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César Manrique: ¿el primer postdesarrollista de Canarias?

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César Manrique es uno de los artistas más reconocidos de las Islas aunque su faceta de activista quizás lo sea menos. Manrique expresó sin tapujos su total indignación y oposición al rumbo urbanístico y turístico que iba imponiéndose en el Archipiélago y que hoy no es más que la materialización de su peor pesadilla. Sus palabras y advertencias fueron ignoradas por las administraciones públicas y por las personalidades que estaban al frente de las mismas, pero quizás –con total certeza– sí que fueron escuchadas y aprehendidas por muchos sectores de la población. Y es que su especial beligerancia contra un modelo de desarrollo que destruía sin ningún tipo de miramientos la Naturaleza bajo el justificativo del progreso resulta, aún hoy, un discurso atípico pero presente en Canarias.

En este artículo pretendemos hacer un breve recorrido por la faceta más reivindicativa de Manrique: su oposición al modelo desarrollista de las Islas. Para ello nos valdremos de sus escritos compilados por Fernando Gómez Aguilera en su magnifica selección de textos La palabra encendida. Aludiremos a muchos y transcribiremos otros tantos para así poder captar, como indica Gómez Aguilera (2005:14), su «[…] escritura militante, de compromiso civil que le confiere una dimensión político-social como artista vinculado a su realidad, al espacio público y a su administración». Un artista activista, como bien ha conseguido reflejar Adonay Bermúdez en su exposición En medio de su orgullo: una retrospectiva de César Manrique sin César Manrique, donde se ha homenajeado el lado más crítico e insurrecto del artista lanzaroteño. En dicha exposición se reunieron una serie de escritos, vídeos y reflexiones de Manrique que fueron complementadas por las obras de artistas como Juan Hidalgo, PSJM, Raisa Maudit, Manolo Millares, Néstor Torrens, Noelia Villena, Mariví Gallardo, Nicolás Laiz Placeres, Magnolia Soto, Acaymo S. Cuesta, Miriam Durango, Miguel G. Morales, Luna Bengoechea y el recuerdo del acto protesta del colectivo Marea Negra. Esta exposición enfatizaba el papel pionero de Manrique en esbozar un discurso contrario al desarrollismo y en cuestionar el llamado “progreso” en las Islas. ¿Sería Manrique el primer postdesarrollista de Canarias?

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Fotografía realizada en la exposición En medio de su orgullo: una retrospectiva de César Manrique sin César Manrique

César Manrique: ¿un postdesarrollista de manual?

El postdesarrollo es una corriente de pensamiento enormemente plural y heterogénea cuyo punto común se encuentra en su crítica radical al desarrollo. Por “radical” entendemos que cuestiona de raíz y por “desarrollo” esa premisa que sostiene que a mayor crecimiento económico mayor bienestar y mejores condiciones de vida. Y no, no hay ningún manual; de hecho esta corriente teorizada por autores como Arturo Escobar, Majid Rahnema, Victoria Bawtree, Gilbert Rist o Wolfgang Sachs, entre otros, postula que cada lugar y sociedad tiene modos de vida diversos y que es un error intentar un modelo único, como se acostumbra a proponer desde los Estudios sobre Desarrollo, una rama de la Economía.

A pesar de la diversidad de los enfoques postdesarrollistas, estos comparten entre sí una serie de postulados-base o de ideas fuerza comunes que conforman el andamiaje discursivo de esta corriente de pensamiento. Dichos postulados-bases son: 1) la asunción de la dicotomía desarrollo/subdesarrollo como una cuestión de poder; 2) el rechazo a la presunción de verdad y legitimidad única que poseen los expertos y
técnicos del desarrollo; 3) el abandono de la empresa desarrollista y de su discurso único por la desvalorización y devastación que supone en la existencia de diversidad de culturas y ecosistemas; y 4) la convicción en que los cambios y transformaciones que deban darse para transitar hacia otros modelos de vida serán diseñados e implantados por bases populares y movimientos sociales de carácter emancipador mediante sus luchas y acciones.

Es relevante destacar aquí que desde el postdesarrollo se critica al discurso desarrollista la glorificación que éste hace del conocimiento científico-técnico en detrimento de los conocimientos populares, que se desechan en su totalidad por ser rancios y trasnochados, es decir, por ser simplemente “cultura”. Desde los discursos postdesarrollistas se re-valorizan estos saberes y, también, la importancia de la Naturaleza como valor en sí misma. Bien es cierto que el desarrollo tiene múltiples adjetivos y que el más popular es el de desarrollo “sostenible”, pero desde posturas postdesarrollistas se alega que la carga economicista es intrínseca al propio concepto de desarrollo y que, en este sentido, es una contradicción hablar de “desarrollo sostenible”.

¿Podemos establecer entonces relaciones entre los razonamientos de Manrique y los postulados-base del postdesarrollo? Pues por supuesto que sí. En sus escritos intuimos a un hombre que defiende que la destrucción del medio natural no lleva más que a la propia aniquilación, hablando tanto de vida como de economía. En fragmentos de Arquitectura inédita de Lanzarote, S.O.S. por Lanzarote y Vale la pena vivir, de los años sesenta y setenta, vemos como se critica duramente la construcción urbanística y el fomento de un turismo de masas como respuesta al mandato económico coyuntural sin prever a largo plazo las consecuencias de ello. Manrique en sus escritos llama la atención sobre la ceguera de empresarios, mandatarios y administraciones públicas. Y lo hace, de entre muchas formas, con las siguientes palabras:

La legislación existente para frenar la destrucción sistemática de la isla es caduca y reaccionaria. A todo esto hay que añadir la postura incomprensible del Gobierno de Canarias, que apoya y defiende toda esta especulación que se cierne sobre la isla alegando que ésta es la única salida a su maltrecha economía. Lo que el Gobierno no quiere ver es que, si arruina el territorio insular, masacrando su geografía, destruyendo su sistema vulcanológico y aniquilando las expectativas de vida, en un futuro muy próximo la existencia de los habitantes de Lanzarote peligrará, porque no se puede basar la supervivencia de un pueblo en el exterminio de toda su riqueza natural.

“Arte-Medio ambiente” (c. 1985), en César Manrique Escrito en el fuego, (Edición Lázaro Santana), Las Palmas de Gran Canaria, Edirca, 1988. Ref. en Gómez Aguilera, 2005:65.

Asimismo, el artista defiende actividades económicas tradicionales como la agricultura y la pesca, que poco a poco van desapareciendo en Lanzarote por destinar el suelo a la construcción de hoteles y apartamentos seriados (Gómez Aguilera, 2005:82). Manrique no está en contra del turismo, sino del turismo de masas, un turismo de baja calidad. Al contrario reconoce que la actividad turística es una buena oportunidad para las Islas, pero no a costa de ver destruido su territorio.

Pero, ¿es Manrique postdesarrollista? Podríamos lanzarnos a la piscina y decir momentáneamente que sí. Al fin y al cabo parte de una postura coincidente con muchos de los postulados del postdesarrollo, tales como el respeto a la cultura y sapiencia popular, la consideración de que tras la defensa del “progreso” se esconden intereses individuales y destrucción de los bienes comunes, la idea de que la Naturaleza es parte de la cultura y que vivir de espaldas a ella es ir en contra del ser humano como especie y, finalmente, la creencia en que de manera colectiva pueden pararse las desgracias ambientales. Su énfasis en señalar el arte en sí mismo que es la Naturaleza se repite en varios de sus escritos y en muchas de sus grabaciones en vídeo. Es la Naturaleza quien lo inspira y es consciente que no va a poder superarla en belleza artística. La Naturaleza no deja de asombrarlo y lejos de una relación de dominación –como es propia de la modernidad– él busca integrarse con ella de manera armónica.

La naturaleza nos ha dado el esplendor de la vida y como espléndida madre tenemos el deber de protegerla de todo peligro, por ser dependientes de ella misma. Si la naturaleza se enferma y muere, moriremos todos irremediablemente. Si de verdad la especie humana es inteligente, tenemos que demostrar el cuidado de ella misma por las consecuencias que podríamos sufrir.

S/T [“La cumbre de la Tierra en Río”] (1992) Archivo César Manrique, Fundación César Manrique. Ref. en Gómez Aguilera, 2005:124-125

Manrique consideraba que la Naturaleza era una fuente inagotable de riquezas y de inspiración; pero no mediante su transformación a partir de la destrucción de sus formas sino de su integración con la misma. A partir de una relación de respeto. Esa búsqueda de armonía entre la arquitectura y el paisaje –modificándolo sí, pero no destruyéndolo– es lo que caracteriza su obra y su activismo. Y de ahí su crítica al modelo turístico de masas que imponía un urbanismo exacerbado y una masificación que rompe con el punto de equilibro.

Critica de Manrique al modelo turístico de Canarias

Con una economía dependiente del turismo, tanto ayer como hoy, se convierte en “una caza de brujas” cualquier posicionamiento crítico contra dicha actividad. Ayer porque el turismo de masas nos iba a sacar de “pobres”, y hoy porque sin el turismo de masas nos volvemos “pobres”. ¿En qué quedamos? Manrique lo tenía claro: la riqueza no está en un modelo turístico estandarizado de baja calidad sino en la belleza de la Naturaleza. La riqueza existe de muchas maneras, aunque según José Dámaso (2018) «todo lo que César tocaba era una mina». Hoy el sector turístico es de tal envergadura que genera el 31,9% del PIB de Canarias y el 37,6% del empleo total de las Islas. Es casi una locura dar un paso al frente y criticar en nuestros días la insostenibilidad del modelo turístico canario.

Pero, ¿cuál era la opinión de Manrique con respecto al turismo? Pues no se oponía al mismo como actividad económica en sí, sino que se oponía a un modelo turístico de masas por la estandarización y masificación que eso provocaba y que por definición es contraria al cuidado y respeto del medio natural. De hecho, muchas de las grandes creaciones de Manrique son destinadas a obtener beneficios económicos del turismo. Algunos ejemplos son: los Jameos del Agua, Horno-Asador el Diablo en Timanfaya, el Mirador del Río, los jardines y piscinas del Hotel las Salinas y el Mirador de La Peña en el Hierro. Asimismo, también participó en la remodelación de zonas de litoral como el Lago Martiánez y Playa Jardín en el Puerto de la Cruz y el Parque Marítimo en Santa Cruz de Tenerife. César Manrique participó activamente en la adaptación de Lanzarote a una economía cada vez más vinculada al turismo, pero ello sin dejar de defender que las construcciones y espacios creados deben estar integrados en el medio. La intención de las obras arquitectónicas de Manrique era, por tanto, poner en valor el paisaje y los atractivos naturales de las Islas así como la arquitectura tradicional de las casas de Lanzarote.

Posteriormente, y tal como se aprecia de la selección de textos que recoge Fernando Gómez Aguilera, con la entrada de la década de los setenta y los ochenta los escritos de Manrique se vuelven más reivindicativos en relación al cuidado del medio y de la Naturaleza. Sus críticas son más duras y directas, y poco se diferencia su escritura de su habla. Su preocupación principal según se nos cuenta en el prólogo de La palabra encendida era la de “salvar Lanzarote”. Salvar Lanzarote del crecimiento urbanístico y demográfico, de los coches, de la destrucción ambiental y de la falta de servicios sociales para los habitantes.

He repetido hasta la saciedad el cuidado que deberíamos tener en la planificación urbanística de la isla, pero la miopía de los gobernantes y el afán de riqueza de los especuladores están derrumbando irremisiblemente el futuro de una isla que pudo haber sido una de las más rentables y originales del planeta. Ahora me causa una profunda tristeza ver cómo el trabajo de tantos años se desmorona “en pos del mal llamado progreso”.

“Arte-Medio ambiente” (c. 1985), en César Manrique Escrito en el fuego, (Edición Lázaro Santana), Las Palmas de Gran Canaria, Edirca, 1988. Ref. en Gómez Aguilera, 2005:65.

Estos fragmentos, como otros muchos, bien podrían haberse escrito hoy cuando somos testigos de un proceso galopante de turistificación de las Islas y en el que sigue creciendo la carga demográfica y automovilística en un territorio que, sabemos, es reducido. Manrique tenía claro que lo que diferenciaría a las Islas de cualquier otro destino era la belleza y calidad de su entorno, muy diferente a otros lugares del mundo. Con el proceso de estandarización y de un modelo de turismo del “todo incluido” parece que este valor diferenciado se pierde y con él la posibilidad de optar por un turismo de calidad, sostenible y respetuoso tanto con las personas como con la Naturaleza. Según Ildefonso Aguilar (2013), César Manrique lo «[…] ayudó a ver y sentir el paisaje de Lanzarote de otra manera» y estaría bien que de esto se hicieran eco aquellos cargos públicos que siguen aprobando –o pretendiendo aprobar– nuevas construcciones hoteleras, parques temáticos o infraestructuras de todo tipo que ponen en peligro la biodiversidad y el paisaje de las Islas.

Entonces, ¿consideramos a Manrique el primer postdesarrollista de Canarias?

Aunque posible como hemos visto, afirmar que César Manrique podría ser considerado el primer postdesarrollista de Canarias sería un atrevimiento con el que no estaría de acuerdo ni el mismo artista. Al fin y al cabo, él odiaba profundamente las etiquetas por considerarlas empobrecedoras y limitantes de lo que se considerase más positivo, didáctico y cultural en cada momento (Ref. en Gómez Aguilera, 2005: 94, 100). Sea como fuere meter a César Manrique o no en el saco del postdesarrollo carece de interés. Debatir si es o no es postedesarrollista, si es pionero en los enfoques de ecología profunda o simplemente un creyente desencantado del desarrollo sostenible no deja de ser un debate de sillón. Lo realmente importante son sus críticas y reflexiones en relación al modelo de desarrollo en Canarias y a la economía que se da en las Islas y, sobre todo, cómo mantenerlas vivas tras años de especulación, construcción indebida y degradación de sus suelos y mares.

Al leer sus escritos o visitar exposiciones como la comisariada por Adonay Bermúdez se cae en la cuenta –si no se había caído antes– que sus críticas siguen vigentes y que más que nunca se hace necesario replantear el modelo de desarrollo de las Islas y la pertinencia de crear grandes infraestructuras destinadas a seguir postergando el turismo de masas en las Islas a costa de la degradación del medio y con él de las zonas de cultivo y de pesca. Como ejemplo de estas luchas por proteger la Naturaleza y plantear alternativas más respetuosas con el medio nos encontramos, de entre otras, a plataformas como las que se opusieron al Puerto de Granadilla y las que luchan por Salvar Agaete contra el macromuelle, Salvar Tindaya o Salvar la Tejita. Todo ello nos hace pensar que, lamentablemente, las críticas de Manrique son tan actuales ahora como lo eran desde la década de los sesenta; solo que ahora urge rememorarlas y, por fin, escucharlas.

Bibliografía

  • “Tres generaciones, tres miradas”. Conferencia celebrada el 20 de junio de 2013 en la Fundación Caja Canarias con la participación de José Dámaso, Ildefonso Aguilar y Carmela García.
  • Escobar, Arturo (2007) La invención del Tercer Mundo: Construcción y deconstrucción del desarrollo. Caracas: Fundación editorial el perro y la rana.
  • Gómez Aguilera, Fernando (2005) La palabra encendida. Selección de textos de César Manrique. León: Universidad de León. Plástica & Palabra.
  • Rahnema, M. y Bawtree, V. (Eds.) (1997) The Post-development Reader. Londres: Zed
  • Rist, G. (2002) El desarrollo: historia de una creencia occidental. Madrid: Catarata
  • Sachs, W. (Ed.) (1996) Diccionario del Desarrollo: Una guía del conocimiento como poder. Perú: PRATEC.

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