clint eastwood los guanches e Islandia

Clint Eastwood, los guanches e Islandia

Armando Ravelo

-Gusta lo ajeno, más por ajeno que por bueno, ¿sabes? A veces es más fácil mirar a otro lado cuando tienes el arte delante de tus narices.

Clint Eastwood tiene una voz rasposa y áspera, de esas que salen de la boca con cierto desdén, casi sin querer. Habla entre dientes, masculla a veces, como dejando en evidencia que si pudiera evitar hablar, lo haría. Eso podría parecer también con sus ideas manifestadas en las entrevistas, es un director del que es muy complicado encontrar citas profundas, desdeñando la idea del cineasta intelectual y reflexivo. Aunque observando su trabajo se deduce que detrás de esa capa de tipo duro, republicano y curtido en mil batallas artísticas, existe una sensibilidad que se extiende desde la mente hasta el alma produciendo obras únicas, conmovedoras e impactantes. Sus películas son de esas que dejan huella. La declaración con la que comienza este escrito es una declaración realizada en la serie documental en la que su colega Martin Scorsese hace un repaso por la historia del cine americano. Hablando de las películas del oeste, se afirma que nunca gozaron de un especial prestigio ni fueron valoradas como parte del patrimonio cultural en Estados Unidos. Sin embargo, para el director que cumplió 90 años el pasado 31 de mayo, el western es la mayor contribución estadounidense a la cultura universal junto al jazz.

Al escuchar la reflexión del maestro Eastwood, pensé que si eso era así en una potencia mundial que ha influido en el devenir de la cultura mundial a lo largo de todo el s. XX y el XXI, cómo sería la cosa en Canarias. Un lugar donde se le ha privado al pueblo del conocimiento de su historia de forma sistemática y se aprecia un desarraigo cultural profundo, sostenido apenas por el aprecio a ciertas palabras del léxico casi ya musealizadas, el orgullo por lo paisajístico y cierto folclorismo de salón con aires rancios.

Personalmente he decidido centrar gran parte de mi trabajo tomando como inspiración la Historia de Canarias. Me atrae, principalmente, por ser un asunto poco explorado, único y cercano. Cercano porque los lugares que aparecen en esos pasajes son transitables para mí, reconozco los espacios comunes y es estimulante imaginar quitar capas de tiempo y viajar al pasado con la creatividad y trasladar lo físico, lo emocional y lo social a través del cine o la literatura al presente. Incluso, hasta cierto punto, me resulta natural, pese a que es cierto que en un principio tuve que romper algunas barreras mentales.

Una de las cuestiones que más me repiten, curiosamente siempre desde gente nacida en las islas, es cuándo voy a dejar de hacer “cosas de guanches”

Digamos que, aceptando la frase de Eastwood como buena, ese concepto de que lo de fuera es mejor y, por lo tanto, lo de dentro es mejorable y poco apreciable, desarrollará mayores raíces en un lugar con la autoestima extirpada, como es Canarias. Una de las cuestiones que más me repiten, curiosamente siempre desde gente nacida en las islas, es cuándo voy a dejar de hacer “cosas de guanches”. Si bien es cierto que el interés por nuestro trabajo crece y la gente que se acerca de forma abierta al mismo aumenta a cada obra, todavía existe una mayoría que considera nuestros temas limitados. Porque, según argumentan, son asuntos muy locales, esto es muy pequeño y no se puede crear industria o simplemente es un tema menor, no es algo atractivo. Si fuera japonés, nadie me cuestionaría sobre cuando voy a dejar de hacer pelis de samuráis. Pero voy a poner un ejemplo aún más ilustrativo: Islandia, una isla con apenas 300.000 habitantes. En el caso de que fuera islandés, allí a nadie tampoco se le ocurriría hacerme esa pregunta. Su sistema cultural es digno de análisis. Tienen un Instituto Nacional del Cine. Han exportado mucho talento a Hollywood, por supuesto, pero también tienen creadores que han decidido quedarse en la isla. Sus temáticas son locales con vocación universal y en los últimos años podemos encontrar sus obras en Cannes, a sus creadores en los Óscar, y series en el catálogo de Netflix, por ejemplo. Aprovechan su identidad, su idiosincrasia, sus paisajes y su talento. Lo unen y han creado una industria.

En Canarias tenemos siete veces más población, paisajes y mucho talento para crear en diferentes formatos o géneros y aportar nuestra mirada isleña al mundo desde la humildad, pero dignamente, en lo económico y en lo artístico. ¿Qué nos falta entonces? Creo que la respuesta tiene que ver con lo que erradique la necesidad que tienen muchos de hacer la pregunta: ¿Cuándo dejarás de hacer “cosas de guanches”? El día en que creamos en nuestras posibilidades crearemos nuestro futuro.

Creador del Proyecto Bentejuí. Director de cortos como 'Ansite', 'Mah', 'La Cueva de las Mujeres' o 'Los Ojos de la Tierra'. Autor de la novela 'Doramas, bajo los pies de nadie'.

1 Comentario

  1. Creo que no debemos dejar algunas cosas de guanches y está bien que evolucionamos también. Creo que el concepto de ‘bereber canario’ ha sido desacreditado porque a España no le interesa. Creo que debemos sentirnos orgullosos. Hace poco leí parte del proyecto Cronos, un análisis de momías guanches y en los resultados no encontraron cáncer ni metástasis. No lo sé, pero imagina que los bereberes canarios tienen, todavía hoy, menos probabilidades de tener cáncer. Esa es una de muchas cosas que puedo ver positivas pero el vínculo con África hace que España nos haya convencido de que lo que somos es malo. Buscar no reconocernos en una identidad para no despertar sentimientos de independencia y toca, justo lo contrario; sentirnos orgullosos de nuestras tradiciones, genética, paisajes, de quién somos. Y con eso, lograremos hacer un futuro mejor y más poderoso. Muy bueno el artículo. ¡Felicidades!

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