La última foto de Tuenti

La última foto de Tuenti

en Magua por

Andrea Abreu

Vamos a inventarnos una tristeza pegajosa. Como un chicle de fresa. Vamos a tener la boca seca del vodka-jugo piña, los ojos rojos rojísimos, el cielo de la boca levantado de los chupetes de kojak (mmm, qué rico el chicle de los chupetes de kojak). Vamos a pasar las tardes en el campo de fútbol, viendo a los chicos jugar al fútbol sin que nos guste el fútbol. Comiendo papas locas, bebiendo batido de Kinder Bueno, besándonos la boca de chocolate, limpiándonos los dientes con la lengua de otra persona. Vamos a ser lesbianas de bromitas. A inventarnos una tristeza piquenta, como la espina de una zarza, como una aguja. Vamos a hacer una chuletada y a intentar encender un fuego. Vamos a quemarnos. Vamos a reírnos. Vamos a reírnos con un trozo de perejil en las encías. Vamos a arrancarnos la mierda de los dientes con la lengua de otra persona. Vamos a sacarnos una foto para el Tuenti. Vamos a pasarnos la fiesta pensando en los retoques del PicMonkey. Vamos a quitarnos el pestazo a humo con una espátula. Vamos a plancharnos el pelo hasta a oler a cochino quemado, hasta convertirnos en un cochino quemado. Vamos a mear detrás de un coche, unos contenedores de basura, un viejo meando. Vamos a soltar un chorro viscoso y espeso, caliente como una manzanilla, oscuro miel de palma. Vamos a intentar dibujar un corazón con el meado. Vamos a mirarnos el chocho abierto como un nardo en flor y vamos a pensar qué feo, fos-qué-asco. Vamos a besarnos con siete personas en la misma noche, cinco de ellas somos nosotras mismas. Luego vamos a coger la mononucleosis.

Vamos a sacarnos una foto para el Tuenti. Vamos a pasarnos la fiesta pensando en los retoques del PicMonkey. Vamos a quitarnos el pestazo a humo con una espátula. Vamos a plancharnos el pelo hasta a oler a cochino quemado, hasta convertirnos en un cochino quemado

Vamos a estar dos meses sin hacer gimnasia, a aprobar gimnasia con un 5, a reírnos, vamos a reírnos, vamos a mirarle el culo al maestro de gimnasia. Vamos a enamorarnos de un chico más grande para que nos lleve al Puerto. Vamos a gastarnos quince euros en la feria, veinte, treinta, treinta y cinco, vamos a vomitar después de subirnos en el saltamontes. A comernos un pepito con todo, a coger la última guagua. Vamos a comprarnos unas arepas y un Nestea Mango-Piña. Vamos a echarnos pedos y echarle la culpa a la otra. Vamos a hablar mal de las otras chicas. A reírnos de las otras chicas. Vamos a fingir que somos otras chicas, no las que somos. Vamos a reírnos hasta darle miedo a la gente, hasta que la gente nos grite: “Bajen un fisquito la voz, misniñas”. Vamos a mirarnos al espejo y vamos a pensar fos-qué-asco, me quiero arrancar los muslos, desinflarme los cachetes. Vamos a fumar. Vamos a toser. Vamos a hacernos un porro mal hecho, gordísimo, lleno de saliva y babas. Vamos a tener novios que nos controlan. Que nos dicen “Pareces una puta”, “¿Pa dónde vas toda pintorriada?”, “Si me dejas, me corto las venas”, “Chacho, si no quieres follar conmigo es que no me quieres”. Vamos a tenerles miedo. A reírnos de ellos a sus espaldas. A ser felices muy flojito. A tener una felicidad suave como el vello de las orejas. Vamos a disfrazarnos de domadora sexi, de india sexi, de conejito sexi, de vendedora de palomitas. Vamos a no usar peluca en carnavales. Vamos a plancharnos el pelo. Vamos a dejarnos el pelo seco como el rabo de una rata. Vamos a fingir que todavía somos amigas. Por solo un momento, hacer que no somos esa maestra, dependienta, enfermera, camarera, guía, ama de casa, madre de un niño de cinco años con los ojos verdes, voluntaria de refugio de perros, mujer depresiva que se mira en los cristales de las tiendas y piensa: “La próxima vez me pido una pizza sin queso porque estoy más gorda que una mula”. Quiero que nos saquemos la última foto. Con la cámara pequeñísima de la BlackBerry. Y después quejarnos de lo mal que tenemos el pelo. Quiero reírnos mucho. Muy fuerte.