Culpabilidad

Lo que claramente no busco con este artículo es promover una búsqueda de culpables. Se ha comprobado que desmotiva la acción política y nos relega a una búsqueda únicamente en el pasado.

La propuesta que quiero adoptar pasa por desvincular el concepto de responsabilidad al de culpabilidad: si participamos y nos beneficiamos de los sistemas que crean injusticias, nos convertimos en responsables de estas injusticias, pero no culpables de ellas (Iris Marion Young).

Reconociéndonos culpables, tendemos a aislar y señalar individuos y exigir compensaciones. En cambio, sintiéndonos responsables experimentaremos una responsabilidad compartida, con la que podremos generar cambios hacia el futuro:

«Cuando las personas sienten que se les acusa de algo, tienden a reaccionar a la defensiva. Buscan otros agentes a los que culpar, o se excusan para mitigar su culpabilidad… Al distinguir la responsabilidad política de la culpa […] podemos animarnos entre nosotros a asumir una responsabilidad compartida a partir del hecho de que nuestras acciones contribuyen colectivamente a los complejos procesos estructurales que producen las condiciones laborales que deploramos» (Young, 2003).

Si participamos y nos beneficiamos de los sistemas que crean injusticias, nos convertimos en responsables de estas injusticias, pero no culpables de ellas

Allan Schnaiberg: una cinta sin fin

Allan Schnaiberg, en su obra El medio ambiente, del excedente a la escasez (1980), nos desvincula, como usuarios y usuarias finales, del sentimiento de responsabilidad. Sitúa una posible explicación de la crisis ecológica en el sistema capitalista del que formamos parte, en lugar de en las conciencias individuales de cada persona. Asemeja el sistema capitalista de producción a una “cinta sin fin”: treadmill of production.

Un treadmill es una cinta de andar, una máquina de gimnasio en la que se puede correr o andar sobre una cinta que no tiene fin y se asemeja a los procesos de producción del sistema capitalista.

participación ciudadana en la crisis ecológica consumismo

Schnaiberg hace énfasis en que es la producción la que se acelera, y no el consumo, alejándose del punto de vista en el que sitúa a la ciudadanía, con sus patrones de consumo, como responsable última de la crisis ecológica.

Si es la producción, y no el consumo, la base del análisis, entonces «cualquier programa medioambiental que se base únicamente en alterar el comportamiento del consumidor tiene pocas posibilidades de alterar la expansión de la producción a largo plazo, pero si es la producción la que lidera, entonces debemos esforzarnos en entender y alterar el sistema de producción» (Schnaiberg, 1980, 192).

De esta manera, los grupos sociales beneficiados por ésta máquina de crecimiento serán los que estén interesados en que avance más rápidamente, aunque esto suponga dar la espalda a la vida (Yayo Herrero): inversores/as, personas trabajadoras asalariadas, políticos/as y administraciones públicas… Al fin y al cabo, la “aristocracia laboral”, cada persona con sus propios intereses.

Hans Jonas: Principio de Precaución

Complementando la idea de Schnaiberg de que alterar el comportamiento del consumidor tiene pocas posibilidades de alterar la expansión de la producción a largo plazo, el filósofo Hans Jonas nos insta a obrar de tal modo que los «efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra» (Jonas, 1984). Hans Jonas incide en la idea de probabilidades, ya que cualquier proyección que podamos hacer siempre será incierta, por lo que se da mayor atención a la profecía de la desgracia que a la de la felicidad utópica.

Este concepto de principio de precaución, posteriormente acuñado en Alemania y dado a conocer en la declaración de Río de 1992, me recuerda siempre a algo que me dijo un investigador francés en un congreso en Lovaina, Bélgica: «piensa como si estuvieras en Marte». En 2027, como parte del proyecto privado Mars One, 24 personas viajarán a Marte para pasar ahí el resto de sus vidas y establecer así una colonia humana.

Estas 24 personas serán las únicas habitantes del planeta, y tendrán que convivir en un espacio finito con recursos finitos, por lo que cualquier acción que hagan tendrá una influencia directa en las otras 23 personas: tendrán que usar consecuentemente y conscientemente cada unidad de energía y alimento.

El hombre sostenía que esa es exactamente la mentalidad que debemos tener en el planeta Tierra con un consumo responsable, ser conscientes de que los recursos del planeta Tierra son finitos y cada recurso de más que consumimos, es un recurso desaprovechado e irrepetible.

Ulrich Beck: definición de Riesgos

Ulrich Beck sitúa el actual conflicto social de la crisis ecológica en la «definición de riesgos», concepto muy unido al de precaución.

Parece que cualquiera no tiene la capacidad para definir lo que es o no un riesgo, que es competencia única de las personas expertas. Durante muchos años la palabra de estas personas no se ha puesto en duda y ha generado un monopolio con grandes intereses asociados, ya que en lugar de poner la vida en el centro, los riesgos se han definido en términos mayoritariamente económicos.

Podríamos decir, que el cuidado del medio ambiente se ha tecnocratizado, hemos llegado a la conclusión de que la complejidad científica de los problemas socioecológicos es tal, que solo unas pocas personas están cualificadas para decidir sobre ellos.

Tipos de personas expertas

El déficit de información de la ciudadanía, potenciado por las prácticas sensacionalistas de los medios de comunicación que llegan incluso a desinformar, ha sido “solucionado” con un modelo inspirado en el propuesto por Platón en La República (381 a.C.), en el que era únicamente el filósofo-rey el encargado de la toma de decisiones. Nos encontramos así con políticas aisladas de la ciudadanía, a pesar de que es ésta quien sigue experimentando sus consecuencias.

Existe en euskera una perfecta diferenciación de la palabra “experto” que abre el siguiente debate: ¿quién es realmente la persona experta en una determinada materia? Quien tiene los conocimientos académicos sobre la materia, o quien la vivencia: ¿persona experta académica o experimentada? En este antiguo idioma existen estos dos conceptos claramente diferenciados para referirse a “experto”: ¿aditua o aritua? También en inglés: ¿skilled o experienced?

¿Es posible complementar ambos tipos de conocimiento, indudablemente necesarios, para una toma de decisiones informada y representativa?

A través del siguiente experimento que expongo, podemos poner de manifiesto el nivel de importancia que diferentes puntos de vista de diferentes agentes pueden dar al mismo asunto social, y por lo tanto el peso y prioridad que se le va a otorgar en la agenda política.

Experimento deliberativo

El experimento deliberativo World Wide Views se llevó a cabo por primera vez en 2009, coincidiendo con la Cumbre de Copenhague COP15.

Consistió en una consulta internacional sobre el calentamiento global, tema de la cumbre de Copenhague, en la que participaron cerca de 4.000 personas de 38 países. Se pretendía así, incorporar al público en el debate sobre el calentamiento global, antes limitado solamente a personas expertas, legisladores/as y grupos de interés.

El punto de vista de la ciudadanía como no-experta (pero sí experimentada), le dio una posición única para evaluar aspectos morales, sociales y culturales de las políticas medioambientales adoptadas en los foros internacionales. Su objetivo fue crear un modelo, que permite la participación de la ciudadanía para la toma de decisiones políticas a nivel global.

El punto de vista de la ciudadanía como no-experta (pero sí experimentada), le dio una posición única para evaluar aspectos morales, sociales y culturales de las políticas medioambientales adoptadas en los foros internacionales

El método consistió en informar a la ciudadanía sobre distintas políticas energéticas y medioambientales. Tras el proceso de información, pudieron intercambiar ideas y opiniones para una deliberación conjunta. Una vez habiendo deliberado informadamente sobre un tema, se procedió a votar y se compararon los resultados de los 38 países.

Las encuestas convencionales (en su mayoría fácilmente manipulables) realizadas hasta la fecha, no habían identificado como amenaza urgente o importante el cambio climático, por lo que las y los políticos no tenían como prioridad dar una respuesta efectiva a este problema.

En la cumbre, las y los políticos suscribieron un acuerdo que no correspondía con la gravedad que la comunidad científica le da al calentamiento global. Sin embargo, en el proceso participativo-deliberativo que tuvo lugar paralelamente a la cumbre, las opiniones de la ciudadanía en este experimento informado fueron muy diferentes:

  • El 88% quiere objetivos estrictos para mantener el calentamiento global en menos de 2ºC respecto a los niveles preindustriales
  • El 83% está a favor de sanciones severas en contra de países que incumplan sus compromisos de reducción de emisiones.

En las respuestas de la ciudadanía del estado español a dos de las preguntas reconocen su bajo grado de familiaridad con el cambio climático (desinformación), así como su preocupación una vez reciben la información.

Otros ejemplos

Existen otros ejemplos de dispositivos deliberativos formados por jurados ciudadanos de personas campesinas hindúes y brasileñas, sobre la introducción en sus cultivos de Organismos Genéticamente Modificados (Karnataka 2001, Belem do Pará 2001, Prajateerpu 2002).

El jurado ciudadano, tiene en estos procesos acceso a personas expertas a las que consultar, para luego contextualizar y valorar la decisión en sus experiencias. No se trata de que las personas participantes (experimentadas) se conviertan en personas expertas en genética o botánica, sino de que puedan, con la información que consideren pertinente y sus experiencias, reconstruir el problema, para llegar así a decisiones con una mayor aceptación y compromiso.

No se trata de que las personas participantes (experimentadas) se conviertan en personas expertas en genética o botánica, sino de que puedan, con la información que consideren pertinente y sus experiencias, reconstruir el problema, para llegar así a decisiones con una mayor aceptación y compromiso.

Se consigue también incluir a las personas normalmente excluidas en los procesos de formulación de políticas, e incluir las perspectivas de las personas agricultoras con experiencia y vivencias en la temática a tratar, en los debates globales por los que también son afectadas, en este caso sobre los cultivos genéticamente modificados.

Esta reflexión de una campesina hindú, extraída de un jurado ciudadano, expresa de manera muy clara la idea que pretendo transmitir, sobre la importancia de incluir a las personas con experiencias y vivencias a través de la participación ciudadana en la toma de decisiones en la crisis ecológica:

«Hace mucho tiempo, cuando hacíamos nuestra propia agricultura con nuestros propios métodos, producíamos también suficiente y comíamos y teníamos una vida cómoda con ropa y comida y todo. Entonces pasamos a la agricultura química porque nos prometieron que daría buenos rendimientos y más producción. Así que pasamos a este tipo de agricultura, pero poco a poco tenemos que incrementar nuestros insumos en forma de comprar cada vez más fertilizantes y pesticidas y muchas otras formas de gestión.

Ya tenemos dolor en las articulaciones y otros problemas de salud por esta agricultura química. Ahora nos decís que tenemos otro tipo más de agricultura: los cultivos genéticamente modificados. También nos decís ahora que habéis creado nuevas variedades. No sabemos si son seguras para nuestro consumo. A causa de la agricultura química nuestro propio pasto ya no es comestible para nuestro propio ganado por los residuos de los pesticidas. A nuestro ganado no le gusta el forraje de alto rendimiento. Si les dais organismos genéticamente modificados, que matan a un insecto cuando come una hoja, ¿cómo podéis estar seguros de que no envenenará o matará a nuestro ganado o a nosotros cuando los usemos para el consumo humano o como alimento para el ganado? Todas estas son dudas genuinas que tenemos. Estoy segura de que nuestros propios métodos agrícolas son más seguros que estos nuevos que no han sido probados».

Conclusiones

El actual voto sin proceso de información previo como forma de democracia tiene sus limitaciones, alrededor de las que se ha generado un arte que trata de beneficiarse de ellas.

En el momento en el que nos encontramos, en el que se ha demostrado que las políticas que influencian los modelos de consumo son insostenibles y fácilmente influenciables, veo que por medio de la implicación de la ciudadanía deliberativa e informada podemos llegar a decisiones más legítimas y democráticas. La legitimidad de una decisión no se basa únicamente en la legitimidad de la persona o autoridad que la toma, el proceso mismo también debe ser legítimo.

Ser parte de la toma de decisiones es la manera que propongo para legitimar el proceso y co-responsabilizar a todas las personas en dos niveles antes expuestos, muy relacionados entre ellos: como agente con influencia a través de sus modelos de consumo, y como agente involucrado en la toma de decisiones.

Bibliografía

  • HERRERO, Yayo. “Crisis global: cuando el capital puso la vida a su servicio”. Revista del Instituto de Investigaciones Feministas, Ecologistas en Acción.
  • BECK, Ulrich. La sociedad del riesgo. Barcelona: Paidós, 1998.
  • JONAS, Hans. The Imperative of Responsibility. In Search of an Ethics for the Technological Age. Chicago: Chicago University Press, 1984.
  • SCHNAIBERG, Allan. The Environment: From Surplus to Scarcity. Oxford University Press, 1980.
  • YOUNG, Iris Marion . “Responsibility and Global Labour Justice”. The Journal of Political Philosophy. 2004.
  • LUQUE, Emilio. “Jurados Ciudadanos y Organismos Genéticamente Modificados”. Revista internacional de Sociología nº40, Enero-Abril 2005.
  • Mission Mars One
  • World Wide Views. The project

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Máster en Participación Ciudadana. Especializada en diseño de procesos de participación comunitaria. Graduada en Ciencias Ambientales y Arquitecta técnica.

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