Las herederas de Manrique

Las herederas de Manrique: Del «yo» al «nosotras»

en Bajo la sombra del guirre por

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de conocer a personas que edificaron una estrecha amistad con César Manrique, ese gran artista universal desde las islas, paradigma de creador comprometido. Es curioso, siempre me ha sorprendido la facilidad con la que su nombre se desliza por cualquier conversación cuando se departe con las personas que lo trataron. Las veces que he estado con Pepe Dámaso o Luis Morera me han ilustrado con decenas de anécdotas acerca del indómito carácter de un infatigable defensor del bien natural de las islas. Sin duda, debía ser un hombre con un gran carisma para dejar esa impronta en personas ya de por sí talentosas, artistas reconocidos, que se jactan de seguir llamándole amigo y lo traen a la vida con la vibrante chispa de su amistad.

Manrique se convirtió en el abanderado de una resistencia contra el voraz apetito del cemento y el ladrillo, contra el turismo de masas, del todo incluido que primordialmente huele a crema solar y alcohol, y que viene a Canarias a enriquecer a emporios turísticos que dejan los huesos y las cáscaras a los trabajadores. Los datos son demoledores, el 36% de la población canaria está en riesgo de pobreza y exclusión social según recoge el último informe ‘El Estado de la Pobreza’ elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, en un territorio que recibe 13 millones de turistas al año. Además, la pandemia ha dejado al aire todas las vergüenzas de un sistema económica endeble y raquítico que depende en extremo de terceros y cronifica un modelo de destrucción de la riqueza natural, de la que tanto presumimos, que ha destrozado Canarias durante décadas.

En palabras del propio César: «Se trata de vivir cara al futuro, contribuyendo a construir una alternativa limpia, inteligente, de calidad de vida. No debemos desfallecer, hay que seguir adelante, estar vigilantes y mantener viva la conciencia crítica, pues el futuro nunca está conseguido, lo tenemos que hacer desde el presente. Se trata de hacer convivir la industria turística con la defensa del territorio y de la cultura propia. Y esa convivencia es posible, pero, sobre todo, necesaria, obligatoria para no vivir de espaldas al futuro».

Conocí un movimiento principalmente liderado por mujeres, que evitaban el reconocimiento personal y anteponían el grupo al ego, a diferencia del tradicional modelo de líderes mesiánicos que aglutinan poder y reconocimiento

Un visionario que alertó desde el altavoz del reconocimiento y el prestigio, que batalló contra políticos miopes y se empeñó en sembrar semillas de consciencia entre el fértil campo de cultivo del amor que los ciudadanos tienen a las islas. La llama que él alzó, como símbolo y como referente, sigue viva. La he visto llameante, vívida, alzada con dignidad por el grupo que luchó y venció contra el macromuelle de Agaete. Me acerqué a la causa con el ánimo de aportar un grano de arena con algunos audiovisuales y salí enriquecido por el contacto directo con almas que emocionaban con la vida que desprendían, por el amor que llevaba adelante una causa justa, que puso a Canarias ante el espejo, y por una vez, evitando errores muy repetidos en el pasado, librándola del cemento y la destrucción natural con la excusa espuria del progreso. Conocí un movimiento principalmente liderado por mujeres, que evitaban el reconocimiento personal y anteponían el grupo al ego, a diferencia del tradicional modelo de líderes mesiánicos que aglutinan poder y reconocimiento. A lomos de una ignorancia desmedida, traté de convencer a una de esas mujeres para que se diera visibilidad, para que tomara forma ante la sociedad y se convirtiera en un referente, personalizando el movimiento y una causa que podía llevarse a otros lugares. Con infinita paciencia y una amistosa sonrisa me desmontó cada argumento con la sabiduría de los que hacen y saben hacer. Su modelo fue muy exitoso y esa llama, heredera de otra época en la que César fue necesario, sigue iluminando de esperanza entre unas islas con sobredosis de turismo de masas.

Preparando un vídeo contra el hotel de la Tejita, escucho de forma involuntaria a una de las activistas que coordinan las acciones al teléfono. No sé con quién ni de qué habla, pero oigo cómo le dice a la persona al otro lado: “No se trata de mí, aquí no somos «yo», somos «nosotras»”.

Ojalá paremos todas las agresiones que el brutal sistema que ha campado a sus anchas por las islas ha establecido como norma, y el espíritu de Manrique siga flotando como el polen es transportado por el viento y toda esa gente valiente y decidida, flores al fin y al cabo, germinen con la esencia del amor a una naturaleza que ojalá sepamos seguir cuidando.