Inicios del Movimiento LGTBIQ+ en Canarias

Inicios del Movimiento LGTBIQ+ en Canarias

La represión de las disidencias sexuales y de género durante el régimen franquista y la transición a la democracia se vehiculan fundamentalmente a través del poder político, religioso y médico del momento. Tomando como guía el fabuloso trabajo de Víctor M. Ramírez Pérez analizaremos en este artículo las causas de aparición y los inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias.

Peligrosas y revolucionarias

Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición, editado por Tamaimos, es una obra de investigación nuclear de obligada lectura. A lo largo de sus páginas transitamos por el análisis de la regulación que legalizaba la opresión, los diferentes tipos de represión que se interconectaban y en qué modo se materializaban y cómo, poco a poco, va surgiendo un movimiento de contestación y resistencia a la tiranía del heterosexismo.

Junto con la consulta de archivos, prensa y la recopilación de testimonios, Víctor M. Ramírez Pérez, nos aporta una investigación de enorme valor para conocer de dónde venimos y no perdernos hacia dónde vamos. Es por ello que este artículo, que sintetiza algunas de las cuestiones tratadas en su obra, busca ser un humilde homenaje a su propio trabajo y al de todas las personas que sufrieron y sufren, directa o indirectamente, LGTBIfobia.

La moral nacional-católica ha hecho mucho daño, no estamos descubriendo la pólvora. La unión del poder político con el poder eclesiástico en el franquismo influyó férreamente en las mentes de toda persona educada durante el régimen y tras los primeros años de su desmembramiento. De hecho, la transición y la paulatina consecución de derechos civiles y políticos no supuso la conquista -a su vez- ni de derechos sexuales y reproductivos ni de derechos a la diversidad sexual y de género hasta pasado bastante tiempo.

En este sentido, los propios movimientos y partidos de izquierda adolecían de la misma raíz heterosexista que poco a poco fueron suavizando hasta posicionarse a favor de las reivindicaciones LGTBIQ+. ¡Ya, en pleno siglo veintiuno aún queda mucho por alcanzar!, pero no veas el panorama en el tramo temporal en el que nos situamos: 1954 a 1980 aproximadamente.

Que Dios me libre de un hijo maricón o una hija puta

Antes de entrar al trapo debemos evidenciar unas matizaciones importantes que hacía patentes el autor. La primera de ellas es que hay una latente confusión o falta de identificación de las fronteras entre orientación sexual e identidad de género, lo que provoca que se mezcle y se confunda continuamente homosexualidad y transexualidad. Y la segunda es que, debido a la brutal represión de la sexualidad femenina durante el franquismo, el lesbianismo “no existe”.

La represión a las disidencias sexuales y de género venían de varias vías: la política, la religiosa y la médica, las cuales -a su vez- tenían su espejo en la familia y demás instituciones sociales (como el colegio). La prensa, por su parte, participaba activamente en la misma al difundir una imagen deshumanizada de la homosexualidad por lo que puede considerarse -tal y como lo demuestra Víctor Ramírez Pérez en su obra- un instrumento de propaganda de dicho sistema represivo.

Desde el sistema político dictatorial vieron la luz diversos mecanismos de opresión como fue la modificación de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 que incluyó la homosexualidad en su articulado, la utilización y aplicación a los homosexuales del Código Penal a través del delito de escándalo público, y la aprobación de la Ley de Peligrosidad Social del año 1970 que seguiría vigente durante varios años ya en la Transición. Posteriormente nos detendremos en analizar esta legislación que más bien parece sacada de una historia de ciencia ficción.

Página de Sucesos del Diario de Las Palmas, años 70
Página de Sucesos del Diario de Las Palmas, años 70

Junto a este aparato normativo -y desde el plano ya no de la legalidad sino de la moralidad- se encontraba la Iglesia, una institución sumamente presente -como sabemos- en el espacio público del régimen que promulgó la visión del sexo no-reproductivo como el máximo pecado, al igual que lo era trasgredir los códigos tradicionales entre lo masculino y femenino. En este punto es especialmente gravosa la situación de las lesbianas y hombres transexuales, ya que debido a la ideología nacional-católica a la mujer le era negada su sexualidad y cualquier interés/deseo/expectativa de vida que no se correspondiese con la procreación y cuidado de la prole (incluido el marido, obvio). Esto provocaba ya no solo la represión a su disidencia de facto, sino su práctica invisibilidad al ser sencillamente “impensable”.

Así, y aunque a lesbianas y hombres transexuales no se les aplicaba en la misma medida la legislación que antes apuntábamos, la represión era más sutil pero no por ello menos gravosa. El férreo control mental sobre dichas personas y la imposibilidad de enunciar, nombrar y compartir su realidad provocaba -en muchos casos- que ni siquiera se pudiera materializar o expresar esa disidencia, condenando a la persona a un ostracismo máximo: prácticamente no existían. No obstante, sería falso sostener que no fueron contempladas ya que el Patronato de Protección de la Mujer de la Sección Femenina de la Falange abordó la disidencia lésbica, aunque su labor principal fuera la de rehabilitar a las prostitutas y meter en vereda también a las madres solteras, víctimas de abusos sexuales y chicas “rebeldes” a la autoridad paterna, tal como nos lo cuenta Ramírez Pérez.

Por otro lado, desde la institución médica (con la psiquiatría a la cabeza) se le daría respaldo científico a la represión de las disidencias sexuales y de género bajo la justificación de la condición patológica de las personas homosexuales y transexuales. Así, surgirían numerosas teorías y tratamientos médicos que vendrían a proponerse como solución a la “enfermedad”. Esta idea legitimó diferentes “prácticas médicas” y/o “terapias” que suponían una indudable vulneración de los derechos humanos más básicos y una vulneración total a la dignidad de las personas. Así, por ejemplo, parte de la instrucción del procedimiento en aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes era la obtención de un informe clínico-forense sobre las condiciones psico-físicas y grado de peligrosidad del supuesto homosexual que incluían pruebas físicas de inspección de la zona anal y tactos rectales.

Este ejercicio de la represión desde el espacio político-legal, eclesiástico y médico tenía su reflejo en la familia; institución que se posicionaría como una de las más opresoras al ser la más cercana a las personas. Así, era común oír eso de “lo peor que le puede pasar a una madre es tener un hijo maricón o una hija puta” porque, claro: 1) habías fallado como madre en tu rol de responsable y vigilante de la buena moralidad de tu prole; 2) tu hijo era un enfermo-delincuente-pecador o tu hija una zorra-pecadora que vivía su sexualidad fuera de los márgenes de la Santa Iglesia. Ergo (y esto se le aplica al padre) las violencias en todas sus formas (ejercidas directa o indirectamente) y el escarnio público estaban servidas. Lo que se aplica igualmente a la institución de la educación (aquellos que podían acceder a ella). Así, muchas de las personas disidentes sexuales o de género optaron por abandonar el entorno familiar, los estudios y buscarse la vida como podían.

Clase y disidencias sexuales y de género en Canarias 

En el caso concreto de Canarias, el carácter eminentemente rural en los primeros años del régimen franquista y los índices de analfabetismo propiciaban este férreo control social y la consecuente represión de las disidencias sexuales y de género. Es de subrayar que -tal y como nos lo explica el autor de Peligrosas y revolucionarias

Del análisis realizado por Víctor Ramírez Pérez de los antecedentes de las personas detenidas el autor destaca que fueron las clases populares o grupos desfavorecidos los sujetos que más represión (policial-jurídica) sufrieron. Esta afirmación surge de la constatación y comprobación en dichos antecedentes penales de los datos relativos a la zona de residencia de los inculpados, los lugares que frecuentaban y, de manera particular, sus profesiones.

La represión en Canarias por cuestiones de sexo y género tenía un marcado sesgo clasista.

Ello evidentemente no significa que las clases privilegiadas o la burguesía canaria de la época se librasen de la misma, ya que el “clima de terror” y la moral nacional-católica operaba como freno de su identidad y sexualidad, sino que a nivel cuantitativo fue mucho mayor el número de expedientados de clase baja. En Canarias ciertamente se ha encontrado algún procesado de clase media y, de manera excepcional, alguno perteneciente a la burguesía del momento.

Esta procedencia popular de los represaliados por disidencias sexuales y de género en Canarias pudo operar negativamente para dichos sujetos en el caso concreto de la reivindicación de sus derechos procesales. Tanto la Ley de Vagos y Maleantes como el Reglamento que lo desarrollaba establecía un procedimiento judicial en el que el encausado tenía derecho a presentar pruebas a su favor, designar Procurador y Letrado o pedir al Juez uno de oficio, así como interponer recurso ante la Audiencia Provincial una vez dictada sentencia. Sin embargo, había un sentimiento generalizado de que el procedimiento no se cumplía o que ni siquiera había juicio y esta sensación podía ser debido al desconocimiento de la terminología jurídica, a su escasa formación y a su incapacidad a la hora de emprender acciones en su defensa al no entender y al no poseer medios económicos para, por ejemplo, recurrir a un abogado. Y todo ello, evidentemente, sumado al hecho de que con total probabilidad estas personas no eran informadas adecuadamente de sus derechos procesales y que, por tanto, sus garantías procesales eran vulneradas sistemáticamente.

Canarias como una de las mecas de turismo LGTBIQ+ 

El desarrollismo a partir de la década de los sesenta fue un elemento central como disruptor del discurso heterosexista y sus represiones. El turismo de sol y playa que comenzaba a llegar a las islas supuso no sólo un crecimiento económico importante sino también todo un cambio sociológico que tendría su repercusión en la mente de la sociedad canaria.

La industria turística supuso un cambio en el paisaje con el desarrollo de nuevos núcleos urbanos costeros, nuevos trabajos en el sector servicios y nuevos modelos de hombre y mujer en la figura del turista, que subvertía en muchos casos los cánones de masculinidad y feminidad hegemónica tal cual eran señalados por la moral nacional-católica del régimen.

El boom económico del turismo permitió, en este sentido, que “los homosexuales canarios conocier[a]n por primera vez formas de relacionarse y espacios de socialización muy diferentes de los clandestinos y culpabilizadores encuentros a los que se veían abocados en la que, ya entonces, empezaban a ver como antigua sociedad tradicional” (Ramírez-Pérez, 2019:54).

Fueron surgiendo entonces de manera creciente los llamados “locales de ambiente” y se fueron haciendo populares lugares de encuentro homosexual como, por ejemplo: La Playa de Las Canteras, el Parque de Santa Catalina, el Muelle de Las Palmas y San Telmo en Gran Canaria. Asimismo, era conocido el Puente Serrador en Santa Cruz de Tenerife y los alrededores del Parque García Sanabria como lugares de prostitución de transexuales.

Las salas de fiesta fueron también otro tipo de locales que proliferaron en las capitales isleñas. En estos lugares se realizan interpretaciones o “espectáculos de variedades” donde los artistas se travestían y cantaban. Cada vez más estos espectáculos fueron añadiendo toques “más picantes” y fue en aumento su carácter sexual.

Ni los locales de ambiente, ni las salas de fiesta y mucho menos los lugares públicos arriba mencionados eran lugares seguros para las disidencias sexuales y de género. Las redadas continuaron y eran habituales, pero no deja de ser cierto que el turismo y, sobre todo, sus rendimientos económicos configuraron -o más bien obligaron por gobierno del bolsillo- a una cierta “permisibilidad” nunca antes imaginada para el régimen franquista. Y claro que hubo quienes pusieron el grito en el cielo por las perversiones y la influencia corruptora de esas subversiones venidas de Europa, pero “el money” es el “money” y ahí ya no importa tanto ni el Dios ni la Patria del nacionalcatolicismo.

Ficha de Silvia Reyes, procesada y encarcelada en 1974 por la Ley de Peligrosidad Social. Fuente - Asociación de Ex-presos Sociales de España
Ficha de Silvia Reyes, procesada y encarcelada en 1974 por la Ley de Peligrosidad Social. Fuente – Asociación de Ex-presos Sociales de España

Por otro lado, mención especial merece el Carnaval. ¡Oh, nuestro amado Carnaval! Esta época de culto a la carne fue suprimida desde 1937 con una Orden Circular del Gobernador General al resto de Gobernadores Civiles y ratificada, posteriormente en 1940 por el Ministro del Interior. La prohibición de celebrar el Carnaval se mantuvo durante todo el franquismo, pero igualmente se celebraba con el nombre de Fiestas de Invierno o bailes de máscaras. Estas fiestas, como momento y espacio de subversión, eran aprovechadas por las disidencias sexuales y de género como resquicios de libertad pese a que el control social y del régimen no se apaciguaba ni en estas fechas.

La respuesta del régimen franquista para contrarrestar tanto vicio y depravación fue la de promulgar la Ley de Peligrosidad en el año 1970, que vendría a sustituir a la Ley de Vagos y Maleantes. Es importante hacer notar que esta ley vendría a ser aprobada en una coyuntura de paulatina despenalización de la homosexualidad en diferentes países occidentales (Suecia en 1944, República Democrática de Alemania en 1968, Reino Unido y la República Federal de Alemania en 1969, el Estado de Illinois en 1961 o Connecticut en 1969).

En el caso del Estado español el avance vino por incluir como entre los supuestos peligrosos previstos los de realizar “actos de homosexualidad”. ¡Guau, todo un avance, sí! Pero es que con la antigua ley (la de Vagos y Maleantes) ya valía la sola sospecha de la condición de homosexual y no era necesario, tan siquiera, realizar algún tipo de práctica. Vamos, que si tenías más pluma de la debida (si es que eso existe) o subvertías algún código normativo de comportamiento o vestimenta, ya te ibas al calabozo.

Esta nueva ley, por tanto, velaba por la moralidad de la sociedad contra determinadas conductas riesgosas. No obstante, y a opinión de Víctor Ramírez Pérez, “la ley tuvo unos efectos inesperados e indudablemente indeseados para el régimen: la activación de un movimiento de reivindicación homosexual inexistente hasta esa fecha en la historia de España”. Y es que la publicación del proyecto de Ley revuelve los ánimos en el movimiento LGTBIQ+ en Canarias que, a partir de ese momento, comenzará a organizarse; primero, de manera clandestina y más adelante, visibilizando sus reivindicaciones en el espacio público.

Inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias

Los inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias están sobradamente bien narrados en la obra que hemos ido desgranando, pero también podemos encontrar una breve síntesis en el capítulo Pioneros del movimiento sexual en Canarias durante la Transición del libro Las otras protagonistas de la Transición: izquierda radical y movilizaciones sociales. Ambos trabajos son de lectura obligatoria y desde aquí invitamos a su consulta, siendo lo que se expone a continuación -al igual que el resto del presente artículo- un breve trabajo de recopilación de lo explicado por el autor en dichos trabajos.

Víctor Ramírez Pérez (2019:146) nos relata cómo “la llegada de la transición no implicó un cambio radical en la percepción de las disidencias sexuales, ni a nivel político ni a nivel social”. A la muerte del dictador la represión a las disidencias sexuales y de género continuaron y los presos que cumplían condena por aplicación de la Ley de Peligrosidad continuaron en la cárcel, ya que al no ser considerados presos políticos (sino comunes) no les era de aplicación las amnistías.

Así, hubo que esperar hasta 1979 para que los actos de homosexualidad fueran eliminados de la Ley de Peligrosidad y aún así, las disidencias sexuales se seguían reprimiendo por la vía del escándalo público del Código Penal. Asimismo, fue en un tardío 1983 cuando se eximió de responsabilidad penal a los facultativos que realizaban cirugía transexual, ya que hasta ese momento era considerado un delito de lesiones. Además, el primer colectivo de homosexuales reconocido como asociación a nivel formal lo fue en 1980 después de un año y medio de intentos de inscripción que les eran denegados. Fue el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), un colectivo constituido ya desde 1975 con la finalidad de reforzar ideológicamente al Movimiento Español de Liberación Homsexual (MELH). Este movimiento fue conformado en 1972 a raíz de las movilizaciones y resistencias llevadas a cabo en la clandestinidad para intentar evitar que la homosexualidad fuera incluida en la Ley de Peligrosidad Social, que como hemos apuntado fue aprobada en 1970.

El autor llama la atención sobre la falta de cultura organizativa de las disidencias sexuales en España en general, pero de manera particular en Canarias. Este germen en Cataluña poco a poco se fue extendiendo por el resto del Estado español y, también, llegó a Canarias. En aquel momento, el objetivo número uno del movimiento LGTBIQ+ en Canarias era la despenalización de la disidencia sexual.

Manifestación del Front d’Alliberament Gai de Catalunya en 1977

En Canarias hubo diferentes organizaciones pero las que mayor visibilidad y trayectoria tuvieron fueron el Partido Democrático de Homosexuales de la Región Canaria y, posteriormente el Colectivo Canario de Homosexuales. El primero de ellos no duró mucho pero organizó en Santa Cruz de Tenerife lo que sería el primer acto reivindicativo en contra de la LGTBIfobia. El protagonismo lo tuvieron las mujeres transexuales (recuérdese que homosexualidad y transexualidad se confundían por aquel entonces) y se trató de una concentración en el Parque García Sanabria el 25 de junio de 1978, al que siguió una manifestación. Al acto acudieron según la prensa unas 200 personas. Otro acto significativo fue la celebración de un debate en octubre de ese mismo año en el Colegio Mayor San Fernando.

Por su parte, en Gran Canaria y antes incluso de la muerte del dictador, se había conformado un grupo de personas que buscaban consolidar un espacio de encuentro donde reflexionar y prestarse apoyo mutuo frente a las diferentes represiones que sufrían. Este grupo se denominó Colectivo Canario de Homosexuales y se posicionó como la organización de más trayectoria en la Canarias del momento, llegando a desarrollar “una notable actividad pública a finales de los años 70 y principios de los 80 en las islas de Gran Canaria y Tenerife” (Ramírez Pérez, 2019:186).

Ya en 1979 y 1980 el colectivo gozaba de una base ideológica consolidada que le permitió dar el salto al activismo con perspectiva política y, así, actuar en el espacio público para reivindicar derechos y el fin de la represión y la discriminación. El colectivo se organizaba de manera asamblearia y tenía una postura de izquierda revolucionaria. De hecho, en sus principios se encontraba la idea de que la lucha homosexual estaba intrínsecamente unida a la lucha del resto de grupos oprimidos (como las mujeres y la clase trabajadora) y que de manera conjunta había que librar batalla contra las estructuras de la sociedad burguesa capitalista. Así, la lucha era conjunta contra el heteropatriarcado y el capitalismo. Para el Colectivo Canario de Homosexualidad el nuevo sujeto revolucionario eran el movimiento feminista y el movimiento homosexual.

Hay dos textos principales de este colectivo que es puro oro de análisis: “Por un Movimiento Homosexual en Canarias” (sin fecha) y “Se olvida fácilmente…” (este último de 1980 y presentado en el Segundo Congreso del Partido de Unificación Comunista de Canarias, PUCC). En ellos se establecen las bases ideológicas del movimiento.

Esta ideología de izquierdas del Colectivo Canario de Homosexuales era compartida por otros muchos movimientos y partidos. Sin embargo, la LGTBIfobia no era ni mucho menos monopolio de los partidos de derechas y, la izquierda (partidos y demás organizaciones populares y obreras), también era machista y heterosexista por lo que integrar (o al menos apoyar) las reivindicaciones de las disidencias sexuales y de género no era tarea fácil. Aun así, bien es cierto que había un acercamiento y diálogo que, aunque insuficiente en los primeros momentos, poco a poco fue calando.

Para el Colectivo Canario de Homosexualidad, la lucha homosexual estaba intrínsecamente unida a la lucha del resto de grupos oprimidos.

Por otro lado, mención aparte merece el activismo lésbico. Las lesbianas hicieron parte tanto del movimiento homosexual como del activismo político en partidos u organizaciones obreras. Sin embargo, esta doble discriminación (ser mujer y lesbiana) las situaba en una disyuntiva: ¿me posiciono junto a los hombres homosexuales o me sitúo junto al movimiento feminista con el resto de mujeres? Así, las lesbianas organizaron grupos mixtos, grupos específicos o se integraron dentro del movimiento feminista. En 1980 aparece el Colectivo Canario para la Liberación de la Mujer Lesbiana, que se relacionó en estrecha colaboración con el Colectivo Canario de Homosexuales y la Coordinadora Feminista. Sin embargo, tal y como concluye Víctor Ramírez Pérez (2019:210) en su investigación “el activismo lésbico en Canarias fue […] escaso y poco visible desde el punto de vista de identificación de las protagonistas”.

Finalmente, y tras la celebración del Orgullo de 1980, el movimiento entra en un progresivo declive hasta su disolución. Entre las posibles razones que se arguyen para justificar la desmovilización se encuentra la consecución del objetivo de la despenalización de la homosexualidad al conseguir eliminar la referencia a realizar actos de homosexualidad en la Ley de Peligrosidad Social junto con la necesidad de disfrutar de la libertad conseguida tras tantos años de represión como los vividos. Así, y tras 1980, el Colectivo Canario de Homosexuales va desapareciendo de los medios de comunicación y de la esfera pública.

Conclusiones

Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición es un riguroso trabajo de investigación de Víctor Ramírez Pérez que debemos leer en su totalidad para entender la dimensión de la interconexión de represiones sobre el movimiento LGTBIQ+ en Canarias en nuestra historia reciente.

La consulta a la prensa del momento, el análisis de los antecedentes penales de los detenidos por homosexualidad, la bibliografía consultada y, sobre todo, los testimonios recogidos hacen de esta obra un trabajo de necesaria visibilización. En esta ocasión hemos querido dar nuestro particular homenaje al autor pero, también, a todas las personas que en el pasado se levantaron contra la represión y a aquellas que hoy han tomado el testigo de esa lucha aún necesaria.

Recursos bibliográficos

Deja una respuesta

Your email address will not be published.